Santa Cruz de la Sierra

Humo

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Estoy sentado en el patio trasero de nuestra casa y me acompañan en este momento de ocio mi hijito Sebastián y el cineasta Tony Peredo, mi mejor amigo desde mis primeros días en el mítico barrio El Trompillo. Miro hacia arriba: el cielo parece ser el de Ciudad de México o de San Pablo, Brasil, o sea, una terrible capa gris y sofocante. Mis ojos arden y mi nariz pica; siento literalmente que innumerables partículas de hollín me están invadiendo. Sebastián le dice al cineasta: “Tío Tony, ¿sabías que anoche vomité en mi cama?”. Tony dice: “Ay, mi niño mágico, lo siento. ¿Qué pasó?”. Mi hijito cuenta: “Estábamos con mi papá leyendo uno de mis libros favoritos, que se llama ‘Insólitos animales’, cuando de pronto tuve que toser. Tosí y tosí sin parar. Fue horrible. Me sentía lleno de humo. Y al final vomité. Vomité flema que tenía un color feísimo, entre negro y café”. El cineasta nos mira a los dos y comenta: “Lo que estamos obligados a inhalar en estos días es una verdadera vergüenza”. Sebastián prosigue: “Ese color ya lo había visto en el pasado. Cuando mi papá todavía fumaba cigarrillos escupía siempre flema del mismo color feísimo. Mi papá fumaba mucho y eso no me gustaba para nada. Todas las noches había humo aquí en el patio, así como ahora”. Digo no sin sonrojo: “Ay, mi hijito, lo siento mucho. ¡Qué vicio tan dañino y ridículo!”. Ahora el cineasta mira sólo a mi hijito y le dice: “Tu papá era el clásico ejemplo de una persona autodestructiva cuando lo conocí por primera vez. Fumaba como una chimenea. Y se justificaba diciendo que no podía escribir sin pitar. El tabaco era su combustible para poder producir sus artículos y cuentos. Eso me decía. Los viciosos mienten siempre a sí mismos”. Observo: “Pero dejé de fumar. Lo logré”. Sebastián dice: “Sí, papá. Al final dejaste de fumar. Pero te costó hartísimo”. Tony afirma: “El humo que estamos respirando ahora también es el producto de la autodestrucción. No es una autodestrucción individual, como lo fue en el caso de tu papá, sino que se trata de un suicidio colectivo. Santa Cruz está siendo destrozada por el humo y somos todos culpables, porque todos, sin ninguna excepción, formamos parte de una especie súper autodestructiva, vale decir, la humanidad”. Mi hijito reconoce: “A mí me gustan los animales, mucho más que los seres humanos”. El cineasta dice: “A mí también. Sin embargo, todavía no he perdido la esperanza. Los seres humanos podemos mejorar. Podemos dejar de destrozar todo”. Yo concluyo: “Eso nos va a costar hartísimo. Sé de lo que estoy hablando”.

Allart Hoekzema Nieboer   MIGAJAS

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