Alter Ego (II)

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“¿Cómo consiguió mis libros? Son objetos extremadamente raros”, le comento a Javier, el curioso camarero del Club de Tenis Santa Cruz. “El cineasta Tony Peredo me prestó sus ejemplares. Leí ‘El gran ausente’, ‘Después del día viene la noche’ y algo de la antología poética ‘El frío mundo jamás sabrá’. No me desagradan sus libros, digamos. Al leerlos sentí cierta afinidad. Conozco los lugares que usted describe. Yo también viví y trabajé en Italia y Holanda”, explica el hombre. Quiero saber cómo conoció a Tony. “Se me acercó hace un par de semanas durante un evento social aquí en el club. Me dijo que quería involucrarme en su nuevo proyecto cinematográfico, titulado por ahora ‘Orbis Alterius’”, responde Javier. Mi esposa Emma sonríe (sé que está aburrida) y nuestro hijito Sebastián me pregunta: “¿Papá, estás hablando de trabajo?”
El camarero Javier saca una concha marina de su bolsillo y dice: “Hola, niño, tengo un regalo para vos. Esta caracola guarda diferentes patrones de ruido en su interior. Claramente, contiene el murmullo del mar, las dulces idas y venidas de las olas en una playa. Pero si escuchás bien podés oír también palabras, oraciones y a veces enteras conversaciones provenientes de otros mundos.” Sebastián exclama: “¡Wow! ¡Quiero escuchar el mar de Holanda y la playa de mis abuelos!” Emma coincide: “Ay, sí, mi vida. Holanda realmente es otro mundo.” Yo digo: “Me gustaría oír el mar de Italia. A veces extraño a Nettuno, la playa donde escribí mis poemas.” Javier dice: “Recuerdo un poema suyo con el título ‘Siete caracolas’ y un pasaje de su primera novela que evoca a esas mismas caracolas.” Le digo que prefiero olvidar el poema y la novela.
Desde atrás se proyecta una sombra sobre nuestra mesa. Me doy la vuelta y veo al cineasta Tony Peredo. Con una espléndida sonrisa dice: “Tus libros no son tan malos. Tienen errores estéticos debidos a la ingenuidad. Podés corregirlos si querés. Podemos hacer un fabuloso viaje, visitando todos los sitios en Europa donde escribiste.” Emma dice: “O podríamos ir a Madrid. Quisiera visitar a mi amiga Cristina. Quizás España te dé inspiración para escribir algo completamente nuevo.” El cineasta sugiere: “Combinemos las dos opciones. Ustedes primero van a Madrid, yo a Nettuno, y luego, Allart, si querés me alcanzás allí. ¿Qué decís? ¿Sí o no?” Digo: “No sé.” Emma me avisa: “No existe una tercera opción.” Nuestro hijito dice: “Quiero ir a Holanda.” Continuará.

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