Santa Cruz de la Sierra

Mi hogar

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Como dice el famoso refrán inglés, tu hogar está donde se encuentra tu corazón. Vale decir, no es necesariamente el lugar donde, por pura casualidad, naciste sino que se trata del país, la ciudad, el pueblito, la isla desierta o lo que sea donde te sientes aceptado, cómodo y en paz contigo mismo y con los demás. Yo nací en Holanda, lo cual no es un mérito ni un demérito. Es un hecho nomás; la inescrutable lógica del Universo lo decidió. Pero, sinceramente, yo nunca he estado de acuerdo con esa decisión. Holanda es un país maravilloso, con un nivel de tolerancia entre sus ciudadanos probablemente sin igual en el mundo. Mi familia allí, mis hermanas, mis padres, mis viejos amigos de la infancia, todos, son muy cariñosos y me extrañan. No obstante, la verdad es que nunca he visto a Holanda como mi hogar. Creo que los nórdicos en general sentimos una tan fuerte como secreta pasión por todo lo que no es ordenado, perfecto y bien organizado. Inicialmente pensé que mi verdadera Patria caótica tenía que ser Italia. Después de unos exitosos pero muy aburridos estudios de Derecho en una sólida universidad holandesa, decidí escaparme hacia Siena. En esa espléndida ciudad italiana empecé a estudiar Filosofía, de manera improvisada, diría “azarosa”, pero muy apasionada. Hablando de pasiones, fue en Siena donde la suerte quiso que encontrara a Emmita, hija de un matrimonio no sé cuán casual de un caballero boliviano y una beldad venezolana. Con Emmita estoy casado desde hace 16 años y ya llevamos más de 22 años de convivencia. Puedo decir que con ella siento un fuerte sentido de hogar, pero no es un lugar físico, sino mental, amoroso y espiritual. El hogar en el sentido físico no lo he encontrado en Italia. Con Emmita vivimos unos años muy felices en Siena y luego en Neptuno, en el litoral romano. Sin embargo, al final nos cansamos de Italia. No sabría decir exactamente por qué. Había varios motivos, supongo. Pero lo que dio el verdadero empujón no fue una razón sino más bien una sensación. Volví a sentir lo mismo que había sentido después de mis estudios universitarios en Holanda. Quería escapar hacia un caos más significativo… y lo encontré en Santa Cruz de la Sierra. Pero no lo encontré enseguida. La llegada de nuestro hijo Sebastián me brindó el sentido completo de hogar. Y sigue creciendo diariamente. Los tres amamos a Santa Cruz. Sebastián nos enseñó este gran amor. El nació aquí. Y algo me dice que no fue casualidad. ¡Viva Santa Cruz!

Allart Hoekzema Nieboer   MIGAJAS

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