En México-Preocupa poca seguridad que tendrá López Obrador

AMLO. López Obrador durante un acto de Morena en junio. Señala que no utilizará escoltas durante su mandato. AMLO. López Obrador durante un acto de Morena en junio. Señala que no utilizará escoltas durante su mandato.

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El tres de julio pasado, dos días después de las elecciones presidenciales, un modesto Volkswagen Jetta atravesó el Zócalo, la plaza principal de Ciudad de México, y se estacionó frente a la puerta del Palacio Presidencial. Andrés Manuel López Obrador se bajó del asiento del copiloto para dirigirse a pie a la oficina de su predecesor. Una mujer se abrió paso entre los codazos de la multitud de periodistas. Quería pedir trabajo. Nadie le impidió acercarse al presidente electo de la República. Él le plantó dos besos en cada mejilla. Expertos en México y en el extranjero contemplaron atónitos esta escena, así como otras similares que se han venido sucediendo, ante las extraordinarias implicaciones que ello supone para la seguridad del presidente, de sus acompañantes, e incluso de los mandatarios extranjeros que visitarán México en los próximos seis años.
En un país con 85 personas asesinadas al día (25 por cada 100.000 habitantes), con más de 100 candidatos acribillados a tiros en la campaña, López Obrador ha decidido circular por sus calles como si fuera inmortal. A él, dice, “lo protege la gente”. Convencido a cada paso de que su rotundo éxito en las urnas radicó en gran medida en alejarse de la imagen de un presidente convencional —tradicionalmente inaccesible y rodeado de escoltas— proclamó desde su campaña un anuncio histórico: si ganaba, no viviría en la residencia oficial de Los Pinos, viajaría en aviones comerciales y prescindiría del órgano técnico militar encargado históricamente de la protección de los presidentes y su familia, el Estado Mayor Presidencial. Poco después de celebrar su victoria, lo ha repetido en diferentes actos públicos.
Esta medida, a tres meses de que tome posesión y se haga efectiva, tendrá un impacto no solo en su seguridad, que es la de todo un país, sino en la de los mandatarios extranjeros que vengan de visita oficial, pues, aunque en algunos casos como es el de Estados Unidos, el presidente viaja con un equipo propio de seguridad, el Estado Mayor Presidencial resulta clave en su custodia. “El servicio se coordina con la seguridad local, con su experiencia e inteligencia sobre el terreno para trabajar. Esta medida tendrá un impacto para cualquier país que los visite”, apunta el exagente especial del FBI y fundador de la consultora de seguridad Shaffer Security Group, Greg Shaffer, desde Washington.
Aunque López Obrador insiste en que a él no lo verán con “guaruras” (escoltas), esta semana ha sucedido algo muy distinto. La tranquilidad de las embajadas está muy relacionada con lo que ocurre en la práctica en ocasiones como esta. Este martes, se reunió con el mandatario de Guatemala, Jimmy Morales, en Chiapas. Y, aunque todo el país observó cómo el futuro presidente mexicano se bajaba de un avión de Aeroméxico, detrás de los focos y acompañándolo se encontraba el Estado Mayor Presidencial. Según unas imágenes de la prensa local, la aeronave TP02, propia de esta institución, voló hasta el encuentro con miembros de este órgano y de la Secretaría de Exteriores, como se ha realizado tradicionalmente con el resto de mandatarios, para gestionar la seguridad del evento y de la visita oficial. 

 

 

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