Santa Cruz de la Sierra

Estafas

Información adicional

  • DodgerBlue: tbg-dodgerblue

Llega Ronald en su taxi. Le digo: “Reconozco esa cara. Está molesto. Tiene la cara de uno que acaba de ser estafado”. El taxista pregunta: “¿Cómo lo sabe?”. Comento: “Tengo razón, ¿no es cierto? Yo he sido estafado aquí miles de veces. Lo que pasa es que soy muy, ¿cómo decirlo?,… Digamos ‘crédulo’”. Ronald, quien conmigo ya pasó de la timidez a la confianza, me corrige: “Digamos que usted es muy huevón”. Reconozco: “Así es”. El taxista dice: “Yo soy más huevón que usted, don Allart. Tiene razón, alguien me tumbó, por enésima vez”. Indago: “¿Mucha plata?”. Ronald suspira: “Para mí, sí. Presté 400 bolivianos a un tipo. Nunca me los devolvió. Acabo de descubrir que cambió de teléfono”. Sigo indagando: “¿Un tipo del barrio?”. Ronald exclama: “¡Ni siquiera! Presté 400 bolivianos a un desconocido, prácticamente. Lo había visto sólo un par de veces. Encima, mis colegas ya me habían hablado de lo informal que era”. Digo: “Bueno, ojalá le sirva de lección”. El taxista observa: “¿Cómo vamos a aprender los huevonazos? El otro día me estafaron en la calle con un taladro. Bonito se veía, una marca alemana, con repuestos nuevitos y todo. Quería colocar unos estantes en mi dormitorio, así que me lo compré. Inclusive, tenía un papel en la caja que decía ‘3 años de garantía’. Bueno, el taladro alemán no hizo ni tres huecos en mi pared y ya no servía. ¡Kaput!”. Me río, no lo puedo evitar. Digo: “Ay, Ronald, lo siento. Pero no hay que ser astrofísico para saber que es mucho mejor comprar un taladro alemán en una tienda especializada que en la calle”. El taxista admite: “Lo sé o, por lo menos, creo saberlo ahora, a fin de cuentas. Pero la peor estafa que me hicieron en la vida fue con un anticrético. Hace unos años atrás agarré una habitación en anticrético con 3.000 dólares que me había prestado mi mamá. Todo estaba bien al inicio. La habitación era decente, en una casa cómoda y, además, en un barrio seguro. Pero luego, al entrar en confianza con los vecinos, mucha gente empezó a hablarme mal de la señora esa. Y al final resultó ser que la dueña nunca había tenido la intención de devolverme los 3.000 dólares”. Pregunto: “¿Y cómo reaccionó su pobre mamá cuando supo de la estafa?”. El taxista suspira: “Mi mamá sigue tratándome por ese asunto”. Ahora pregunto: “¿No contrataste a un abogado?”. Ronald dice: “No, pero alguien ahí arriba hizo justicia. En poco tiempo, la señora esa perdió su casa y terminó en la calle”. Me río, de nuevo. Confieso: “Sigo pensando en el taladro alemán”.

Allart Hoekzema Nieboer   MIGAJAS

Visto 653 veces
Más en esta categoría: « Refugio San Valentín »

Últimas Noticias

Prev Next

La llegada

La llegada

Mientras la pandemia no da muestras de debilidad, me llama mi amigo Tony Peredo, un...

¿Quién soy?

¿Quién soy?

Subo la escalera en nuestra casa y sé que estoy soñando porque no tengo idea...

Fantasía

Fantasía

Gente que conozco bien pero también numerosas personas que conozco sólo superficialmente me han hecho...