El voto de la clase media

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En las elecciones de diciembre de 2005 participaron 3.670.995 electores. De ese total, 1.539.045 apoyaron al MAS (53.7%). Podemos de Jorge Quiroga obtuvo 819.817 votos, (28,6%). Unidad Nacional, del también hoy candidato Samuel Doria Medina, logró 223.615 respaldos (7.8%). El MNR, que estaba en picada, alcanzó 184.937 (6.4%). ¿Cómo se explica este resultado? Como ya escribí antes, aquella vez hubo un voto venganza, un voto esperanza y un voto confianza. El primero se explica como la expresión de bronca de una parte de la ciudadanía -particularmente de la clase media citadina- contra los partidos oligárquicos que habían convertido el Estado en un medio de enriquecimiento ilícito. Votó incluso sin percatarse a quién elegían para despachar a aquellos.
El segundo fue asumido por grupos sociales que optaron por el candidato menos malo ante la carencia de una alternativa real, como diciendo “tal vez lo haga bien Morales porque no es parte de ese grupo oligárquico”. En tanto que el tercero fue la manifestación contundente de sectores indígenas de apoyar a un político físicamente parecido a ellos, como ya lo habían anunciado en las elecciones de 2002, cuando Morales logró el segundo lugar con casi el 20%.
En los comicios de 2009 participaron 4.582 786 electores. El padrón subió en 911.815 ciudadanos. De ese total, 2.943.209 votaron por el MAS (64%). Sorprendente, en cuatro años duplicó, prácticamente, su votación porque agregó 1.404.164 votos más. En tanto, NFR de Manfred Reyes Villa llegó a 1.212.795 (26.4%). Si bien el porcentaje fue menos que el de Quiroga en 2005, su apoyo aumentó 391.244 votos más. Unidad Nacional de Doria Medina bajó en porcentaje de 7.8 a 5.6%, pese a que subió en números a 258.971.
¿Cuál es la causa del increíble crecimiento del MAS? Las causas principales fueron las acciones racistas, discriminadoras y apátridas de los líderes opositores. Hasta ese momento, la gestión del gobierno masista era casi nula, salvo la “nacionalización”, porque la pelea política en la Asamblea Constituyente prácticamente había consumido el tiempo.
La oposición había aprovechado su mayoría en el Senado para frenar, sin fundamento o con argumentos débiles, muchas iniciativas del gobierno. Entonces, el bloque de la clase media independiente y sectores vinculados a partidos de centro derecha votó para acabar con el autoritarismo de la minoría que bloqueaba el prometido cambio. A estos se sumaron los apáticos de siempre que, esa vez, decidieron registrarse en el padrón sólo con el fin de terminar de voltear el tablero.
En ambas elecciones, el candidato del MAS tenía poco kilometraje y no había cometido un solo error político contra la esperanza del cambio. Nueve años después, la situación es diferente, ya cometió errores, tuvo aciertos y generó dudas.
Las elecciones no serán definidas por campesinos, cocaleros, cooperativistas, contrabandistas.
La decisión de la clase media puede ser determinante. ¿Le dará otra vez 2/3 al MAS después del uso que hizo de ese ilimitado poder? ¿Cuál será la orientación del voto joven que ni se mosquea cuando le hablan de vendepatrias y sólo compara a Evo Vs. Evo? ¿Repetirá el MAS el 80% en La Paz, el 79% en Oruro, el 78% en Potosí, el 40.9% en Santa Cruz? ¿Podrá algún partido opositor capitalizar el desencanto (si hay)? ¿Persistirán hasta octubre las fobias y filias regionales contra algunos candidatos?
Finalmente, ojo con los votos blanco y nulo, puede virar o reducir su tendencia en un sentido u otro. Erbol

 

Por: Andrés Gómez Vela

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