Santa Cruz de la Sierra

La misión (II)

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“Ahora voy a ser un delfín. Los delfines son cariñosos e inteligentes. Y son muy buenos amigos”, declara mi hijito Sebastián en el restaurante chino ‘Hua Yuan’, sobre la calle Carlos Melquíades Barbery, frente al aclamado mercadito El Trompillo. “A mí me gustaría ser un delfín también”, dice el urubicheño Dámaso Vaca. “¡Vamos todos! Vamos a jugar bajo la lluvia. A los delfines nos gusta mucho la lluvia”, propone Sebastián. El taxista don Braulio Robles dice: “No, gracias. Soy un conejo y no quiero mojarme.” El cineasta Tony Peredo dice: “Vayan ustedes. Yo estoy muy cansado. No duermo bien últimamente. Prefiero relajarme. Voy a ir a la peluquería de al lado. Quiero que el barbero me afeite la barba. Eso siempre me relaja.” Mi hijito me pregunta: “¿Vamos, papá? ¿No querés ser un delfín?” Le contesto: “Claro que quiero ser un delfín. Pero primero vamos a acompañarlo al tío Tony. Vamos a hacernos cortar el pelo.” Sebastián exclama: “¡Sííí! ¡Quiero el corte del delfín!” Dámaso indaga: “¿Cómo es eso? ¿Al cero?” Mi hijito dice: “Lógico, porque los delfines no tenemos pelo.” Miro al urubicheño y le digo: “Me temo que nos toca, Dámaso. Si queremos ser delfines, tenemos que sacrificarnos.” Don Braulio dice: “Yo paso.” El urubicheño sentencia: “No, a usted le toca también. Usted va a ser el primer conejo sin pelo.” El taxista cede, diciendo: “Bueno, sin pelo pero con una misión.”

Entramos a la peluquería de al lado, y el barbero – un hombre mayor, con el aspecto de un psiquiatra alemán o austríaco – nos saluda, diciendo: “Ah, qué honor, el mejor cineasta del barrio, el mejor artesano del barrio, el mejor taxista del barrio y el mejor periodista del barrio. ¿En qué les puedo ayudar?” Mi hijito Sebastián explica: “Queremos ser los mejores delfines del barrio. Y tenemos mucho pelo, mi papá un poco menos pero él también tiene mucho más que los delfines. Por eso tiene que cortarnos el pelo. Corto, corto, corto.” Tony Peredo le dice al barbero: “Y yo quiero que usted me afeite. Quiero relajarme, me siento tenso y con poquísima energía.” El barbero le pregunta: “¿En qué está trabajando, señor Peredo?” El cineasta reconoce: “Es algo complicado. Estoy preparando un drama psicológico, con el título provisorio de ‘Horror Vacui’. Es un proyecto agotador.” El hombre mayor, con el aspecto de un psiquiatra ‘mitteleuropeo’, dice, no sin jovialidad: “Siéntense todos. Tengo cinco sillas y cinco espejos.” Continuará.

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