Santa Cruz de la Sierra

Llamado a la conciencia (II)

En el caso de Notre Dame, un informe de la Unesco ya alertaba en el año 2000 de los graves daños provocados por las tormentas. Pese al valor universal del edificio, se tardó más de una década en iniciar las obras de restauración. Lo que no mencionan los informes de la Unesco son los efectos negativos del turismo de masas, que no ha ayudado a recaudar suficiente dinero para la restauración, pese a que Notre Dame recibía aproximadamente trece millones de visitantes cada año. Ha tenido que ocurrir una catástrofe histórica para que no le falte dinero a Notre Dame, como anunció el presidente de Francia, Emmanuel Macron, ante las cámaras de todo el mundo. Pero no será una restauración, sino una reconstrucción que con seguridad generará polémica, como la que llevó a cabo el arquitecto Eugène Emmanuel Viollet-le-Duc en el siglo XIX al añadir, entre otros elementos, las famosas gárgolas y la aguja que se desmoronó entre las llamas.
El incendio de Notre Dame evidencia también un grave problema denunciado por la Unesco y otras instituciones de conservación patrimonial: la carencia generalizada de planes para gestionar siniestros en edificios de alto valor histórico. En un incendio en pleno centro de París, pasaron preciados minutos antes de que los bomberos apareciesen con sus mangueras en el techo de la iglesia. Para ese entonces las llamas se habían adueñado del techo de maderas centenarias y su avance era imparable.
Tras el infortunio, lloverá el aluvión de selfies en las redes sociales con la iglesia quemada de fondo y el hashtag de turno para demostrar que uno estuvo allí. Acaso, la reflexión más importante se extinguirá con la misma rapidez que las llamas: la falta de una sensibilidad real y colectiva hacia el patrimonio histórico-artístico que se traduzca en acciones políticas de preservación. Notre Dame de París llevaba décadas pidiendo dinero para su restauración mientras empeoraba el estado del edificio.
Durante las grandes obras de reforma urbana de George-Eugène Haussmann, entre 1852 y 1870, que destruyeron gran parte del París medieval que rodeaba a Notre Dame, la capital francesa se convirtió en una de las cunas de la conciencia moderna de la defensa del patrimonio histórico y artístico. Incendios como el París y Río de Janeiro nos alertan de que esa conciencia debe modernizarse y eso pasa por dotarse de medios económicos y ciudadanos para evitar la destrucción de patrimonio histórico que simboliza naciones y valores globales.

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