Santa Cruz de la Sierra

Un tangazo

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Teo, el vendedor de periódicos en el mercadito El Trompillo, suele decirme ‘Gringo’. Y mi hijo Sebastián es el ‘Gringuito’. Justo ahora, pregunta por él. “Sebastián está en el colegio”, le digo. Y Teo dice: “Ay, Gringo, usted no debería escribir todo el tiempo sobre el Gringuito”. Explico: “Pero él me da inspiración, todos los días”. Teo insiste: “Es peligroso dar tanta información acerca de su hijo. La gente es muy mala, inclusive roban a los niños”. Susurro: “Pero usted sabe que Sebastián y yo somos personajes ficticios. Somos un invento del director de ‘La Estrella del Oriente’”. El viejo vendedor de periódicos dice: “Tonterías. Los conozco muy bien a usted y al Gringuito. Los dos son de carne y hueso. Ustedes existen”. No digo nada. Me pongo a leer mi columna en el periódico. Teo tose discretamente y sugiere: “Usted debería escribir más artículos sobre su suegro don Hugo Sosa, el último hombre vertical, con la fuerza de un roble”. Suspiro: “Ni los robles son eternos, me temo. Don Hugo está un poco delicado últimamente”. Teo comenta: “Entonces, con mayor razón debería escribir sobre él”. Reconozco: “La verdad es que quiero, desde hace mucho tiempo, escribir algo sobre la pasión de mi suegro por el tango. Su último cumpleaños, número 95, lo festejamos con él en Buenos Aires. Nos invitó a todos a asistir a un hermoso show de tango”. Teo indaga: “¿Cuál es el tango favorito de don Hugo?”. Contesto: “Mi suegro conoce todo el repertorio clásico de los tangos argentinos. Pero creo que su favorito es ‘Por una cabeza’”. Los ojos del viejo vendedor de periódicos destellan. “¡Guau! ¡Es un tangazo! Música de Carlos Gardel y letra de Alfredo Le Pera”, explica y de repente comienza a cantar con una voz grave y vibrante: “Por una cabeza, todas las locuras. Su boca que besa, borra la tristeza, calma la amargura”. Me despido de mi amigo Teo y, haciendo caso a un mal presentimiento, decido ir directamente a la bellísima casa cruceña de antaño de mis suegros. Resulta ser que mi esposa Emmita y todas sus hermanas están sentadas al lado de la cama de don Hugo, mientras un médico le controla el latido cardíaco a mi suegro. Lo veo muy fatigado. Mi suegra Josefina está asustada. Pobre mujer. Mañana cumple años. El médico le dice a don Hugo: “Tenemos que ir a la clínica. Tenemos que ajustar el ritmo de su corazón. Le vamos a poner un marcapasos”. Estoy preocupado. Voy a recoger al Gringuito, siguiendo el triste ritmo de un tangazo.

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