Autonomía universitaria, a cien años (II)

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El sistema universitario de nuestro país tiene autonomía y cogobierno como ejes centrales de su existencia institucional y desarrollo gerencial.

Autonomía económica para la administración del presupuesto asignado por el Estado y autonomía política para el libre flujo de las ideas políticas.

Este esquema básico cuyo cimiento contiene ideales revolucionarios, ha sido manipulado groseramente, desvirtuado en sus fines y objetivos. Atrás quedó la universidad “popular, científica y anti-imperialista” de los años setenta y ochenta. 

Hoy el sistema universitario vive anclado en un modelo de sobrevivencia donde la producción de conocimiento científico ya no es el núcleo paradigmático de su existencia, sino el pretexto de su supervivencia institucional, en beneficio docente, administrativo y -en un mínimo porcentaje- estudiantil.

La autonomía, el cogobierno y la libertad de cátedra, tres pilares que constituyen la trípode resultante de la revolución de Córdoba para acabar con el oscurantismo, hoy a cien años, constituyen más bien la triada perversa para la crisis general.

Bolivia, a no dudarlo, es el único país del continente que tiene cogobierno paritario, ya ni Córdoba tiene el molde original. Bolivia tiene un modelo de autonomía amplísimo que no hay en la región y la libertad de cátedra, bueno la libertad de cátedra depende de quién está en la poltrona y cómo te llevas con el sector docente y la bancada estudiantil en los consejos de carrera.

Pero así y todo, la universidad boliviana ha logrado cumplir su encargo social principal, dar educación a los que más lo necesitan, ampliar el mundo profesional y con ello ayudar directamente al crecimiento de la clase media.

De hecho desde el 2006 hasta el 2017, la población universitaria crece en promedio en 4,5% en relación al 1% del periodo neoliberal, es decir que en este momento más o menos se tiene un aproximado de 500.000 estudiantes en aula.

Y la UPEA? Tiene muchos problemas, pero todos parten del modelo de elección de autoridades, pues la fórmula “un voto estudiantil, un voto docente” en vez de ayudar, ha invertido los datos de poder real de la autonomía y el cogobierno afectando directamente a la libertad de cátedra.

Se puede decir que en gran parte del sistema universitario estatal existe dictadura docente que se apoya en contubernio estudiantil, pero en la UPEA hay dictadura estudiantil con el contubernio docente.

 

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