Vida silente (I)

No pierdo la ilusión. Pero recoger a mi hijito Sebastián del kinder alemán de manera tranquila, sin que su profesora quiera intercambiar unas palabras conmigo, parece ser una de esas cosas bonitas de la vida que simplemente no me merezco. Ya me está esperando con una fina sonrisa nórdica la diligente mujer. Me dice: “Ay, señor Hoekzema Nieboer, ya sé todo. Su hijo no dejó de hablar del viaje a Buenos Aires. Sé que ahí festejaron el cumpleaños de su suegro y sé también que por poco no los atrapan en una librería. Hubo un extraño seguimiento, ¿no es cierto? No quiero pensar en lo que habría ocurrido si los guardias de seguridad los hubieran alcanzado.” Yo digo: “Sencillo. No habríamos dormido la última noche en el espléndido hotel Panamericano, sino en la comisaría del microcentro porteño.” Ella exclama: “Genau! Na klar! Nichts so empfindlich wie die Wirklichkeit!” (¡Así es! ¡Verdad! ¡Nada tan frágil como la realidad!)Siento algo que se parece a los principios de un brote de pánico. Decido cambiar de tema. Le pregunto a la profesora alemana: “¿Cómo se portó hoy Sebastián?” La mujer contesta: “Bueno, no podemos ser demasiados exigentes. Su hijo no es un niño fácil. Tiene un carácter muy fuerte.” Suspiró. “Su madre también tiene un carácter de hierro”, digo. “¿Y usted?” quiere saber ella. “De mantequilla”, respondo. “Lo siento. Nuestro carácter es nuestro destino”, dice la profesora. No digo nada, porque no puedo negar que su comentario sea acertado. Ella prosigue: “Menos mal que usted, ‘Herr’ Hoekzema Nieboer, se ve rodeado de personas fuertes. No solo su esposa, sino también su mejor amigo.” Pregunto, no sin sorpresa: “¿Usted conoce al cineasta Tony Peredo?” La mujer contesta: “Es mi ídolo. Es un ejemplo de voluntad y determinación. Estoy súper ansiosa de ver su próxima película. Sé que se titula ‘Ucronía’.” Le cuento a la profesora que el cineasta nos acompañó a la Argentina. La mujer dice: “Lo sé. Fue jurado en el festival de cine en el museo de arte contemporáneo de Buenos Aires. Me lo dijo Sebastián. Me dijo, además, que el señor Peredo estaba con ustedes durante la persecución en la librería.” Comento: “Tony es el ídolo de mi hijo también. Me temo que Sebastián va a querer ser director de cine.” La profesora alemana dice: “Se equivoca. Sebastián me dijo hoy que quiere ser pintor de vidas silentes. No de naturalezas muertas, sino de vidas silentes, como lo decía Giorgio de Chirico.” Ahora digo: “No, como lo decía A.P. Guieppe.” La mujer pregunta: “¿Quién?” Explico: “Lo conocimos en Buenos Aires. A.P. Guieppe no es ídolo de nadie.” Continuará.

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