Santa Cruz de la Sierra

La aventura de Bolsonaro (II)

Bolsonaro obtuvo su apoyo en sectores que pretenden que efectúe un duro ajuste fiscal, inclusive para recrear la escala social como entienden que debe ser en Brasil y que según ellos el PT es responsable de haber destruido. Así, un ajuste fiscal liberal sería el método de “purificación social” que estaría necesitando la sociedad brasileña. La infección –argumentan– fue el gasto público generado por la ideología del PT. Por eso, todo apunta a que este ajuste caería sobre los que fueron señalados en la campaña como miembros de “minorías privilegiadas”.
Pero a la hora de aplicar el lápiz rojo, por más fuerte que sea el tamaño del corte sobre estas “minorías privilegiadas” que los bolsonaristas asociaban al PT, se estaría ante una solución muy lejana de la cuestión fiscal. No sólo porque esos supuestos privilegios no tienen suficiente peso en el gasto público sino porque básicamente se trató de la satisfacción de derechos. En cambio, las históricas minorías privilegiadas que votaron por Bolsonaro aspiran ahora a llevarse una parte mayor del presupuesto.
Frente a esta realidad, surge el fuego amigo. El discurso liberal que justificó el ataque al “zurdaje petista” genera grietas entre sus exponentes. Bolsonaro optó por hacerlo valer y habilitó al Chicago boy hiperneoliberal Paulo Guedes para avanzar en una agenda de privatizaciones a gran escala, incluyendo los grandes bancos públicos, y de apertura y desregulación de sectores productivos. Contra la industria y el mercado nacional, optó por el capital financiero y los grandes agronegocios. Pero éstos últimos ven cómo sus principales compradores de soja, proteína animal y minerales amenazan boicotearlos si la política externa se subordina a Estados Unidos y a sus capitales.
En una sociedad que sufre un desempleo que llega al 12 por ciento e innumerables carencias sociales y de infraestructura, la desarticulación del aparato estatal y la liquidación del mercado interno –base de esta radicalizada agenda liberal– más la persistencia de “minorías privilegiadas”, pueden erosionar rápidamente el apoyo social del nuevo presidente.
Algunos íconos del pensamiento liberal brasileño, fuertemente contrarios al izquierdismo petista, se muestran aprehensivos frente a esta radicalidad liberal. Es notorio el caso de Eduardo Gianetti. Escribió en el diario Estado de Sao Paulo: “Temo que esta aventura neoliberal radical, si no tiene el mínimo de sensibilidad social, pueda arruinar la reputación del liberalismo en Brasil”.

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