Santa Cruz de la Sierra

El cactus (III)

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Asimismo el cineasta Tony Peredo, quien tiene una relación casi mágica con la naturaleza, hizo referencia a mi supuesto carácter antisocial, cuando vino a nuestra casa para ayudarnos a plantar la semilla de cactus en el patio trasero. Al igual que el taxista don Braulio Robles, Tony quiso saber cómo la habíamos pasado durante la conferencia sobre Tristán Roca. Le dije que había visto a un tío suyo, un ex político con grandes pasiones sociales. “¿Charlaste un poco con mi tío? Es un buen conversador. Contame, ¿de qué hablaron?” me preguntó el cineasta. Le dije: “No charlé con él, ni lo saludé.” Tony comentó: “Sos realmente rudo y huraño.” Rebatí: “Soy libre.” El cineasta dijo, no sin acidez: “Tal vez seas libre, pero te encontrás en un desierto que creaste vos mismo. Un desierto de miedo, asco y odio. Inclusive en tu casa se sienten esas terribles ondas de tensión, malhumor y enojo. Esta casa realmente necesita un cactus que neutralice toda la energía negativa.”

Tony y mi hijito Sebastián plantaron la semilla del cactus achuma en una maceta de cerámica, en semisombra, orientada al norte. “Hay que dejar que la tierra se seque entre riego y riego”, recomendó el cineasta. “Tío Tony, yo no tomo agua del grifo. No me hace bien, dice mi mamá. Mi papá sí toma agua del grifo, yo no. Y el cactus no tiene que tomar agua del grifo tampoco. Tiene que tomar la misma agua que tomo yo”, dijo mi hijito. “Me parece una buena idea, Sebastián. Pero repito: no hay que darle demasiada agua.”

Pasaron cinco días sin que la semilla germinara. “Bueno, vamos a sembrar más semillas”, dijo el cineasta, quien junto a Sebastián se puso a preparar diez macetas más.

Mientras tanto, en el kínder alemán mi hijito no quiso dibujar otro que inmensos cactus. Su diligente profesora trató de convencerlo a no ser tan monotemático, pero no hubo modo. Así como los primeros habitantes de las cuevas pintaban animales en la pared con la esperanza de poderlos atrapar, Sebastián dibujaba cactus en un intento de fomentar la germinación en nuestro patio trasero. Sin embargo, pese a la determinación y la paciencia de mi hijo (¡increíble!, ninguna maceta se encharcó) no vimos nada que se pareciera a un germen de cactus. Continuará.

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