Santa Cruz de la Sierra

Improvisar

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Nos encontramos con nuestro hijito Sebastián en el auto de mi esposa Emmita, mientras afuera está lloviendo a cántaros. Sebastián exclama: “¡Mirá, mamá! ¡La avenida La Barranca se parece al río Piraí! Nuestro auto es un barco que nos llevará al puerto. ¿Saben cuál es el puerto?”. Mi esposa adivina: “¿Tu colegio?”. Nuestro hijito exulta: “¡Sííí! ¡Bravo! Diez puntos para la mamá, cero para el papá”. Digo: “No me gusta la lluvia. Nunca me voy a acostumbrar a esta fealdad. La ciudad se  pone súper fea cuando llueve. El problema es que Santa Cruz no está preparada al agua. Sabemos desde hace siglos y siglos que aquí llueve a menudo. No obstante, cada aguacero nos agarra desprevenidos”. Sebastián dice: “Ay, papá, no seas aguafiestas. Estoy jugando con la mamá. La avenida es un río y la mamá es la capitana de nuestro barco. Y no sé si vamos a encontrar el puerto. Me gustaría navegar todo el día sin parar”. Emmita comenta: “Sebastián tiene la actitud correcta. Inútil quejarse del diluvio. En estas circunstancias hay que improvisar. Menos mal que los bolivianos somos expertos en la improvisación. Tal vez no estemos siempre tan preparados, pero nadie sabe improvisar como nosotros”. Nuestro hijito le pregunta a su madre: “¿Qué significa ‘improvisar’?”. Mi esposa responde inmediatamente, sin tener que pensar ni un segundo: “Bueno, ‘improvisar’ es saber reaccionar a cosas imprevistas utilizando la creatividad y la fantasía. Por ejemplo, hijo, vos ahora estás improvisando, mientras que a tu papá no se le ocurre nada mejor que quejarse. Vos estás utilizando la imaginación. Así que nosotros estamos navegando con un barco en el río Piraí y tu pobre papá está renegando en un auto bajo un chaparrón”. Le digo a Emmita: “En serio, el problema aquí es que la gente nunca se prepara a nada. La moraleja de la historia de Noé y su arca no me parece tan complicada. Cuando llegue el diluvio universal hay que estar preparado, ¿no es cierto? ¿Vos pensás que mi país seguiría existiendo si los holandeses no aumentáramos cada treinta años los diques? Claro que no. Hay que ser conscientes, hay que construir. Hay que prepararse en vez de improvisar. Esta es la lección de Noé y también la de los Países Bajos”. Mi esposa primero mira a mí y luego a Sebastián. Comienza a reír. Le pregunta a nuestro hijito: “¿Se lo digo yo o querés explicárselo vos?”. Sebastián ríe igual. Le dice a su madre: “Yo lo voy a hacer”. Y a mí me dice: “Aquí todo es diferente. Aquí no estamos en Holanda, ¿entendés, papá?”.

Allart Hoekzema Nieboer   MIGAJAS

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