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Star Wars: El Último Jedi, la ópera espacial ha vuelto

Star Wars: El Último Jedi, la ópera espacial ha vuelto foto: Referencial

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Han pasado 40 años, pero aún después de tanto tiempo, ver el texto de introducción de La guerra de las galaxias deslizándose por una pantalla, con la música de John Williams tocando a todo lo alto, eriza la piel y dilata las pupilas.

Ya son ocho episodios de la saga de la familia Skywalker, más una muy afortunada historia paralela (Rogue One) y con todo ello, como con toda gran familia, los nombres y las anécdotas se empiezan a confundir.

Quizá el hermoso planeta de sal en El Último Jedi te recuerde a Hoth, el planeta de nieve de El Imperio Contraataca. O el casino de Canto Bight que sale en la nueva película te traiga a la memoria a Mos Eisley, la cantina de Las Nueva Esperanza  — o, incluso, al bar de Maz Kanata en  El Despertar de la Fuerza.

Porque más allá de las anécdotas, a Star Wars venimos a ver rostros familiares, siempre muy ocupados con la misión en turno. A pesar de sus múltiples aventuras y líneas narrativas, El Último Jedi es una batalla contra el tiempo. Todo parece estar a punto de desaparecer o morir: la Orden de los Jedi, la Resistencia y varios de esos personajes que tanto hemos querido — algunos por más tiempo que otros. Y en esa lucha contra el tiempo, en la que literalmente podemos contar las horas que quedan (y en este caso son muchas, porque el filme es el más largo de toda la serie hasta el momento) somos testigos de una constante ambigüedad moral de la que los malos saldrán más malos y los buenos saldrán más buenos.

En realidad, en El Último Jedi pasa mucho, pero no tanto como parece. Sabemos que la Primera Orden ha eliminado prácticamente todos los vestigios de la República. Solo queda la General Leia Organa (una maravillosa Carrie Fisher) y su pequeñísima Resistencia. Poe Dameron (Oscar Isaac), el talentoso piloto, combate casi por sí solo las gigantescas naves de la Primera Orden y destruye a varias a su paso, pero lo que queda de la Resistencia no logra librarse de ellos. Lo que sigue es una persecución mortal que marcará el ritmo del resto de la cinta.

Una vez establecido el hilo narrativo principal, el director Rian Johnson nos tira varios más. Uno, que nos recuerda a El Imperio Contraataca, muestra a Rey (Daisey Ridley) intentando convencer a Luke Skywalker (Mark Hamill) que aún vale la pena ser un jedi. Pero más que entrenar a una padawan, vemos a un Luke sumido en el conflicto, enojo y duda, muy diferente a ese campesino galáctico de La Nueva Esperanza. El poder de Rey es tal que no requiere muchas lecciones, pero una conexión inesperada con Kylo Ren hace que no quede claro de qué lado de la Fuerza se encuentra. El misterio del origen de Rey continúa, aunque sus lealtades quedarán más claras, igual que los anhelos y ambiciones de Kylo. ¿Sabremos quién es el último jedi?

De Luke lo único que podemos decir es que nos regala un par de momentos fantásticos: uno directo del Episodio IV cuando ve a Leia por primera vez, y uno lleno de ternura con su hermana, la ahora General, que seguro le robará a los fanáticos una lágrima al caer en cuenta que es la última vez que veremos a Fisher en pantalla, a quien está dedicada la película.

Como mencioné, Johnson ha decidido tirar de varios hilos a la vez y darle tareas insulsas a los nuevos y viejos protagonistas: nuestro amigo Fin (John Boyega) hace una nueva amiga Rose (Kellie Marie Tran) con quien se lanza a encontrar a un experto decodificador, un tal DJ (Benicio del Toro), en una aventura tan divertida como desastrosa. En otra misión — más breve — Poe, Fin y Rose intentan desactivar una de esas armas inmensas que le gustan a la Primera Orden (otrora el Imperio) con poco éxito.

Porque, valga decirlo, si algo no tiene la Resistencia en esta película es éxito (algo que también recuerda a los fracasos constantes en El Imperio Contraataca.). De hecho, como le dice a Luke un personaje de antaño muy amado por toda la galaxia (no diré quién, para no arruinarlo), también de los fracasos se aprende.

Lo que no fracasa en El Último Jedi en ningún momento son las espectaculares y emocionantes batallas espaciales — marca de la casa, filmadas con maestría por Johnson. Hay un momento insólito que pasará a la gloria de la franquicia en el que una nave comandada por la vicealmirante Amilyn Holdo (Laura Dern) se carga a toda una flota con una explosión apoteósica que jamás olvidarás. Tampoco olvidarás la batalla en el planeta de sal ya mencionado, donde se hace humaredas de polvo rojo que invaden la pantalla de un carmín violento.

También, agradecerás el retorno de características clave de otros episodios, como el sentido del humor, que tiene grandes manifestaciones en El Último Jedi. El robot esférico BB-8 funciona otra vez como patiño, y acompañantes de otros tiempos apelan bien a la nostalgia, en particular Chewbacca, R2-D2 y un insoportable C3PO (que es como nos gusta). Algo más que funciona muy bien casi todo el tiempo son una sana cantidad de nuevas criaturas, como los lobos de cristal y las aves porg que ya vimos en los avances (aunque los porgs se hubieran beneficiado de salir en un par de escenas menos).

El Último Jedi no es perfecta — yo diría que por tramos largos es tediosa, repetitiva y algo confusa –, pero recupera muchas de las cualidades de lo que más nos gusta de La guerra de las galaxias, y algunas de estas las lleva a otro nivel — en particular, el conflicto entre el bien y el mal, que han internalizado y que sufren varios de los personajes.

Esta sigue siendo la saga de la familia Skywalker, pero este episodio nos recuerda que es ya la historia de la tercera generación (aunque maravillosos, Luke y Leia ya son simplemente personajes de apoyo para Rey y Kylo Ren, sobre quienes ahora gira el conflicto y el drama).

Los nombres se confunden, las anécdotas se mezclan y se enredan, pero el impulso de la nostalgia y la lealtad a estos personajes y estas historias son razón suficiente para sentarse esas dos horas y media. Y los planetas exquisitos, las razas exóticas, la tecnología avanzada pero oxidada y corroída, las misiones desesperadas, las armas descomunales la hacen ser, y la lucha entre el bien y el mal enmarcada por la Fuerza hace que, incluso después de 40 años, está todavía sea la mejor ópera espacial que jamás haya visto una galaxia muy, muy lejana.

Redacción: Leo.com.bo                                              

Fuente: Agencias

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