Santa Cruz de la Sierra

Las musas (I)

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En nuestro patio, bajo un cielo opaco (tal vez los poetas dirían “bajo un cielo ciego”), mi hijito Sebastián dice en voz baja: “¿Papá?” Yo le pregunto por qué susurra. Él me explica: “Porque ya es tarde.” Comento: “No es tan tarde. Es que las nubes oscuras nos engañan.” Mi hijito repite: “¿Papa?” Y luego me hace una pregunta inusual: “¿Por qué no te gustan los angelitos?” Yo le pregunto: ¿Quién te ha dicho que no me gustan los angelitos?” Sebastián contesta: “Lo dice mi mamá. Dice que vos sos un iconoclasta.” El hecho de que lo haya dicho mi esposa Emma, quien no solo es restauradora de obras de arte sino también experta de imágenes sacras, no me sorprende. “¿Sabés qué significa ‘iconoclasta’?” quiero saber. Mi hijito responde, no sin lógica: “Sí, es una persona a la que no le gustan los angelitos.” Sebastián me tapa los ojos con sus manitos. “Papá, la mamá también dice que yo veo con los ojos de los angelitos y vos no.” Digo: “Claro, porque soy un iconoclasta.” Mi hijito observa: “Yo soy muy bueno para jugar a las escondidas.” Le pregunto: “¿Querés jugar ahora?” Sebastián responde: “No, porque vos no sos bueno para jugar a las escondidas.” Comento: “Pero a vos te gusta mucho ganar. Ganarme a mí no es difícil.” Mi hijito se ríe y dice: “Sí, porque tengo un papa torpe.” Yo agrego: “Y ciego.” Luego Sebastián propone: “Vamos arriba. Ya es tarde.” Rebato: “No es tarde.” Mi hijito insiste: “Tengo sueño y mañana tenemos mucho por hacer, como la ovejita Chipi Chapa.” La ovejita Chipa Chapa es un personaje imaginario, inventado por mi esposa Emmita. No existe en el mundo mejor somnífero que la bendita ovejita. En su dormitorio, Sebastián dice: “Papá, ¿me cantás la canción de la ovejita Chipi Chapa?” Comienzo a cantar: “La ovejita Chipi Chapa ya no puede más, porque la ovejita Chipi Chapa tiene mucho por hacer…” Los dos nos dormimos.

De pronto, mi hijito me despierta: “¡Papá! Tocaron el timbre. ¡A ver quién es!” Lo oigo bajar la escalera y abrir la puerta. Reconozco la voz: es mi mejor amigo, el cineasta Tony Peredo. Está hablando con Sebastián y hay preocupación en su voz. Mi hijito exclama: “¡Papa, vení! El tío Tony te necesita. Quiere hablar de su nueva película.” Bajo los escalones y le pregunto al cineasta: “¿Cómo se titula tu nuevo filme?” Tony contesta: “Criseida y Briseida.” Digo: “Escribí un poema con el mismo título.” El cineasta dice: “Lo sé, Allart. Ayudame, estoy fuera de foco.” Continuará.

 

Allart Hoekzema   MIGAJAS

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