Santa Cruz de la Sierra

El sacrificio (II)

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“Pare el auto, por favor. Quiero hablar con la profesora de mi hijo”, le digo al taxista don Braulio Robles. En el kínder alemán la profesora confirma la historia de la huella de un astronauta que mi hijito Sebastián encontró en el arenero. “¿Y ustedes lo vieron a ese astronauta?” le pregunto. “Yo personalmente no, pero una colega sí. Ella me dijo que el hombre le explicó que estaba buscando ‘das schreckliche Geheimnis’”, cuenta la profesora. “¿Lo dijo así, en alemán? Entonces, ¿estamos hablando de un astronauta alemán?” quiero saber. “No, según mi colega se trata de un cruceño. Hablaba en español, pero el término ‘tremendo misterio’ lo dijo en alemán”, aclara. Verifico: “¿Un astronauta cruceño?” La mujer dice, no sin impaciencia: “No es un astronauta. Más bien parece un peregrino, así me lo dijo mi colega. Pero el hombre, delante de ella, se autodefinió ‘masajista’.”
De vuelta en el auto de don Braulio, le refiero la descripción hecha por la profesora alemana: “Suena como el mismo hombre”, concluye el taxista. Ahora me llama el cineasta Tony Peredo. Sé que mi gran amigo Tony se encuentra en el plató de su nuevo filme ‘Numen’. “¿Hablaste con el dueño de ‘La Estrella’?” me pregunta. “Sí, suspendo mis columnas por tiempo indefinido”, digo. “¿Y cómo te sentís?” pregunta Tony. “Raro”, reconozco. Decido contarle lo que don Braulio, mi hijito Sebastián y la profesora alemana me dijeron sobre el extraño personaje del tremendo misterio. “¡Wow! No te puedo creer. Acabo de hablar con ese tipo aquí. Un tipo con botas de astronauta y una túnica de peregrino. Hablaba español con un acento cruceño. La cosa más rara de él eran sus facciones. Tenía un eterno estupor en su cara. Me recordó a una frase de Yeats: ‘estoy buscando el rostro que tenía antes de que fuera hecho el mundo”, explica el cineasta. Luego dice: “Pero en una cosa te equivocás, Allart. El hombre no es masajista sino ‘migajista’.” Repito: “¿MIGAJISTA?” Sebastián, quien está sentado en mi regazo, pregunta: “¿Qué es eso, papá?”
Pasamos por la calle Nataniel Aguirre. A la altura del taller de mi esposa Emma, al lado de la iglesia de San Gabriel, escuchamos un grito: ¡Vengan!” Resulta ser el urubicheño Dámaso Vaca, quien me cuenta que un hombre me está buscando. “Se arrodilló con devoción aquí frente a la puerta del taller. Repitió mil veces la oración ‘Con las migajas todo es posible’. Le dije lo que los guarayos siempre decimos: ‘No se reza con las rodillas sino con el corazón”, explica Dámaso. Continuará.

Visto 281 veces Modificado por última vez en Martes, 31 Julio 2018 05:47

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