Santa Cruz de la Sierra

Romanticismo

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El talentoso cineasta Tony Peredo, por lejos mi mejor amigo aquí en Santa Cruz de la Sierra, me llama diciendo: “Es muy romántico ese relato tuyo titulado ‘Mi hogar’ que hace unos días salió en el periódico. Una linda forma de hablar de tu familia y el amor de donde vivís”. Digo: “Gracias, Tony querido. Pero con ese tipo de artículos existe siempre un gran riesgo de caerse en las peores cursilerías”. El cineasta dice: “No te preocupes. Está lindo”. Rebato no sin falsa modestia: “Y un poco cursi”. Tony comenta: “No, yo escribo más cursi. O sea, de joven solía escribir tan dulce que provocaba diabetes. Decidí nunca más hacerlo”. Digo: “Bueno eso de la diabetes”. El cineasta explica: “En serio, antes de los 23 años decía en voz alta pensamientos lindos a chicas y recibía un ‘ah bonito’. En mi interior decía: ‘Esto es como echarle flores a los chanchos’. Pero, en realidad, luego se quejan que no existen hombres dulces y sensibles. Porque van y se meten con cualquier esperpento maleducado disfrazado de rebelde. Así que desde los 23 hasta los 38 años apliqué esa estrategia. No las trataba mal, pero era un rebelde. Y la fórmula funcionaba muy bien”. Observo: “Sin embargo, decidiste cambiar de fórmula, porque desde que te conozco te portás súper bien con las chicas”. Tony: “Claro, ahora soy menos cínico. Pero no me transformé tampoco en el hombre más romántico del mundo. Prefiero que ellas me digan que no soy detallista porque el día que tengo un detalle lloran de alegría”. Pregunto: “A propósito, Tony, ¿qué hiciste el sábado pasado, el día del amor?”. El cineasta responde: “Nada especial. Di un paseo por la ciudad. Ay, el famoso día del amor. Siempre digo que hay soldados caídos. Vi muchos chicos tirando sus flores y globos. En mi interior decía que es un gasto innecesario, pobres. Vi un chico llorando con su oso de peluche. La cosa es que la juventud confunde emoción con amor. Eso es lo que pasa. Y la emoción pasa, el amor no. Pero eso se descubre con el paso del tiempo”. Digo: “Somos ríos, cambiando siempre en el transcurso del tiempo. Y ojalá, volviéndonos más sabios. ¿Sabías que de joven escribí muchos poemas para chicas? Y ellas me ignoraron”. Tony explica: “Lógico. Es como ir a cazar suchas. Gastás pólvora en vano”. Confieso: “La verdad es que mis primeros poemas eran muy cursis y, por cierto, mi primera novela también. Era un escritor ridículo, demasiado romántico. Quisiera reescribir la primera novela”. El cineasta dice: “Deberías hacerlo”.

Allart Hoekzema Nieboer   MIGAJAS

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