Santa Cruz de la Sierra

Envejeciendo

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Sólo pocas personas saben que la noble tribu de los guarayos tiene su propia versión de la cita latina “Mens sana en corpore sano” (una mente sana en un cuerpo sano). El urubicheño Dámaso Vaca, restaurador y asistente de mi esposa Emmita, acaba de explicarnos que ellos dicen “Yayapo katu yande retekwer nimarai vaera iyavei yande mbae kwasa” (tiene que haber un equilibrio entre la mente y el cuerpo). Estamos todos descansando en el patio trasero de nuestra casa, sobre la eternamente ruidosa avenida La Barranca. Dámaso insiste: “Este equilibrio es muy importante. A vos por ejemplo, Allart, no te veo en equilibrio. Tu postura es rígida y te movés lentamente”. El cineasta Tony Peredo coincide: “Yo he notado lo mismo. Me recordás a ese personaje de un relato de H.G. Wells que envejece de un día para otro ya que un viejo prácticamente secuestra su cuerpo”. Digo: “Conozco la historia. La leí en un libro de Borges, creo”. El cineasta reconoce: “Yo también. Todo lo que sé de la literatura mundial me lo enseñó Borges”. Mi esposa Emmita indaga: “¿Estás tomando tus vitaminas especiales para cincuentones, las que trajo mi hermana Albita?”. Inclino la cabeza e inmediatamente me viene un espasmo en el cuello. Digo no sin dificultad: “No sé si las vitaminas de Albita sirven. Me viene calambre en las partes más raras de mi cuerpo. Ahora me duele el cuello, ayer fue mi lengua y anteayer dos dedos de mi pie izquierdo. Además, estoy con dolores permanentes en los músculos de mis muslos”. Dámaso dice: “Esos dolores en las piernas son causados por sobrecarga. ¿Seguís levantando a tu hijo Sebastián?”. Contesto: “Ya no. Sebastián creció mucho, ya pesa demasiado”. El urubicheño comenta: “Pero lo has hecho durante muchos años”. Explico: “Al tenerlo así de cerca, en mis brazos, quería detener el tiempo. ¿Me entienden?”. Tony dice: “A mí me levantaban hasta los 9 años por lo menos. No me hizo daño. Mis padres decían lo mismo. Querían detener el tiempo y disfrutar de su bebé”. Dámaso me mira y sentencia crudamente: “Obviamente, no pudiste detener el tiempo. Todo lo contrario más bien. Te ves viejo”. Protesto: “Pero mi mente no es vieja. Razono con la flexibilidad de un joven”. Emmita dice: “Ay, Allart, no es verdad. Siempre te quejás de los jóvenes de hoy en día. Decís que son unos hijos de papá que se rebelan por oportunismo. Es una rebeldía arrogante de los niños mimados, según vos”. Suspiro: “Ay no, ya soy un viejo inútil y cascarrabias”.

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