Santa Cruz de la Sierra

Las musas (V)

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El taller de mi esposa Emma, sobre la calle Nataniel Aguirre, está lleno de espejos en espera de ser restaurados. El urubicheño Dámaso Vaca, asistente de Emmita, me pregunta: “¿Viste a las dos amigas de Sebastián?” Digo: “No. Y no tengo una idea clara acerca de ellas tampoco, porque todo el mundo me da una descripción diferente.” Dámaso observa: “Es lógico. Los guarayos decimos ‘angwer ere sepia vae, ndai rumo nde resa pipe’. O sea, es el alma la que ve, no los ojos.” Le pregunto, no sin irritación: “¿Cómo es posible que el cineasta Tony Peredo ya las raptó a esas niñas?” El urubicheño sonríe y comenta: “¿Y qué es eso? ¿Celos? Tony no las raptó. Tu hijo lo llamó y le dije que las dos chicas iban a ayudarlo para que recupere su inspiración.” Pregunto: “¿Y dónde está Sebastián? ¿Se fue con Tony y las chicas?” Mi esposa Emma, quien estaba atrás, buscando unas herramientas, entra y dice: “Nuestro hijito está jugando en el jardín de los vecinos.” Ahora Dámaso dice: “Sonó el timbre. ¿Lo escucharon?” Yo no escuché absolutamente nada. “Voy yo”, dice Emmita. Sale del taller, cerrando la puerta. El urubicheño mira afuera a través de una pequeña ventana y dice: “Son dos hombres, uno fuerte y joven, el otro bastante mayor. Están enojados. Pero doña Emma no les tiene miedo.” Mi esposa vuelve y explica: “El padre de Yolanda y el cortejo de Holanda están buscando a las niñas.” Pregunto: “¿Y qué les dijiste?” Ella dice con aplomo: “Nada. No soy soplón.”
Me llama el cineasta Tony Peredo, diciendo: “Ya no tenés que ayudarme con el guión del filme ‘Criseida y Briseida’.” Comento: “Ya me lo imaginé. Gracias a Sebastián encontraste a tus dos espléndidas musas de carne y hueso, ¿no es cierto?” Dámaso Vaca me mira feo y dice no sin indignación: “¿A qué esperás?” Mi esposa dice: “Sí, Allart. Avisale a tu amigo, decile que está en peligro, lo están buscando.”
Desde el jardín de al lado oímos a Sebastián exclamar: “¡Vengan! ¡Miren con quién estoy!” Miro hacia el jardín y veo solamente a mi hijito. Mi esposa Emma le dice a Sebastián: “¡Wow! Ha crecido mucho.” Dámaso dice: “Debe haber tomado harta leche con miel.” Les pregunto: “¿De quién están hablando?” Emmita suspira: “Ay, pobre iconoclasta. ¿No la ves a la ovejita?” Mi hijito se ríe y comenta: “Ay, papá. La ovejita Chipi Chapa dice ‘¡a despertarse!’. ¿No la escuchás?”

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