Santa Cruz de la Sierra

Los arquetipos (V)

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El cineasta Tony Peredo estudió, no sin escepticismo, las piezas de madera dentro del contenedor y preguntó: “En serio, ¿qué es?” El miembro de la compañía dijo: “Sabemos por sus asombrosas películas que usted es un hombre que, justamente, asocia los sueños a un escenario. Por eso hemos decidido regalarle un escenario clásico que mide aproximadamente trece metros de ancho por ocho metros de profundidad y un metro y medio de altura. Armarlo no es difícil.” Mi hijito Sebastián le dijo al cineasta: “Tío Tony, nosotros tenemos que irnos porque tengo natación. ¿Podés armarlo solito?” Luego le dio su patito de goma y le susurró algo al oído. Yo le dije que llamara al urubicheño Dámaso Vaca, un hombre muy hábil con las manos, para que lo ayudara.
El miembro de la compañía nos acompañó a la piscina del Rolea Center, en el barrio norteño de Equipetrol, donde los compañeritos y la profesora del kínder alemán ya nos esperaban. “Usted se parece a una sirena de la mitología griega”, le dijo el miembro de la compañía a la profesora alemana, quien estaba flotando en el agua con una enorme aleta de tiburón puesta. La mujer le explicó: “Soy una ‘Meerjungfrau’. Algo muy diferente. La sirena griega es un ser híbrido con cara de mujer y cuerpo de ave.” Involuntariamente, pensé en Joyce, la flamante Miss Bolivia, hija de una doncella y un cisne. Luego dije: “Los alemanes dicen también ‘Fischweib’, ¿no es cierto?” La profesora me miró feo; obviamente, no le agradó ese término. Sebastián agarró una pelota de waterpolo y se zambulló en el agua. “¿Vas a pintar la pelota de nuevo?” le preguntó un compañerito, riéndose. Mi hijito le lanzó la pelota a la cara. La ‘Fischweib’ alemana nadó rápido hacia los dos niños para evitar una pelea. “Quizá sea una buena idea jugar a waterpolo. Pero juguemos como se debe, respetando las reglas”, dijo. “¡Sííí! ¡Soy muy bueno para jugar a waterpolo!” exultó mi hijito. Y tenía razón: nadó mejor y anotó más goles que los demás.
De vuelta en el legendario barrio El Trompillo, nos paramos frente a la plazuela de La Barranca. “¡Mirá, papá, es mi Quietscheentchen! ¡Mi tío Tony lo logró!” exclamó Sebastián. En el centro de la plazuela estaba una gigantesca copia en madera del patito de goma. “Realmente, ustedes son unos malagradecidos”, se lamentó el miembro de la compañía. Tony Peredo nos preguntó: “¿’Den grimme ælling’ les gusta?” Don Braulio le preguntó: “¿Cómo se dice ‘niños eternos’ en danés?”

Visto 190 veces Modificado por última vez en Viernes, 29 Junio 2018 08:12

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