Desorden, confusión y sin ideas

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El libro de Huntington -que casi nadie leyó pero que muchos no han dejado de criticar- y la aparición en escena electoral de los cuatro candidatos opositores al presidente del Estado Evo Morales Ayma llevarán a un extraviado debate sobre las propuestas de cada uno con miras a las elecciones de octubre de este año.
Los últimos acontecimientos políticos contradictorios entre la propia oposición reflejan cómo la incomprensión ha crecido entre integrantes de una misma oposición política que no solo ha perdido el rumbo sino que no tiene ideas, es tonta y está alimentada por discursos ignorantes, interesados o las tres cosas al mismo tiempo.
Tras la inconstitucional decisión del Tribunal Constitucional Plurinacional de dar “conformidad” a la ley interpretativa sobre la reelección de Evo Morales, la otra cara de la misma moneda, toca liar con los temas que vienen caracterizando el debate político en los últimos años: socialización, estatización, identidad, estado de bienestar, multiculturalismo, corrupción y narcotráfico. Cuanta más necesidad hay de precisión y claridad más voluntad encontraremos de enredar y confundir.
La democracia es un lujo que sólo se puede mantener en pie si de verdad hay ciudadanos capaces de ejercer derechos y deberes. No se trata de una formalidad, sino de una cultura política, de una exigencia cotidiana de respeto a sí mismo y a los demás.
La anunciada campaña del Movimiento Sin Miedo, de Concertación Unidad Demócrata, Partido Demócrata Cristiano y Partido Verde Bolivia, que son residuos del MNR, ADN, NFR, MIR, FRI, UCS y de algunos parlamentarios que han perdido sus valores y han quedado sin ideología por el voto contra el MAS es simplemente una irresponsabilidad.
Los maestros griegos ya nos advirtieron de que la evolución natural de la democracia era la demagogia, porque, como señaló Lope tiempo después, al vulgo “es justo hablarle en necio para darle gusto”.
La vanidad con la que la clase política de oposición, sea de izquierda, de derecha o de centro, así como de alguna dirigencia perdida en el tiempo y en el espacio, observa en estos momentos, contrasta con los comentarios que oímos en las calles de ciudadanos comunes y corrientes, que están lejos de la lucha política entre los del MAS y la estropeada oposición política, donde el nivel del discurso no ha dejado de bajar, hasta encontrarse con cierta “telebasura”, el índice por excelencia de la salud mental y moral de un país.
Al barullo derivado de hablar de lo que no se sabe, de usar palabras sin tener en cuenta su significado, de despreciar el matiz, de pintar la realidad en blanco y negro, se suma ahora el redivivo culto a la ordinariez.
La clase política de la oposición o los autodenominados “líderes políticos de la democracia o doctos” crecientemente distante de la realidad y de los ciudadanos a quienes dicen representar tienden a instalarse en la carencia intelectual. No es que sea derrochadoramente profundo, sino que las actitudes y la forma de ver y hacer las cosas por los opositores son las que en definitiva cuentan.
La bebida está servida. Falta por saber si usted tendrá estómago para digerirlo.

 

 

Por: Henry Gonzalo Rico García

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