Santa Cruz de la Sierra

Bebé

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Mi sobrino Sergito entra a nuestra habitación, en la casa de la tía Angélica. Anuncia: “Esta noche voy a viajar con mi mamá y con mi hermana Nicole a Estados Unidos. Voy a quedarme allí hasta el próximo miércoles”. Mi hijito Sebastián dice: “Quiero viajar con ustedes. Voy a hacer mi maleta”. Sergito le dice: “Vos no vas a viajar. Mi mamá dice que mi tío Allart tiene que quedarse aquí en la casa. No se curó todavía. Y vos tenés que cuidarlo”. Sebastián insiste: “Yo puedo viajar con ustedes porque mi papá ya no tiene dengue. Mi papá ya no me necesita aquí”. Le explico a mi hijito: “Tu primo va a viajar porque nació un bebé. Es un asunto de su familia. Tu primo ahora es tío. Nació el hijo de Irene, tu prima y la hermana de Sergito”. Mi sobrino dice: “Sí, Sebastián, soy tío y voy a viajar a Orlando. Irene tuvo su bebé allí”. Sebastián razona en voz alta: “Yo formo parte de tu familia también, Sergito. Si vos sos el tío del bebé, yo entonces soy su tío también”. Sergito dice: “Nada que ver. Vos no sos su tío”. Yo digo: “Lo que vos sos para el bebé ahora, Sebastián, es tío segundo. Creo que se llama así en español”. Mi hijito protesta: “No quiero ser tío segundo. Quiero ser primero, no me gusta llegar segundo”. Hay pocos niños que son tan competitivos como Sergito y Sebastián. Para evitar que los dos primos se peleen, busco cambiar el rumbo de la conversación. Digo: “El bebé se llama Andros. ¿Les gusta ese nombre?”. Mi hijito dice: “El mejor nombre del mundo es Sebastián”. Mi sobrino dice: “No, el mejor nombre del mundo es Sergio”. Sebastián rebate: “No, Sergio es el peor nombre del mundo”. Intervengo: “¡Pórtense como niños grandes, no como bebés!”. Mi sobrino pregunta: “¿No le gustan los bebés, tío?”. Contesto: “¡Todo lo contrario! Los bebés me encantan”. Ahora mi sobrino pregunta: “Entonces, ¿por qué dice que no tenemos que portarnos como bebés?”. La conversación con los dos primitos comienza a cansarme, pero ellos no muestran señales de cansancio. Sebastián dice: “Antes no me gustaban los bebés, pero ahora sí. Es que ahora soy un niño grande, antes no”. Sergito dice: “Yo también soy un niño grande y a mí también me gustan los bebés. Voy a ser un súper tío para el bebé Andros”. Sebastián exclama: ¡Yo igual! ¡Voy a ser su súper súper súper tío!”. Mi sobrino me pregunta: “Tío, usted no es mi tío segundo sino el verdadero, ¿verdad? ¿Y qué es para el bebé Andros?”. Suspiro: “Su tío-abuelastro, me temo”. Mi hijito indaga: “¿Su súper súper súper tío-abuelastro?”.

Allart Hoekzema Nieboer   MIGAJAS

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