Santa Cruz de la Sierra

Mi doble (I)

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Casi a hurtadillas, escribo este cuento desde Buenos Aires, sentado en la habitación del hotel, mientras mi esposa Emma y nuestro hijito Sebastián duermen. El tema del relato es bastante familiar: el ‘Doppelgänger’. Por casualidad (¿o por una broma cósmica?) noto en el piso, al lado de la cama, un libro de Nietzsche, comprado por Emma en un quiosco en la avenida Córdoba y titulado ‘El caminante y su sombra’. Lo voy a leer pronto, me prometo.
Bueno, resulta ser que mi vida es contagiosa. No lo puedo creer ni yo mismo, pero es verdad. Mi biografía, que no es más que una serie ininterrumpida de errores y fracasos, se ha vuelto atractiva para otra persona. En palabras quizás más exactas, estoy hablando del ‘efecto copycat’. Alguien, probablemente movido por lo que con suficiente regularidad revelo de mi vida en mis columnas en el popular medio de comunicación ‘La Estrella del Oriente’, tuvo la audacia de imitarme. Sin dejarme seducir por otras distracciones, paso a los hechos.
No hace mucho tiempo tuvimos con mi hijito Sebastián y el cineasta Tony Peredo una extraña (y, ahora me doy cuenta, profética) conversación en mi casa en el barrio El Trompillo de Santa Cruz de la Sierra. Fue Sebastián quien comenzó, diciendo para nuestra sorpresa: “Cuando hay nubes somos tres personas. Y cuando no hay nubes somos seis personas.” El cineasta comentó: “Estás hablando de nuestras sombras, ¿no es cierto?” Mi hijito aplaudió y exultó: “¡Sííí! ¡Bravo! El tío Tony ganó. ¿Te gusta ganar, tío? A mí no me gusta perder.” Tony Peredo contestó: “Sí, a mí también me gusta ganar. Muchísimo. No hay mejor satisfacción. El otro día me dieron un premio por mi último cortometraje, ‘Multiverso’. Lo festejé con mucho champagne. Demasiado.” Yo dije: “Ay, Tony, te conozco. Sos un disoluto.” Quise darle un toque ligero, pero la frase me salió pesada y moralista. El cineasta decidió ignorar mi comentario. Nos contó que los festejos le habían provocado una experiencia extracorpórea. Lo que pasó, prácticamente, fue que Tony se despertó al lado de una presencia fantasmagórica: la persona yaciendo junto a él era él mismo. “¡Qué horror!” exclamé. Tony Peredo dijo: “La cosa rara fue que no me asusté. Sacudí al otro, tratando de despertarlo, pero siguió durmiendo. Decidí levantarme, tomé un vaso de agua y cuando volví del baño mi doble ya no estaba. El agua fue el antídoto.” Yo dije: “O el veneno.” Continuará.

 

Allart Hoekzema Nieboer MIGAJAS

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