Santa Cruz de la Sierra

El sueño del bandolero (43)

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Resulta ser que el misterioso paciente con quemaduras en todo el cuerpo está en coma inducido.
   —Entonces, se encuentra en terapia intensiva —concluyo—. No tiene sentido quedarnos aquí.
   Pero el urubicheño Dámaso Vaca nos propone esperar por lo menos hasta que salga el cineasta Tony Peredo, quien supo convencer a una de las enfermeras supuestamente “estupendas” de la clínica El Trompillo de dejarlo hacer grabaciones al interior de la sala de terapia intensiva. Más o menos resignado, me siento en una silla junto a mi hijito Sebastián, quien sigue durmiendo como una roca en mis brazos. Esperamos mucho tiempo. Y al final sale una persona de la sala de terapia intensiva. No es nuestro amigo Tony sino una enfermera. Efectivamente, la mujer es estupenda.
—Me siento muy privilegiada —me confiesa—. ¡Vi al gran cineasta Tony Peredo trabajando!
No me di cuenta de que, mientras tanto, mi hijo Sebastián se había despertado, Y ahora, para mi horror, corre como un cohete hacia la puerta de la sala de terapia intensiva, la abre y desaparece.
—Me va a disculpar —le digo a la enfermera estupenda—. No lo puedo controlar nunca a mi hijo.
—Quédese aquí, no entre absolutamente —me dice—. Yo lo voy a agarrar a su hijo incontrolable.
  En menos de medio minuto vuelve con Sebastián, todo tranquilo y dócil, quien me dice que el paciente, de hecho, se asemeja perfectamente a la momia que él dibujó en el colegio “Kolping”.
   —Y ahora vamos al cementerio El Pajonal —propone mi hijito—. Quiero ver a la gran serpiente.
   —¿Alguien me puede decir por fin cómo es esa historia descabellada de la piedra y la serpiente?
   —Pero, Allart, pobre holandés todo rígido y cuadrado, ¡¿no conocés esa historia?! —exclama Dámaso—. Es un mito muy famoso, de origen guarayo, que tiene varias versiones en otros lados, como por ejemplo en Santa Ana de Chiquitos o también, justamente, en el cementerio del barrio El Pajonal aquí cerquita. Prácticamente, se cuenta que si vos en plena noche bajo la luna llena das tres golpes en la gran piedra aparecerá una serpiente que te lamerá de manera espiral por todo el cuerpo para que te habilites como “ipaye”, o sea, para que se te abra la puerta a la inmortalidad.
   De repente aparece por la puerta de la sala de terapia intensiva el cineasta Tony Peredo, quien en una mano resulta tener su cámara de cine y en la otra un pañuelo quemado que yo reconozco inmediatamente. Es el pañuelo que me regaló mi suegro para tapar mi papada. Continuará.

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