Santa Cruz de la Sierra

Niñas madres: vidas truncadas por el embarazo y la maternidad infantil

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Con apenas 11 años Camila dio a luz a gemelos en un hospital de la ciudad de Montero, en agosto de 2015. Como otros cientos de casos que ni siquiera figuran en las estadísticas, su embarazo fue producto del abuso sexual al que era sometida por su padrastro desde que tenía 10 años.

La historia de  Camila, es una de las trece historias que relata el  estudio “Niñas madres. Balance Regional embarazo y maternidad infantil forzados en América Latina y el Caribe” llevado a cabo por el Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de las Mujeres (CLADEM).

Pone acento en las consecuencias que deben soportar decenas de miles de niñas que quedan embarazadas contra su voluntad,  obligadas a continuar el embarazo debido a legislaciones restrictivas y a convertirse en madres a una edad en que deberían estar jugando.  A la luz de la realidad de 13 países de la región, incluido Bolivia,  el estudio devela que “ser madre y criar a un bebé cuando apenas se es una niña  equivale a ser sometida a tortura o trato cruel, inhumano y degradante”.

Las historias de las niñas comparten las mismas circunstancias “su encierro en una institución hasta el momento del parto, la prohibición legal de interrumpir el embarazo, o la presión de la familia“.

En el balance de la situación, el estudio da cuenta que en todos los países, salvo contadas excepciones, se obliga a una niña que no ha terminado de crecer a llevar a término un embarazo. “Las posibilidades de interrumpir legalmente un embarazo son nulas en varios países como El Salvador, Honduras, Nicaragua y República Dominicana. En los demás, a pesar que la violación o los riesgos para la salud o la vida son causales que habilitan la interrupción del embarazo, se ha denegado el acceso al aborto en muchas ocasiones o no hay protocolos para implementar el aborto legal“.

Ser madre siendo una niña constituye un drama con múltiples y complejas consecuencias. Se configura un escenario  de mucho sufrimiento para las niñas, todos los pilares de la familia se tambalean, sobreviene la crisis y, en algunos casos, se culpa a la niña por revelar un hecho que para muchas familias es preferible mantener en secreto. La niña es acusada de dividir y dejar sin sustento a la familia porque, con mucha frecuencia, son sus padres los autores de los vejámenes.

“A diferencia del embarazo, que dura generalmente 9 meses, la maternidad es un compromiso a perpetuidad; transforma para siempre la vida desde el punto de vista físico, psíquico y social; altera las posibilidades de educación, acceso a recursos económicos y afecta las relaciones sociales de la niña no solo al interior de su familia sino con su entorno. Lo que es un proceso natural y gozoso cuando es elegido, deseado y realizado de manera voluntaria, se convierte en una carga y muchas veces en un estigma para las niñas cuyas maternidades han sido forzadas”.

En los casos analizados, la mayoría de las niñas madres abandonó la escuela. También se observó el aislamiento de la mayoría de sus amistades y tensión al interior del grupo familiar. En el aspecto económico, todas carecen de autonomía y dependen de su familia de origen. El acceso al empleo es dificultoso. La ayuda social es parcial y en general no cubre todas las necesidades de la joven ni las del bebé.

Su vida social también se transforma. En muchos hogares prohíben a sus hijas que se junten con la niña embarazada o que es madre para “que no sigan el ejemplo”. En general, el grupo de amigas se reduce o desaparece. Sus amigos varones cortan la relación o la continúan de otra manera, ya que la niña madre ya ocupa otro lugar social, más ligado al de los adultos con responsabilidades que al de niñas y niños que aún están jugando o iniciando coqueteos adolescentes.

Ni siquiera figuran en las estadísticas. Salvo el caso de El Salvador, donde en el año 2013 se reportaron 1.540 embarazos infantiles, en los países estudiados no existen datos oficiales sobre embarazos de niñas menores de 14 años.

En ninguno de los países estudiados se encontró un protocolo, guía o política pública diseñada para abordar de manera específica e integral el problema de la violencia sexual contra las niñas que incluya procedimientos integrales y multidisciplinarios a seguir en casos que de dicha violencia haya resultado un embarazo infantil.

Redacción: Leo.bo

Fuente: Erbol

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