Santa Cruz de la Sierra

Nacionalismo y pragmatismo

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“Bandera” es la nueva palabra preferida de mi hijo Sebastián, que recientemente ha cumplido 2 añitos. Sebastián tiene la suerte de vivir en un periodo lleno de banderas.

Todo empezó el  5 de agosto cuando la guardería organizó un espectáculo por las Fiestas Patrias. Sebastián bailó – sin obedecer a la coreografía del grupo, porque él es bastante solista – y regresó orgulloso con el tricolor boliviano en su mano.

Luego asistió a varios actos de propaganda electoral de diferentes partidos en nuestro barrio El Trompillo. Estuvo, también, en algunas inauguraciones de la Alcaldía durante el mes cívico. Y, nuevamente, participó en un baile organizado por su guardería Pasitos unos días antes del 24 de Septiembre. Resultado: Sebastián ya tiene una rica colección de banderas, de Bolivia, Santa Cruz, del Alcalde Percy y hasta del partido oficialista.

El problema de Sebastián pero es que su padre no se considera hombre de banderas. Yo nací, casualmente, en Holanda y nunca me he jactado de mis raíces holandesas. Los árboles tienen raíces, los seres humanos no, según yo. Nosotros tenemos piernas, con las que podemos movernos por doquier.

Vivo fuera de mi país desde hace más de 22 años. Entonces, probablemente mi nacionalismo se haya diluido mucho. Además, pasé 15 años de mi vida viviendo en varias ciudades de Italia. De los italianos se puede decir todo, tienen todos los defectos humanos que existan. Pero no son nacionalistas, sobre todo por razones históricas porque Italia como nación es un país joven. La unificación de la península se concretó en la segunda mitad del siglo XIX. Un italiano a lo sumo es ‘campanilista’, o sea orgulloso de su propia ciudad. Su relación con la nación y con el Estado italiano es problemática. El italiano no se fía de las autoridades. Y, viceversa, las autoridades no se fían del ciudadano italiano. Básicamente, estamos hablando de un súperindividualista que se protege en su bastión familiar, en su clan.

En Italia conocí a mi esposa, Emma, hace 17 años. En aquella época ella estudiaba en la Academia de Restauración de Siena, en la región de Toscana. Me acuerdo bien que teníamos dos amigas griegas en común, mellizas eran. Las gemelas griegas siempre hablaban con fervor patriótico de su país. Grecia era lo máximo. Y cada nacionalismo al final se dirige contra un enemigo, que en el caso de los griegos es Turquía. Las chicas griegas se jactaban hasta de lo que fue su patria en los tiempos antiguos. Consideraban a Sócrates, Praxíteles, Aristóteles y Platón como parte de su ADN. Y, según ellas, no había pueblo más ignorante e imbécil que los turcos.

“Patria, palabra triste, como termómetro o ascensor”, decía Pablo Neruda, el gran poeta chileno. Palabras acertadas. A fin de cuentas, lo que a mi parecer importa no es nuestra pertenencia a tal cultura o tal nación, sino nuestra pertenencia a la especie humana. Somos seres universales, a pesar de las diferencias entre las naciones.

Hablando de diferencias entre las naciones, quiero decir algo sobre la demanda marítima boliviana contra Chile ante la Corte de La Haya en Holanda. En una de las primeras salidas con Emma en Italia ella, por broma, me cantó unos himnos de Bolivia llenos de retórica patriótica. ‘Recuperemos nuestro mar’, me cantó a gritos, por ejemplo. Inicialmente, todo el asunto de una salida soberana de Bolivia hacia el Pacífico me dejó muy escéptico. Puro nacionalismo, pensé. Sin embargo, en el transcurso de los años cambié de opinión. Hace siete años que vivo en Santa Cruz y estoy cada vez más convencido de que la demanda marítima es una causa sacrosanta.

La Guerra del Pacífico fue sumamente injusta. Sin duda. Ahora el problema para Bolivia es cómo remediar en el ámbito internacional. El arma mejor en el mundo diplomático es el pragmatismo. El fin justifica los medios, dicen los cínicos. Sin embargo, en la diplomacia es al revés. Es todo un asunto de medios y métodos. En este ambiente el nacionalismo no sirve para nada. Hay que moverse inteligentemente, con un sentido bien práctico.

Ahora bien, me parece a mí que los chilenos están con culillo, como dicen los venezolanos. Su reacción ante la demanda de Bolivia es muy exagerada y cargada de agresividad nacionalista. Cero pragmatismo. Al otro lado está Carlos Mesa, el expresidente boliviano y vocero internacional de la causa marítima. Mesa se mueve de manera eficaz, con paciencia y sin subir los tonos. “Lo que estamos planteando es un diálogo desde una perspectiva pacífica a partir de los compromisos unilaterales que Chile ha realizado”, explicó él mismo recientemente a la cadena CNN.

Me gusta la aproximación de Mesa. Pragmatismo en vez de nacionalismo. Bueno, este es mi parecer personal. Puede ser que ya soy más boliviano que holandés. A lo mejor, tengo ya un poco de fervor patriótico boliviano. En todo caso, voy ahora a comprarle a Sebastián la camiseta de La Verde. Él juega fútbol todas las noches con sus amiguitos del barrio. Ya tiene la polera de Holanda, le falta la camiseta de Bolivia. A ver si puedo conseguir la camiseta de Marcelo Martins. Ojalá.

Por Allart Hoekzema

Fuente: Primicia

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