Santa Cruz de la Sierra

El tercer piso

En el día del aniversario del primer grito libertario de Santa Cruz, mi hijito Sebastián decide hablarme de sus recuerdos. No sé cómo se le ocurrió, pero, según imagina él, sus recuerdos (y los míos también) se hallan almacenados en el tercer piso de nuestra casa. En realidad, no hay más que dos pisos en nuestra casa. Bueno, existe también una trampa del desván que lleva a un pequeño espacio bajo el techo que ni siquiera se puede llamar “desván”. Tal vez un día vayamos a ampliar este espacio para convertirlo en la nueva habitación de nuestro hijito. Pero, mientras tanto, Sebastián sigue considerándolo el almacén de los recuerdos. Ahora me dice: “Papá, ¿te acordás de mi fiesta de bautizo?”. Respondo: “Claro, yo sí. Pero vos no tenías ni un año de edad, a lo sumo diez meses. No es posible que te acuerdes”. Mi hijito dice: “Me acuerdo de todo. Sé que el cura era muy torpe. Me echó mucha agua a la cara, pero no me asusté. No lloré durante mi bautizo”. Explico: “No creo que sea un recuerdo auténticamente tuyo. Creo más bien que esta escena te la contamos tu mamá y yo ya muchas veces. O sea, ese recuerdo te lo inculcamos prácticamente”. Sebastián, a su vez, explica: “Yo sé que los recuerdos de mi bautizo son míos porque veo todas las imágenes de ese día en mi cabeza. Veo a la mamá riendo y a vos también. Veo a la abuela Josefina preparando mi fiesta y a mi abuelo y la bisabuela Enriqueta. Ella estaba muy contenta. Papá, ¿te acordás de la bisabuela Enriqueta?”. Digo: “¡Por supuesto! Pero ¿estás seguro de que la recordás estando contenta en la fiesta? ¿Y mis padres? O sea, ¿te acordás de tus abuelos de Holanda? Tu abuela Elly ayudó a la mamá y a la abuela Josefina a preparar la fiesta del bautizo”. Mi hijito exclama: “¡Ay papá! ¡¿No te acordás?! Mis abuelos de Holanda no estaban en mi bautizo. Estás mezclando los recuerdos de mi bautizo con los recuerdos de mi primer cumpleaños. La abuela Elly ayudó a preparar mi primer cumpleaños, no el bautizo”. Reconozco: “Ay hijo. Es verdad. Estoy confundiendo los recuerdos”. Sebastián dice: “No te preocupes, papá. Yo sé que todos nuestros recuerdos de todos los días de nuestra vida están en el tercer piso de la casa. Yo los ordené. Porque a mí no me gusta el desorden”. Digo: “A mí tampoco”. Mi hijito me corrige: “Mentira. A vos te gusta el desorden, a mí no. Pero no te preocupes, papá. Yo te voy a acompañar al tercer piso cuando vuelvas a mezclar los recuerdos”.

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