Santa Cruz de la Sierra

El bien y el mal

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Justo cuando unjo mi pierna izquierda con la enésima pomada mágica esperando que al fin se vayan los dolores terribles de mis articulaciones, me llama por teléfono mi mejor amigo, el tan experimentado como leído cineasta Tony Peredo. Me dice: “Así que tu sobrina Irene tuvo su bebé en Estados Unidos, ¿no es cierto? ¡Felicidades!”. Mientras escucho, siento como mis dedos pastosos ensucian mi celular nuevo. Le digo a mi amigo: “No sé, sinceramente, si tenemos que estar contentos por la llegada de una nueva criatura a nuestro mundo tan cínico y malvado. Los seres humanos somos un desastre. ¿Qué futuro va a tener el pobre bebé?”. El cineasta exclama: “¡Ay, por favor! Ese es el lugar común más deprimente y más despreciable que existe. El dengue te ha hecho más daño de lo que pensé. Te fundió la mente”. Puntualizo: “Estoy hablando en serio. Los niños de hoy se enfrentan a una vida sumamente complicada. Les estamos dejando un mundo destrozado, prácticamente invivible. Los hombres somos un asco. Teniendo la facultad de elegir entre el bien y el mal, optamos colectivamente por el mal”. Tony comenta: “Basta ya. ¿Podés decir algo inteligente, o sea, algo que no sea un cliché? Es fácil menospreciar a la humanidad. Pero es una actitud no sólo destructiva e inútil, sino también sumamente peligrosa. Es decir, semejante opinión sobre la verdadera índole de la humanidad puede abril la puerta al genocidio más atroz. Ay, Allart, cuidado. ¿ Querés que te asocien con esos profetas tan superficiales como nefastos según los cuales el hombre es lo peor que hay en el universo?”. Vacilo un poco, molesto sobre todo por el penetrante olor de la pomada mágica. Digo: “Bueno, no sé si somos lo peor del universo. Pero en la Tierra somos sin alguna duda los campeones del mal”. El cineasta suspira y pregunta: “¿Y quién sería nuestra competencia aquí? Los animales no son capaces de producir el mal. Hacen lo que les dicta su naturaleza. No tienen consciencia. No tienen criterio ético, es decir, no saben distinguir el bien del mal. Nosotros  tenemos criterio ético porque somos conscientes, o sea, nos damos cuenta de nuestra vulnerabilidad. Sabemos que hay cosas que nos hacen daño y sabemos cómo hacerle daño al prójimo”. Rebato: “Tenés un concepto ético cristiano. El mal sería sufrimiento, daño e infierno, mientras el bien sería paz y paraíso. Los budistas no lo ven así, ¿sabés? Según enseña el budismo, el mal es ignorancia y el bien sabiduría”. Tony concluye: “Bien, digamos que no es muy sabio decir que los seres humanos somos un desastre”.

Allart Hoekzema Nieboer   MIGAJAS

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