Santa Cruz de la Sierra

La vida de Paúl Burton se apaga de apoco. El segundo electroencefalograma, realizado el miércoles a Paúl Burton, ratificó el primer diagnóstico dado el martes, que el zaguero central tiene muerte cerebral, situación que es irreversible. A pesar de ello, la familia se aferra al milagro y se niega a firmar el documento para que lo desconecten de los aparatos que lo mantienen con vida. Al mismo tiempo, exige que la clínica Incor se haga cargo de los costos que significan mantenerlo en terapia intensiva, al considerar que es una de las culpables del actual estado de salud del jugador.

El diagnóstico del primer electroencefalograma, que se llevó a cabo el martes, era contundente: muerte cerebral. Además, sugería que en 48 horas se lleve a cabo otro estudio similar para descartar o confirmar el diagnóstico inicial. Ese examen se lo hizo el miércoles y los resultados se conocieron a las 17:00. “En realidad confirmaron nuestras sospechas. La verdad que nosotros sabíamos que Paúl estaba en esa situación crítica desde hace varios días”, manifestó uno de sus primos. Además, el jugador pasó de un estado de coma de grado 3 a 1 sobre 15 en la escala de Glasgow.

“No entiendo a la clínica, le hacen un electroencefalograma hoy (miércoles) a mi primo, cuando un día antes nos pedían que firmemos un documento para que lo desconecten, pues supuestamente ya no tenía posibilidad de salvarse. Hoy (ayer) nos han pedido autorización para desconectarlo en tres ocasiones, y la respuesta nuestra es contundente: no. Ellos verán qué hacen, pero deberían asumir su responsabilidad, pues Paúl entró caminando acá”, manifestó la familia del defensor de Oriente.

De la evolución del jugador, uno de los que ha estado pendiente en todo momento es su representante, Rodrigo Osorio. “El daño que le hicieron es irreversible, aún tenemos esperanzas, aunque la situación es complicada”, sostuvo el empresario.

 

No se resigna. 

Carola Hoyos, esposa de Burton, afirmó ayer en el programa No mentiras que esperará hasta el último latido del corazón de su marido. “Mi esposo entró caminando y ahora lo tengo que sacar en un ataúd. Tengo mucha rabia e impotencia porque nadie está asumiendo su culpa. Los médicos entran con la intención de no dañar a nadie, pero deben asumir su culpa”, sostuvo. 

 

 

 

 

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