Los arquetipos (III)

Información adicional

  • DodgerBlue: tbg-dodgerblue

Andando hacia nuestro barrio El Trompillo, el taxista don Braulio Robles dijo, no sin rabia: “La mayoría de las personas tienden a considerarme loco. Pero jamás me han dicho que soy un niño eterno.” El miembro de la compañía comentó lacónicamente: “No quise ofenderlo. Pero es un hecho bastante obvio. Usted se niega a madurar y sigue viviendo en la casa materna.” Yo dije: “Tenga mucho cuidado. Ya veo la venganza en la mirada de don Braulio.” El hombre rebatió: “No me aburra, por favor. La venganza es un tema ancestral… y muy infantil.”
Llegados a la altura de la plazuela de la avenida La Barranca, mi hijito Sebastián exclamó: “¡Tengo una idea! ¡Juguemos en el arenero de la plazuela! Pero primero quiero ir a la casa para recoger a mi Quietscheentchen.” Tal vez no huelgue explicar que ‘Quietscheentchen’ es el nombre del patito de goma de mi hijito. De toda manera, volvimos a la plazuela con el patito y unos baldes, mientras el enigmático miembro de la compañía siguió acompañándonos. Sebastián empezó a construir unas fabulosas torres de arena alrededor de su Quietscheentchen. “Reconozco la trama de un antiguo relato bélico. Es una ciudad sitiada, ¿no es cierto?” preguntó el miembro de la compañía. Mi hijito lo miró y contestó, no sin desdén: “Nada que ver. No es una ciudad. Es una granja. Y ahora voy a escavar un canal para que Quietscheentchen pueda escaparse.”
Cuando Sebastián terminó su obra maestra de arena, el taxista don Braulio Robles le propuso: “Vamos a jugar a fútbol. Yo te lo voy a enseñar.” Mi hijito dijo: “No quiero. Tengo una idea mucho mejor. Vamos a escaparnos junto a mi Quietscheentchen.” El enigmático maestro de la compañía se entusiasmó, diciendo: “La fuga es un tema ancestral… y muy maduro.” Luego el hombre sacó una bolsita de plástico, explicando: “Es la famosa bolsa del dios de los vientos. Contiene todos los vientos menos el poniente. Vamos a escaparnos hacia el este.” Sebastián se rio y dijo: “Dame la bolsa de los vientos. Quiero abrirla.” En ese momento llegó el cineasta Tony Peredo, quien nos preguntó: “¿Qué están haciendo?” Mi hijito le respondió: “Vení, tío Tony. Estamos por escaparnos con mi Quietscheentchen.” El cineasta quiso saber adónde nos íbamos a escapar. “Hacia el este si no abrimos la bolsa de los vientos. Y si la abrimos, va a ser una sorpresa”, dijo Sebastián. El miembro de la compañía le dijo a Tony: “Tengo una verdadera sorpresa para usted.” Continuará.

Visto 190 veces