Santa Cruz de la Sierra

La misión (III)

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Es verdad, en la peluquería al lado del restaurante chino ‘Hua Yuan’ hay cinco sillones de barbería y cinco grandes espejos. Pero no hay más que un barbero. Calculo que convertirnos en auténticos delfines va a demorar bastante. “Yo voy a ser el último. No estoy tan apurado como los demás. Lo que me interesa es relajarme y no pensar en nada”, dice el cineasta Tony Peredo. El barbero le dice: “Bien. Tome asiento en la quinta silla. Lea ‘La Estrella del Oriente’ de hoy. La tengo. Acabo de leer el artículo de su amigo Allart Hoekzema Nieboer. Está buenísimo. Es un cuento por entregas, titulado ‘La misión’.” Tony contesta, sin demasiado entusiasmo: “Bueno. Leí los primeros dos artículos. Justo me falta el tercero.” Mi hijito Sebastián ahora dice: “Por favor, señor barbero, ¿puedo ser el primero? Así voy a ser el ejemplo para mi papá y sus amigos. No queremos que se quede ningún pelo en nuestras cabezas.” El hombre le responde, no sin elegancia: “Naturalmente, joven. Como usted desee.” El urubicheño Dámaso Vaca dice con voz de mando: “Yo voy a ser el tercero. Y Don Braulio será el segundo, para que no tenga tiempo para deslizarse.” El taxista don Braulio Robles dice, no sin fingida indignación: “Todos somos amigos y hombres de palabra. No me echo atrás. ¿Y saben otra cosa? Renuncio a mi condición de conejo. Yo también voy a ser un delfín pelón.” Dámaso verifica: “Entonces, ¿ya no es un conejo? ¿Eso quiere decir que usted también renuncia a su misión?” El taxista dice, ahora con verdadera indignación: “¡Jamás! Mi misión es de por vida.” Yo digo: “De acuerdo. Entiendo que yo voy a ser el cuarto delfín.”
Mientras el barbero – con el aspecto de un psiquiatra de Alemania, Austria, o por ahí – se pone a pelar uno a uno a mi hijito Sebastián y a mis amigos don Braulio y Dámaso, observo a través del quinto espejo al cineasta Tony Peredo, quien todo este tiempo queda inmóvil, sumergido en la lectura de mi artículo de la página 2 de ‘La Estrella’. Y cuando al fin el barbero termina conmigo, noto que Tony, mi mejor amigo, se ha dormido. “¿Qué voy a hacer? Tal vez no le puedo afeitar la barba así. ¿Lo despierto?” nos pregunta el hombre ‘mitteleuropeo’. Sebastián le dice: “No. Déjelo dormir a mi tío Tony. Está súper cansado” El barbero asiente: “Antes o después el gran cineasta se va a despertar, me imagino.” Mi hijito le dice: “Cuando mi tío abra sus ojos, decile que nosotros nos hemos ido para jugar bajo la lluvia.” Continuará.

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