Santa Cruz de la Sierra

Por culpa del desempleo - Dos millones de brasileños otra vez en la pobreza

POBREZA. Maria Edilene da Silva, 28, y sus dos hijos en Manari vive con el dinero que le da Bolsa Familia. POBREZA. Maria Edilene da Silva, 28, y sus dos hijos en Manari vive con el dinero que le da Bolsa Familia.

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Hace casi tres años que el desempleo y la pobreza merodean a la familia de Janusa Santana, de 63 años. La primera víctima fue ella misma. En 2016, la cuidadora de ancianos fue despedida de la clínica donde ganaba más de un salario mínimo. Meses más tarde fue el turno de su hija: perdió el puesto de dependienta en un colmado. Así pues, las dos, que dividen una casa de una habitación, salón y cocina en el Morro da Macumba —una favela de 10.000 habitantes en la zona sur de São Paulo—, pasaron a vivir con los 130 reales [equivalente a Bs 228,8] del programa Bolsa Familia y unos ingresos de alrededor de 500 reales [Bs 880] de algunos trabajos esporádicos que Santana consigue. “He tenido que prescindir de muchas cosas; ya no compro ni champú. Antes era muy diferente. Si quería cambiar de nevera, podía pagarla a plazos. Ahora no puedo comprarme unos zapatos ni darme un capricho. Nada”, lamenta. La comida también es lo que su dinero alcanza. “Solo como lo que puedo pagar, no lo que me apetece”, cuenta Santana en la puerta de uno de los comedores sociales Bom Prato, donde ofrecen menús a un real [Bs 1,76].

La situación de la familia se agravó después que su exmarido fue despedido de una empresa en la que trabajaba como vigilante de seguridad. “Él vivía de alquiler y se ha quedado sin dinero. Como no tenía dónde ir, se vino a vivir a mi casa y duerme en el sofá. No podía dejarle tirado, siempre nos ayudó mucho. Pero está muy difícil: él y mi hija han dejado currículos en varios sitios y, por ahora, nada. Vamos a ver si con el nuevo presidente las cosas van a mejor”, dice la cuidadora que, mensualmente, logra alimentos básicos en la iglesia del barrio.

La familia de Santana integra el grupo de 2 millones de personas, en todo Brasil, que de 2016 a 2017 fue arrastrado hacia abajo del umbral de la pobreza agrandando la cifra de brasileños que vivían en esa situación vulnerable. Según el Banco Mundial, se consideran pobres los que viven con Bs 718,52 o menos al mes. Es menos de un tercio de la renta media de los brasileños el año pasado: Bs 2.667,6.

En 2017 había 54,8 millones de personas en situación de pobreza en el país, poco más de un cuarto de la población de Brasil según arrojó el estudio Síntesis de Indicadores Sociales (SIS), del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE). El mercado laboral más flojo y los recortes que llegaron al Bolsa Familia en esa fecha fueron los principales responsables del aumento de la pobreza según Leonardo Athias, investigador del IBGE. “Pese a que la recesión [de 2015 y 2016] terminó y la economía brasileña creció un 1% en 2017, la actividad se vio impulsada por la agroindustria, que no contrata muchas personas. El desempleo sigue y se mantiene alto”, explica Athias. Durante el trimestre que acabó en octubre, el paro afectó a 12,3 millones de brasileños, una tasa de paro de 11,7%, casi tres veces más que hace cuatro años.

Asimismo, el estudio demostró que el contingente de personas que vive por debajo del umbral de la extrema pobreza, con unos ingresos mensuales equivalentes a solo 140 reales [Bs 246,4] o menos, también subió un 13% en un año. Ya son 15,3 millones de brasileños considerados extremadamente pobres, un 7,4% de toda la población.

Los datos señalan también que la región del noreste brasileño concentró el mayor porcentaje de quienes viven en situación de pobreza, un 44%, el equivalente a 24,5 millones de personas. En el municipio pernambucano de Manari, a 230 kilómetros del estado de Recife, por ejemplo, muchos vecinos viven miserablemente solo con la prestación del Bolsa Familia. Maria de Luzia, de 45 años, vive con sus cinco hijos en una cabaña en la zona rural de la ciudad. Todos dependen del único dinero que entra en casa: los 535 reales [122 euros] del programa social. “Corto leña todos los días para poder cocinar, porque no puedo permitirme comprar ni una bombona de butano”, decía ella, mientras juntaba la leña en un carro. 

La ama de casa Maria Edilene da Silva, de 28 años y vecina de Maria de Luiza, vive una realidad parecida, en la ciudad que ya tuvo el peor índice de desarrollo humano (IDH) del país. 

 

 

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