Santa Cruz de la Sierra

El sueño del bandolero (67)

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Mientras mi hijito Sebastián duerme en mi regazo le digo al taxista don Braulio que se dé la vuelta.
   —Ay, me va a disculpar —dice—. Es un automatismo viejo que por algún motivo está volviendo.
   —¿De qué está hablando? —pregunto no sin irritación—. Es un automatismo de hace cinco años. Mi hijo tenía un año cuando íbamos todos los días a la guardería “Pasitos”. Ahora tiene seis años. No es posible que una vieja rutina de repente vuelva. Debe ser la vejez. Usted está peor que yo.
   Dejamos a Sebastián en el colegio “Adolfo Kolping”. Luego voy al atelier de mi esposa Emma quien con la ayuda del urubicheño Dámaso Vaca está ultimando la restauración de la escultura del “Justo Juez”. Decido escribir mi columna para “La Estrella del Oriente” aquí en la “casita”. Los tres trabajamos bien durante un par de horas. A las doce menos cuarto escucho la bocina del taxista don Braulio. Sinceramente, su regreso como mi chofer privado ya me tiene podrido, y se lo digo.
   —Ah, no, don Allart —contesta el taxista—. Soy su sombra. Nunca más podrá deshacerse de mí.
   Llegamos al colegio. Mi hijito ya me está esperando en el portón, con la psicopedagoga a su lado.
  —Hola, “Gringo Kübert” —dice ella con una sonrisa tan bella que no me puedo enojar—. Estoy bromeando. La verdad es que quisiera pedirle disculpas por el mal comportamiento de mi prima.
   —No se preocupe —digo—. Pero ¿cómo supo de la feísima pelea que tuve con ella en la clínica?
   —Me lo dijo anoche su mejor amigo —explica la psicopedagoga—. Tony estaba indignado.
   Decido cambiar de tema porque no quiero hablar de su prima ni de mi mejor amigo. Pregunto:
   —¿Cómo se portó Sebastián? ¿Sigue dibujando todo el tiempo descuidando las demás materias?
   —Ay, papá, no digas eso —dice mi hijito—. Mirá mi nuevo dibujo para la película de mi tío Tony.
   Sebastián saca una hoja de papel de su mochila. El dibujo muestra un avión trazando grandes círculos en el cielo. Mi hijito me explica que se trata del primer vuelo que hizo el bandido Hurtado.
   —Quisiera contarle algo —dice la psicopedagoga—. Ya se lo conté anoche a Tony. Es que mi prima no es la única que sueña con el bandolero. Yo también lo veo en mis sueños. Efectivamente, se parece mucho a su mejor amigo. Somos amantes, viviendo una vida aventurada. Pero no está mi prima. Parece que yo en mis sueños soy la única mujer de Hurtado. Sin embargo, sé que él en los sueños suyos ve la imagen de otra mujer que, repito, no es mi prima. Continuará.

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