Santa Cruz de la Sierra

El sueño del bandolero (29)

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Dejo a mi hijito Sebastián en el colegio “Adolfo Kolping”, sobre la amplia y tranquila avenida Monseñor Andrés Avelino Costas, en nuestro barrio El Trompillo. Resulta ser que la escuela tiene una psicopedagoga, quien quiere hablar conmigo. El hecho no me sorprende, pero tengo que reconocer que me pone de mal humor. Ya sé lo que la señora en cuestión me va a decir, porque en todas las escuelas a las que mi hijito ya ha asistido en su tierna carrera educativa tarde o temprano me lo han dicho: “Mire, señor Hoekzema Nieboer, su hijo es demasiado travieso y desobediente”.
Pero resulta ser que me equivoco y mi buen humor va restableciéndose en el transcurso de la conversación con la señora en cuestión. Lo que pasa es que la psicopedagoga del “Kolping” es todo lo que no me imaginé. Es decir, no es pedante. Al contrario. La señora es joven, flexible, empática y comprensiva. Me recuerda a la lindísima maestra que Sebastián tenía en la guardería “Pasitos”.
—Sebastián es un niño fantástico —dice la psicopedagoga y yo le pido que me lo repita, no porque no lo haya entendido sino porque quiero nuevamente saborear la dulzura de la frase.
—Su hijo tiene una imaginación casi ilimitada —prosigue la mujer—. Dibuja muy bien. Se ve que su madre es artista. Todos los días quiere dibujar en su curso. Y mientras dibuja, habla en voz alta.
—¿Habla? —pregunto—. ¿Y de qué habla, señora? Ojalá que mi hijo no diga malas palabras.
—No, nada de eso. No es malcriado —dice la psicopedagoga, tranquilizándome—. Entendemos que su esposa, doña Emmita, y usted, señor Hoekzema Nieboer… ¿o puedo decirle “don Allart”?
—Usted me puede decir cualquier cosa. Basta que me siga hablando. Me gusta muchísimo el tono de su voz. Estoy escuchando campanillas delicadas —le digo e inmediatamente pienso: “Tal vez no sea muy delicado ni apropiado de parte mía hablarle así a la psicopedagoga de mi hijo”.
—Ay, don Allart, habla como un verdadero poeta —dice la mujer no sin satisfacción—. El sereno don Pedro Lero Tayo ya me habló de usted. Dice que usted es el periodista más famoso del barrio.
—Don Pedro dice mucho de mí —explico no sin falsa modestia—. También dice que soy tacaño.
—Bueno, don Allart, estaba diciendo que entendemos que su esposa y usted hablan muchos idiomas diferentes en su casa, ¿no es cierto? Eso lo quisiera averiguar, porque Sebastián mientras dibuja, habla italiano y alemán —cuenta la encantadora psicopedagoga. Continuará.

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