El cactus (I)

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Mi situación es absurda. ¿Quién sabe cuándo comenzó la desafortunada serie de hechos que culminó con mi internamiento en la notoria clínica El Trompillo, sobre la calle Zoilo Flores?” Opto, no sin arbitrariedad, por aquella noche hace unos diez días cuando estaba paseando por la Plaza 24 de Septiembre junto a mi hijito Sebastián y el cineasta Tony Peredo en espera de que empezara una conferencia sobre Tristán Roca, fundador de ‘La Estrella del Oriente’, que se realizaría en el museo de historia regional, en la cercana calle Junín 151.
“Papá, compremos semillas para las palomas. Quiero darles de comer a las palomas”, dijo mi hijo. “No sé si vale la pena, Sebastián. Ya está oscureciendo. Las palomas van a dormir”, explicó Tony. En ese momento, no sin viveza, intervino una vendedora de semillas, diciéndonos: “Compren estas semillas de la planta milagrosa y ancestral.” Yo dije: “Pero si ya no hay palomas, ¿qué sentido tiene?” El cineasta le preguntó a la mujer: “Nos va a disculpar, pero ¿de qué planta milagrosa y ancestral está hablando?” La vendedora contestó: “De la achuma.” Siendo analfabeta con respecto a asuntos de la naturaleza, miré a Tony, quien me iluminó: “Es un cactus.” Sebastián me dijo: “Compremos las semillas de cactus, papá. Me gustan mucho los cactus. ¿No te acordás que siempre vemos un cactus grande cuando vamos al kinder alemán?” Francamente, no sabía a qué se refería mi hijito, pero decidí comprar las semillas. “Es fácil cultivar cactus, me imagino. No requieren mucha atención”, observé. “Así es, caballero. Preparen una maceta con tierra en semisombra. El riego se hace una sola vez antes de sembrar.” Tony dijo: “Con un vaporizador, ¿no es cierto?” La mujer respondió: “Exactamente, veo que usted es un experto.” Sebastián explicó: “Mi tío Tony sabe mucho de las plantas, mi papá no.” El cineasta le preguntó a la vendedora: “¿Y cuándo germinan?” La mujer respondió: “Al quinto día. Siempre es así. No demoran más.”
Serían ya las siete de la noche cuando le pedí al cineasta que nos acompañara a la conferencia sobre Tristán Roca. “Tengo que representar al periódico ‘La Estrella del Oriente’ y tu presencia como intelectual de fama internacional me daría más autoridad”, le expliqué a mi amigo. Sin embargo, Tony declinó la invitación, diciendo: “Si fuera una conferencia sobre Tristán Tzara te acompañaría con mucho gusto. Mi nuevo filme se base en un poema de Tzara.” Continuará.

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