Santa Cruz de la Sierra

¡Mentimos…y demasiado!

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De acuerdo a la neurociencia, mentimos un promedio de hasta 15 veces al día. La neuropsicología nos dice incluso que la mentira es parte esencial de nuestras vidas. Casi se diría que está en nuestro ADN el mentir. Mentimos para sobrevivir, para no hacer daño a alguien, para engañar deliberadamente a alguien, para esconder nuestras debilidades, para conquistar a alguien, para ganar una partida, para conquistar un cliente, para ganar votos. Mentimos por piedad, por amor, por odio, por compasión.

La gente (nosotros) mentimos y mucho. Y las marcas corporativas no escapan a este escenario. De hecho, las empresas y sus negociadores, según un estudio realizado en 2005, aproximadamente la mitad de los que cierran tratos mienten cuando tienen motivo y oportunidad de hacerlo. Todo sea por el negocio y por ganar esa comisión.

La hipercompetitividad de los mercados ha generado estas distorsiones y las ha exacerbado. Sería una falacia aseverar que en estos tiempos se miente más que antes. La mentira siempre ha existido desde que Eva y Adán negaron haber comido del fruto prohibido.

Los casos de marcas corporativas que mintieron son innumerables y faltaría espacio para nombrarlas. ¿Pero es que acaso la mentira es la moneda corriente de nuestros días? Dicen los especialistas que en un par de años de cinco noticias solo una podrá ser considerada como verdadera. Las demás serán mentiras direccionadas y malintencionadas.

Los humanos, de acuerdo a psicólogos y estudios sociológicos, somos particularmente ineptos a la hora de reconocer mentiras y más si estas están cubiertas de halagos: la promesa de su jefe de que recibirá un ascenso cualquier día de estos, la garantía de su proveedor de que su pedido representa su máxima prioridad. Estamos destinados a aceptar de buena manera información falsa, mentirosa y nos sujetamos de esa mentira, creyendo que es o será verdadera.

Aceptamos y consentimos las mentiras piadosas por evitar un dolor a un tercero, al igual que las mentiras de cortesía y ni qué decir de las mentiritas o mentirijillas.

Dicen los expertos que fomentar la reciprocidad de información ayuda a conocer mejor a la contraparte y de esa manera, transparentar, en alguna medida el intercambio de conocimiento. Asimismo, contar con un buen arsenal de preguntas que generen contradicciones o desnuden irregularidades y finalmente, dejar de lado la obsesión de los temas. Solo cuando una persona hace hincapié en un tema una y otra vez, deja en evidencia una actitud reñida con la verdad.

 

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