Santa Cruz de la Sierra

El sueño del bandolero (31)

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Hacia el mediodía, al recoger a mi hijito Sebastián del colegio “Adolfo Kolping”, me topo más o menos casualmente con el cineasta Tony Peredo. Digo “más o menos casualmente” porque es la expresión que Tony mismo utiliza. Mientras esperamos enfrente del portón del colegio me explica que estaba dando una vuelta por el barrio para ordenar sus ideas acerca de la nueva película cuando de pronto le vino a la mente algo que ya había querido preguntarme mucho antes.

   —¿Quién es Liliana Haber? —quiere saber el cineasta—. Es decir, sé que era la “hembrita fabulosa” con la que el taxista don Braulio Robles hace cinco años estaba pasando un momento fogoso mientras en la zona de la guardería “Pasitos” otro taxista te estaba robando tu cuaderno con los apuntes sobre el bandolero Hurtado. Pero me interesa saber por qué ese nombre al oírlo en una conversación que tuviste no hace mucho con el  mismo don Braulio te puso sumamente incómodo. Mencionaste en una de tus columnas recientes que incluso estabas sintiendo náusea.

   —Y ahora estoy nuevamente sintiendo náusea —le confieso a Tony—. No sé por qué. Ni siquiera la conozco. Es sólo que el nombre me provoca una sensación muy desagradable. Nada más. O sí, bueno, también me provoca un recuerdo, pero es tan vago y tan incierto que no puedo ni llamarlo recuerdo. Me acuerdo de haberlo escuchado en algún lugar. O a lo mejor alguna vez he anotado ese nombre. No sé. Pero, ¿puedo confesarte algo más? Justo ahora estoy haciendo otra asociación en mi mente. Será por eso que en este momento siento una náusea hasta más fuerte que la de la primera vez. Esta mañana estaba hablando con la psicopedagoga del colegio quien me contó que Sebastián le dijo que el protagonista de tu nueva película habla italiano y alemán. Probablemente sea una casualidad, pero don Braulio me contó que Liliana Haber también habla italiano y alemán.

   —¿Y qué tal la psicopedagoga? No tenés buenas experiencias con psicopedagogas, ¿no es cierto?

   —Ay, Tony, esta psicopedagoga es diferente. Es un espectáculo, la mujer. Dice que es tu fan.

   —Quiero encontrarla. Presentámela ahora —dice el cineasta justo cuando se abre el portón.

   No me sorprende que el primer alumno que sale del portón sea Sebastián. Mi hijito exclama:

   —¡Hola, tío Tony! ¡Hola, papá! ¡Vámonos! Quiero volver al aeropuerto El Trompillo. ¡Rápido!

   —Pero tu papá iba a presentarme a tu psicopedagoga —protesta el cineasta. Continuará.

 

Allart Hoekzema Nieboer   MIGAJAS

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