Santa Cruz de la Sierra

Sombra

Mi mejor amigo, el tan lúcido como talentoso cineasta Tony Peredo, me llama. Pregunta por mi hijito Sebastián al que, desde la primera vez que lo vio, suele decirle “niño mágico”. Le cuento: “El niño mágico está bien. Yo, sinceramente, estoy bastante preocupado porque Sebastián, con este paro que no parece tener final, está convencido de que el año escolar ya se acabó”. Tony sugiere: “A lo mejor tenés que pasarle clases vos en tu casa para que no pierda el último bimestre”. Digo: “Tenés razón. Yo pienso lo mismo. Pero ¿cómo voy a poder crear un clima de colegio en la casa? Es difícil cambiar de papel. Soy su padre, no su profesor. Además, el niño mágico ya está demasiado acostumbrado al ritmo de los bloqueos. Para él es una gran vacación. El bloqueo de la Madre India es su nueva casa. Allí juega todos los días con los niños del barrio”. El cineasta reconoce: “El bloqueo de ustedes es tranquilo. El otro día pasé por allí. Vos no estabas”. Digo: “Ah, sí, di una vuelta en bicicleta por el primer anillo”. Tony se ríe y dice: “Sí, lo leí. El mocoso ese te molestó bastante en el bloqueo del segundo anillo de la avenida Santos Dumont, ¿no es cierto? Pero ¿al final lograste superar el obstáculo?”. Confirmo: “Sí, al final el mocoso atrevido me dejó pasar. Después, al recorrer todo el primer anillo en bici, ya no tuve ningún problema en los bloqueos. Toda la gente se portó súper bien conmigo. Me invitaron de todo: agua fría, masaco, empanadas, salteñas, gelatina de pata, somó, mocochinchi… “. Tony comenta: “Te cuento que el bloqueo nuestro, en la entrada del Plan Tres Mil, no es tan tranquilo. En el Plan se siente mucho más la tensión. Además, grandes partes de la población aquí ya no están acatando el paro. Los mercados están abiertos todo el día, muchas líneas de micro funcionan regularmente… La única cosa que sigue parada rigurosamente es la educación. Ninguna escuela está abierta aquí tampoco. Pobres niños”. Digo: “A propósito, en mi pedaleada me topé con un niño que estaba bajo un árbol grande en la calle Colombia esquina Cañoto, allí donde hay un colegio fiscal. Se llamaba Lorenzo y tenía un cartel que sólo decía ‘1 Bs.’ Le pregunté qué estaba vendiendo y Lorenzo me contesto: ‘Estoy vendiendo sombra. Usted, señor, puede acompañarme aquí bajo este toborochi durante cinco minutos por un boliviano’”. El cineasta dice: “Entonces, vos compraste su sombra, me imagino”. Respondo: “Claro”. Tony concluye: “Yo en estos días quisiera comprar luz”.

Allart Hoekzema Nieboer   MIGAJAS

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