Santa Cruz de la Sierra

Primos

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Mi esposa Emmita le propone a nuestro hijito Sebastián: “Vamos a la casa de tu primo Sergito. Hace mucho que no lo ves. La última vez fue antes del paro, el día de las elecciones, si no me equivoco”. Sebastián exulta: “¡Sí, mamá! ¡Genial! ¡Vamos!”. En menos de media hora llegamos. Sergito nos abre la puerta y dice: “Hola tía, hola tío y hola Sebastiancito”. Nuestro hijito le dice: “Vos sos Sergito, pero yo no soy Sebastiancito. Me llamo Sebastián. Ya soy grande”. Su primo rebate: “Yo soy alto”. Sebastián reconoce: “Sí, vos sos alto, pero pronto te voy a alcanzar”. Sergito insiste: “Soy mucho más alto que vos”. Nuestro hijito explica: “Por ahora sos más alto que yo, pero esto va a cambiar. Además, yo soy más grande que vos. Yo tengo siete años, vos seis”. Sergito jura: “Pronto te voy a alcanzar, el año próximo ya”. Sebastián se ríe y dice: “No me vas a alcanzar jamás. Siempre voy a tener un año más que vos. Es lógico. Vos no lo entendés, porque no estás en primero de primaria sino en el kínder”. Mi esposa Emmita interviene, diciendo: “Por favor, dejen de discutir. Ustedes son primos, deberían llevarse bien. Vamos, Sebastián, dale un abrazo a Sergito”. Ahora Sergito dice: “Ya no quiero que la gente me llame Sergito. Quiero ser Sergio, porque soy alto y grande”. Le digo: “Tenés razón. Sos Sergio. Suena mucho mejor que Sergito”. Emmita le explica: “Nosotros te decimos Sergito para evitar confusiones. Tu papá también se llama Sergio, ¿no es cierto?”. Sergito le pregunta a mi esposa: “¿Y por qué Sebastián no se llama Allart? El tío Allart es su papá. No entiendo. Sebastián debería llamarse Allart o, mejor, Allarcito”. Y mirándolo a su primo le dice: “Ya no te voy a llamar Sebastiancito”. Sebastián dice: “Menos mal”. Sergito puntualiza: “No te voy a llamar Sebastiancito sino Allarcito”. Nuestro hijito dice: “Nunca me ha gustado el nombre de mi papá”. Ahora intervengo yo, diciendo: “¡Basta ya! Realmente, dejen de discutir. Ustedes son los peores primos del mundo”. Mi esposa dice: “Vayan a jugar. Sergito, tu mamá me contó que tenés una mascota nueva”. Sergito dice: “Sí, se llama Conipanda. Es un conejo”. Sebastián comenta: “Ay, Sergito, conejos no son mascotas. Los conejos deberían vivir libres, en la naturaleza. Por ejemplo, yo tengo tres gatos. Ellos son mis mascotas. No tengo conejos. Pobre Conipanda, no es una mascota”. Su primo le dice: “Entonces, no te lo voy a mostrar. Voy a jugar solito con Conipanda. ¡Chau! ¡Chau! Volvete a tu casa, Allarcito”.

Allart Hoekzema Nieboer   MIGAJAS

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