Santa Cruz de la Sierra

El día después

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Mi hijito Sebastián abre los ojos y le digo: “Hoy no vamos al colegio. El directorio nos avisó en la madrugada. Tu mamá recibió el mensaje”. Sebastián exulta: “¡Genial!”. Comento: “No sé si es tan genial. Hay mucha tensión en la ciudad. Dicen que van a organizar un paro indefinido”. Mi hijito pregunta: “Entonces, ¿qué vamos a hacer hoy? Quiero ir al zoológico. Quiero ver si hay mucha tensión en el zoológico también. ¿Podemos ir a ver a los animales?”. Digo: “No creo, hijo. Primero tenemos que ir al mercadito El Trompillo y al supermercado. Lo que hay que hacer en estas circunstancias es acaparar”. Sebastián quiere saber qué es “acaparar”. Le explico: “Tenemos que abastecernos, es decir, comprar y acumular más alimentos posibles porque no sabemos si las tiendas van a estar abiertas en los próximos días”. Mi hijito entiende el concepto y sugiere: “Vamos a comprar un montón de bolsas de papas fritas, papá”. Luego pregunta: “¿Y qué vamos a hacer después?”. Contesto: “Vamos a tener que ir al surtidor para echar más gasolina posible. Eso puede durar mucho, me temo”. Sebastián dice: “Ay, papá, no me gustan las cosas que duran mucho”. Yo digo: “Lo sé, mi hijo. Pero nos encontramos en una especie de estado de emergencia. Además, tenemos que llevar a los abuelos y a la tía Yudit al aeropuerto. Necesitamos gasolina”. Mi hijito pregunta: “¿Por qué los abuelos y la tía Yudit van a viajar? ¿Quieren escaparse de Bolivia?”. Trato de tranquilizarlo: “No, mi vida. No van a escapar. Lo que pasa es que tu abuelo, el papá Hugo, tiene que ir a Estados Unidos por motivos de salud. Le toca su chequeo médico. No te preocupes, van a volver pronto”. Sebastián me mira triste y dice: “Quiero viajar con ellos. Quiero escaparme”. Le digo: “No, mi niño, nosotros tenemos que quedarnos. Tenemos que cuidarlos a tus gatos. No podemos abandonarlos”. Mi hijito observa. “Los gatos pueden viajar con nosotros. Es mejor”. Explico: “No podemos viajar. Tu mamá y yo tenemos que quedarnos aquí. Vivimos y trabajamos aquí”. Sebastián acepta su destino: “Okey, pero ¿qué vamos a hacer después de acompañar a los abuelos y a la tía Yudit al aeropuerto?”. Respondo: “Después vamos a hablar por teléfono con tus otros abuelos, en Holanda. Ellos están muy preocupados. Acaban de mandarme un mensaje”. Mi hijito indaga: “¿Y al final vas a escribir tu columna? ¿Qué vas a escribir, papá? ¿Vas a  escribir algo divertido?”. Suspiro: “Me temo que no, hijo”.

Allart Hoekzema Nieboer   MIGAJAS

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