Santa Cruz de la Sierra
07 Julio 2015

El papa Francisco alertó hoy sobre “los sectarismos” y la tentación de “dictaduras” y “liderazgos únicos”, en su segunda misa multitudinaria en Ecuador, durante la cual pidió “inclusión a todos los niveles” y “diálogo” en un país sacudido por protestas contra el gobierno.

“La inmensa riqueza de lo variado (…) nos aleja de la tentación de propuestas más cercanas a dictaduras, ideologías o sectarismos”, advirtió Francisco desde el Parque Bicentenario de Quito ante unos 900.000 fieles.

En ese sentido, instó a “luchar por la inclusión a todos los niveles” y promover “el diálogo”, en una aparente alusión a las manifestaciones a favor y en contra que enfrenta el mandatario Rafael Correa, presente en la misa.

“A aquel grito de libertad prorrumpido hace poco más de 200 años no le faltó la convicción ni fuerza, pero la historia nos cuenta que sólo fue contundente cuando dejó de lado los personalismos, el afán de liderazgos únicos, la falta de comprensión de otros procesos libertarios con características distintas pero no por eso antagónicas”, evocó Francisco.

El Papa lanzó desde Quito “una revolución” para evangelizar a América Latina y que se convierta en “un grito” para “sanar heridas”, “construir puentes” y luchar por “la inclusión a todos los niveles”.

Francisco, quien desde que llegó a Ecuador el domingo se ha dirigido siempre en español, su lengua materna, volvió a hablar durante su homilía de temas sociales, de injusticias y conflictos mundiales.

“También nosotros constatamos a diario que vivimos en un mundo lacerado por las guerras y la violencia”, comentó.

“Sería superficial -agregó- pensar que la división y el odio afectan sólo a las tensiones entre los países o los grupos sociales. En realidad son manifestación de ese “difuso individualismo” que nos separa y nos enfrenta”.

La “revolución” por la que aboga la Iglesia en América Latina es comparable a la protagonizada hace 200 años por los países suramericanos para lograr la independencia de España, y que según el Papa nació “de la conciencia de la falta de libertades”.

Francisco vistió sobre la sotana blanca una casulla de grabados blancos y negros fabricada por indígenas.

En su homilía, Francisco invitó también a “confiar el corazón al compañero de camino sin recelo, sin desconfianzas” y recalcó que “la paz es algo artesanal” y sólo es posible con “la unidad” y si se abandona la “búsqueda estéril de poder, prestigio, placer o seguridad económica”.

Redacción Leo.bo

Fuente: AFP

07 Julio 2015

Oficia el papa una misa ante miles de fieles en el parque Bicentenario en Quito y dice que la fe siempre es revolucionaria; propone evangelizar ante un mundo 'lacerado por las guerras y la violencia'.

El papa Francisco defendió hoy martes la necesidad de la Iglesia de evangelizar y exclamó: "Esa es nuestra revolución", durante la misa multitudinaria que celebró en el parque del Bicentenario de Quito, una de sus etapas del viaje que está realizando por Latinoamérica.

"Eso es evangelizar, esa es nuestra revolución, porque nuestra fe siempre es revolucionaria, ese es nuestro más profundo y constante grito", dijo Francisco ante cientos de miles de personas en la capital ecuatoriana.

El nombre del lugar donde celebró la misa sirvió a Francisco también para recordar "el grito de Independencia de Hispanoamérica".

El papa, quien hoy vistió una casulla con bordados típicos locales, propuso la evangelización como unidad ante un mundo "lacerado por las guerras y la violencia".

Su homilía estuvo repleta de pasajes de su exhortación apostólica "Evangelii Gaudium" (la alegría del Evangelio).

"Sería superficial pensar que la división y el odio afectan sólo a las tensiones entre los países o los grupos sociales. En realidad, son manifestación de ese difuso individualismo que nos separa y nos enfrenta, de la herida del pecado en el corazón de las personas", agregó.

Y recalcó que "la evangelización puede ser vehículo de unidad de aspiraciones, sensibilidades, ilusiones y hasta de ciertas utopías".

Recordó, además, la necesidad "de luchar por la inclusión a todos los niveles, evitando egoísmos, promoviendo la comunicación y el diálogo, incentivando la colaboración".

Y volvió a hablar de la necesidad de trabajar para conseguir la paz que es "algo artesanal" y aseguró que "es impensable que brille la unidad si la mundanidad espiritual nos hace estar en guerra entre nosotros, en una búsqueda estéril de poder, prestigio, placer o seguridad económica".

El papa advirtió de que "la evangelización no consiste en hacer proselitismo" y que muchos hacen una "caricatura de la evangelización".

Y defendió que evangelizar "es atraer con nuestro testimonio a los alejados" y a los "más pobres de los más indefensos y que no pierden su dignidad a pesar de que se la golpean todos los días".

Para el papa, la unidad "nos aleja de la tentación de propuestas más cercanas a dictaduras, ideologías o sectarismos".

"¡Qué lindo sería que todos puedan admirar cómo nos cuidamos unos a otros!. ¡Cómo mutuamente nos damos aliento y cómo nos acompañamos!", exclamó.

Redacción Leo.bo

Fuente: televisa.com

06 Julio 2015

El papa Francisco reunió el lunes en Guayaquil a unos 650.000 fieles bajo un sol abrasador y reclamó más ayuda y servicios sociales para la familia aquejada de problemas, en la primera misa campal de su gira por Sudamérica.

Una multitud exhausta por temperaturas de hasta 32ºC y largas vigilias escuchó la liturgia de casi dos horas en el parque Los Samanes.

De regreso a la Sudamérica de los "frágiles" y "vulnerables", Francisco dedicó la homilía a la familia, uno de los grandes retos de su pontificado, ante los males que la asola como las "enfermedades" y la "falta de amor" y de trabajo.

"La familia constituye la 'gran riqueza social', que otras instituciones no pueden sustituir, que debe ser ayudada y potenciada, para no perder nunca el justo sentido de los servicios que la sociedad presta a los ciudadanos", dijo.

"En efecto, estos no son una forma de limosna, sino una verdadera deuda social respecto a la institución familiar, que tanto aporta al bien común de todos", dijo.

El mensaje de Francisco caló hondo entre los asistentes, que aguantaron el calor extremo gracias a los chorros de agua que arrojaron los bomberos. No obstante, algunas personas perdieron el conocimiento y debieron ser auxiliadas.

Olimpia Herrera, una maestra de 62 años, se declaró convencida de las palabras del pontífice.

Ese testimonio lo "estábamos necesitando porque hay muchos hogares que están desintegrados", dijo a la AFP.

La crisis de la familia será uno de los temas que se debatirá en octubre en el Vaticano durante el sínodo de obispos en el que se fijarán los criterios con los que la Iglesia del siglo XXI encarará los cambios de las sociedades modernas, como la familia monoparental, el matrimonio entre homosexuales y el acceso a la comunión para los divorciados que se vuelven a casar.

"El vino es signo de alegría, de amor, de abundancia. Cuántos de nuestros adolescentes y jóvenes perciben que en sus casas hace rato que ya no hay. Cuántos ancianos se sienten dejados fuera de la fiesta de sus familias, arrinconados", clamó el papa.

Aun así Francisco se mostró muy optimista por el futuro de la familia: "El mejor vino está por venir en aquellos que hoy ven derrumbarse todo".

"No les voy a cobrar nada"

La primera misa a cielo abierto que ofició el papa en su gira de ocho días por Ecuador, Bolivia y Paraguay contó con menor asistencia de la proyectada por los organizadores locales, que aguardaban hasta 1,5 millones de fieles.

Unas 650.000 personas habían ingresado a Los Samanes antes de que Francisco comenzara la liturgia, según estimó el ministro del Interior, José Serrano, en su cuenta de Twitter.

El martes el papa oficiará una segunda misa campal en Quito, en el parque Bicentenario, donde se espera a un millón de personas.

Francisco inició desde temprano su agenda en Guayaquil con un recorrido en auto hasta el santuario del Señor de la Divina Misericordia durante el cual volvió a recibir muestras de afecto de personas que se agolparon a los dos lados de la vía.

Ya en la capilla se reunió con un grupo de invitados a quienes sorprendió con un pedido: "Les doy la bendición. No, no les voy a cobrar nada, pero les pido por favor que recen por mí. ¿Me lo prometen?", dijo el sumo pontífice desatando risas entre los asistentes.

En la tarde Francisco se dirigirá al colegio Javier de los jesuitas donde almorzará con otros religiosos y descansará un poco antes de regresar a Quito para una reunión con el presidente Rafael Correa y una visita a la catedral metropolitana, en el corazón histórico de la capital.

En ese centro educativo lo espera el nonagenario sacerdote Francisco Cortés, conocido como padre Paquito, a quien el papa le hizo saber, por terceros, que quería verlo después de su último encuentro hace 30 años en Buenos Aires.

"Para mí es un acto de humildad de ese hombre, acordarse de una persona  (...) sin ningún mérito y nada especial. Ha insistido en que quiere verme", dijo Cortés en una reciente entrevista a la AFP.

En su primer día en Ecuador, Francisco ya dio muestras de la sencillez y calidez que lo han hecho famoso en el mundo: dejó que le tomarán 'selfies' en el aeropuerto de Quito, permitió que un periodista le besara la mano y salió sorpresivamente a bendecir a los fieles que lo aclamaban de noche en las afueras de la Nunciatura Apostólica, donde se aloja, no sin antes pedirles que dejaran dormir a los vecinos.

Redacción Leo.bo

Fuente: AFP

06 Julio 2015

En su segundo día de visita en Ecuador, el papa Francisco celebró una multitudinaria misa ante más de un millón de fieles en el parque Los Samanes, en la ciudad portuaria de Guayaquil. En medio de cánticos y oraciones, decenas de miles de personas hicieron vigilia desde la noche del domingo para tener un lugar de privilegio en la tan esperada ceremonia que encabeza el Sumo Pontífice.

Cuando tomó la palabra, Francisco se ocupó de resaltar la importancia de la familia. “En la familia se aprende a pedir permiso sin avasallar. A decir gracias como expresión de una sentida valoración de lo que sentimos. A dominar la agresividad y a pedir perdón cuando hacemos algún daño. Porque en todas las familias hay peleas, pero hay que pedir perdón. Los gestos de sincera cortesía ayudan a construir una cultura de respeto a los que nos rodea”, afirmó.

El Papa explicó que la familia también forma una pequeña iglesia, “la iglesia doméstica”. Y, según afirmó, “encausa la ternura y la misericordia. En la Familia, los milagros se hacen con lo que hay, con lo que se tiene a mano. No es lo que soñamos, ni lo que debería ser".

Así, recordó que este año se celebrará el sínodo ordinario dedicado a la familia. “Vamos a encontrar soluciones y ayudas concretas a las muchas dificultades y desafíos que la familia debe afrontar”.

Durante la misa, reveló una anécdota familiar: “Una vez a mi mamá le preguntaron a cuál de sus 5 hijos quería más y ella dijo: ‘Como lo dedos, si me pinchan uno, me duele lo mismo que si me pinchan el otro”. Y acotó: “Una madre quiere a los hijos como son y los hermanos se quieren como son”.

“La institución familiar es la base y la que aporta el bien común de todos”, aseguró.

Antes de la misa, el Papa visitó el santuario de la Divina Misericordia, adonde llegó a las 10:40, hora local, junto al arzobispo de esa ciudad, monseñor Antonio Arregui. Allí pidió a los fieles que recen por él y les aseguró: "Los llevo a todos en el corazón".

"Les doy mi bendición, pero no les voy a cobrar nada", manifestó Francisco minutos antes de dar inicio a la multitudinaria ceremonia.

Durante la tarde regresará a Quito, donde mantendrá un encuentro privado con el presidente Rafael Correa.

 

El pontífice argentino, de 78 años, llegó el domingo a Quito y en su mensaje le recordó a su "querida" Sudamérica, a la que regresó después de dos años, la deuda pendiente con los más frágiles y vulnerables.

Francisco abogó por un "diálogo y participación sin exclusiones", que permita que "los logros en progreso y desarrollo que se están consiguiendo garanticen un futuro mejor para todos, poniendo una especial atención en nuestros hermanos más frágiles y en las minorías más vulnerables, que son la deuda que todavía toda América Latina tiene".

En el parque Bicentenario de Quito, Francisco celebrará otra misa campal el martes, a la que se prevé que asista un número similar de creyentes.

Rosa Elena Lata, una anciana de 82 años, viajó por tierra 16 horas desde el sur de Ecuador para intentar "el milagro celestial" de ver al Papa entre la multitud en Guayaquil.

"Realmente parece Jesús. Yo lo quiero ver porque viéndolo voy a ver a Jesús", dijo esta mujer a la agencia AFP mientras se alistaba para pasar la noche del domingo bajo el calor y la humedad de Guayaquil, el principal puerto de Ecuador.

Ya con la piel enrojecida y sofocadas, decenas miles de personas guardaron vigilia en carpas y bolsas de dormir o incluso sobre cartones.

Francisco, que estuvo en Guayaquil a inicios de los ochenta cuando era rector del colegio argentino San José, visitó el santuario del Señor de la Divina Misericordia, en las afueras, y después llegó a Los Samanes en papamóvil.

Concluido el acto litúrgico, se dirigirá al colegio Javier de los jesuitas, donde almorzará con otros religiosos y descansará un poco antes de regresar a Quito para una reunión con el presidente Rafael Correa y una visita a la catedral metropolitana, en el corazón histórico de la capital.

En ese centro educativo lo esperaba el nonagenario sacerdote Francisco Cortés, conocido como padre Paquito, a quien el Papa le hizo saber, por terceros, que quería verlo después de su último encuentro hace 30 años en Buenos Aires.

"Para mí es un acto de humildad de ese hombre, acordarse de una persona sin ningún mérito y nada especial. Ha insistido en que quiere verme", dijo Cortés en una reciente entrevista a AFP.

"Estoy a lo que venga, si quiere una conversación larga, (será) larga, o corta, corta", afirmó entonces.

Según Cortés, el Sumo Pontífice le guarda agradecimiento por el trato que recibieron los alumnos que ayudó a formar hace décadas.

En sus primeras horas en Ecuador, Francisco ya dio muestras de la sencillez y calidez que lo han hecho famoso en el mundo: dejó que le tomarán selfies en el aeropuerto, permitió que un periodista le besará la mano y salió sorpresivamente a bendecir a los fieles que lo aclamaban de noche en las afueras de la Nunciatura Apostólica, donde se aloja, no sin antes pedirles que dejaran dormir a los vecinos.

En el parque Los Samanes, la popularidad del Papa también es aprovechada por los comerciantes, que, al igual que los fieles, debieron hacer largas vigilias.

Wilington Hincapié, un colombiano de 35 años, viajó 40 horas por carretera hasta Guayaquil para vender rosarios y medallas con la imagen de Francisco. "Me gustaría hacer unas buenas ventas para ir también al parque Bicentenario" en Quito, afirmó a AFP.

Redacción: Leo.bo

Fuente: AFP

06 Julio 2015

Unos 600.000 fieles asisten bajo un sol abrasador a la misa campal que oficia hoy el papa Francisco en Guayaquil, la primera en su gira de ocho días por Sudámerica, según estimaciones de autoridades ecuatorianas.

Al momento del ingreso del pontífice al parque Los Samanes, cerca de 630.000 personas esperaban el mensaje papal, dijo el viceministro del Interior Diego Fuentes en su cuenta de Twitter. Consultado por la AFP, un portavoz de la Iglesia católica ofreció un cálculo similar.

Los organizadores locales habían previsto una asistencia de hasta 1,5 millones de personas en la primera de las dos mismas campales que celebrará Francisco en Ecuador. El otro acto litúrgico se llevará a cabo en Quito este martes y las autoridades aguardan a más de un millón de personas. El acceso al parque Los Samanes, donde fueron habilitados medio millón de metros cuadrados para la misa papal, fue cerrado al público tras el ingreso de Francisco en su papamóvil, según policías consultados en el lugar.

Hace 30 años, unas 300.000 personas asistieron a la misma que ofició Juan Pablo II cerca del mismo sitio donde está Francisco.

Redacción Leo.bo

Fuente: AFP

06 Julio 2015

El papa Francisco, de regreso a la Sudamérica de los "más frágiles", celebra este lunes la primera de las dos misas campales en Ecuador por las que millones de fieles aguardan, exhaustos, tras largas y sacrificadas vigilias.

En el segundo día de la gira que también lo llevará por Bolivia y Paraguay, Francisco viaja temprano desde Quito a Guayaquil (suroeste) para el encuentro multitudinario con los católicos en el parque Los Samanes.

El pontífice argentino de 78 años llegó el domingo a Quito, y en su mensaje le recordó a su "querida" Sudamérica, a la que regresó después de dos años, la deuda pendiente con los más frágiles y vulnerables.

Francisco abogó por un "diálogo y participación sin exclusiones", que permita que "los logros en progreso y desarrollo que se están consiguiendo garanticen un futuro mejor para todos, poniendo una especial atención en nuestros hermanos más frágiles y en las minorías más vulnerables, que son la deuda que todavía toda América Latina tiene".

Un millón y medio de fieles, entre ecuatorianos de todas partes, y peruanos y colombianos que cruzaron las fronteras, son esperados en la liturgia que oficiará el Sumo Pontífice en Los Samanes a partir de las 10:45 locales (15:45 GMT).

En el parque Bicentenario de Quito, Francisco celebrará otra misa campal el martes, a la que se prevé asista un número similar de creyentes.

Rosa Elena Lata, una anciana de 82 años, viajó por tierra 16 horas desde el sur de Ecuador para intentar "el milagro celestial" de ver al papa entre la multitud en Guayaquil.

"Realmente parece Jesús. Yo lo quiero ver porque viéndolo voy a ver a Jesús", dijo esta mujer a la agencia AFP mientras se alistaba para pasar la noche del domingo bajo el calor y la humedad de Guayaquil, el principal puerto de Ecuador.

Ya con la piel enrojecida y sofocados, decenas miles de personas guardaron vigilia en carpas y bolsas de dormir o incluso sobre cartones.

Francisco, que visitó Guayaquil a inicios de los ochenta cuando era rector del colegio argentino San José, visitará brevemente el santuario del señor de la Divina Misericordia, en las afueras, y después llegará a Los Samanes en papamóvil.

Concluido el acto litúrgico, se dirigirá al colegio Javier de los jesuitas, donde almorzará con otros religiosos y descansará un poco antes de regresar a Quito para una reunión con el presidente Rafael Correa y una visita a la catedral metropolitana, en el corazón histórico de la capital.

En ese centro educativo lo espera el nonagenario sacerdote Francisco Cortés, conocido como padre Paquito, a quien el papa le hizo saber, por terceros, que quería verlo después de su último encuentro hace 30 años en Buenos Aires.

"Para mí es un acto de humildad de ese hombre, acordarse de una persona sin ningún mérito y nada especial. Ha insistido en que quiere verme", dijo Cortés en una reciente entrevista a AFP.

"Estoy a lo que venga, si quiere una conversación larga, (será) larga, o corta, corta", afirmó entonces.

Según Cortés, el sumo pontífice le guarda agradecimiento por el trato que recibieron los alumnos que ayudó a formar hace décadas.

En sus primeras horas en Ecuador, Francisco ya dio muestras de la sencillez y calidez que lo han hecho famoso en el mundo: dejó que le tomarán selfies en el aeropuerto, permitió que un periodista le besará la mano y salió sorpresivamente a bendecir a los fieles que lo aclamaban de noche en las afueras de la Nunciatura Apostólica, donde se aloja, no sin antes pedirles que dejaran dormir a los vecinos.

En el parque Los Samanes, la popularidad del Papa también es aprovechada por los comerciantes, que, al igual que los fieles, debieron hacer largas vigilias.

Wilington Hincapié, un colombiano de 35 años, viajó 40 horas por carretera hasta Guayaquil para vender rosarios y medallas con la imagen de Francisco. "Me gustaría hacer unas buenas ventas para ir también al parque Bicentenario" en Quito, afirmó a AFP.

Redacción: Leo.bo

 

Fuente: AFP

03 Julio 2015

El presidente de Ecuador, Rafael Correa, pidió esta noche a sus seguidores que salieron a manifestarse en Quito gritar: "Fuera golpistas fuera", en respuesta a la consigna "Fuera Correa fuera", que los opositores a su gobierno  corean hoy también en la capital ecuatoriana.

"Fuera golpistas, fuera", se escuchó en la Plaza de la Independencia, en donde fue difícil movilizarse, por la alta cantidad de personas convocadas por Correa.

El mandatario se dirigió desde el micrófono, en varias ocasiones desde el Palacio de Carondelet y por la noche desde la tarima instalada, sin autorización del Municipio de Quito, al noroeste de la Plaza Grande.

"Aquí se queda Correa", cantaban sus seguidores. "Aquí se queda la clara, la entrañable transparencia, de tu querida presencia/ comandante Che Guevara", coreaba la gente.

Y el presidente Correa, quien vestía terno y camisa formal sin corbata, sonreía, antes de insistir en que la burguesía estaba de luto y en que si querían sacarlo del Gobierno lo hagan en las urnas, en las elecciones presidenciales del 2017.

"Unos cuantos oligarcas de luto gritan Fuera Correa, fuera. Me preocuparía si ellos gritaran quédate Correa", dijo el mandatario ecuatoriano. En la tarima también estuvieron dos ministras, de coordinación del área social y de Inclusión Social.

Hacia el final de la jornada, se registraron enfrentamientos aislados entre opositores y policías en el centro de la capital, que dejaron algunos lesionados, según observó un equipo de la agencia AFP. Los manifestantes intentaron romper un cerco de uniformados, que reaccionaron con escudos y bastones.

Acosado por protestas frecuentes que exigen su salida del poder desde el 8 de junio, en rechazo a sus políticas de corte socialista, Correa salió al balcón del palacio presidencial para agradecer el respaldo de sus seguidores tras denunciar una supuesta intentona golpista.

"Les agradezco mucho su solidaridad, su apoyo, y les pido disculpas a todos los ecuatorianos, (porque) deberíamos estar en un período de profunda serenidad, reflexión, esperando a su santidad el papa Francisco", sostuvo un animado Correa.

De forma simultánea, organizaciones opuestas al gobierno marcharon desde dos puntos de la capital hacia una plaza próxima a la sede de gobierno, en el centro de Quito. La protesta fue encabezada por sindicatos, indígenas y organizaciones políticas que se movilizaron ondeando banderas negras y al grito de "¡Fuera Correa, Fuera!".

La policía ubicó barreras de efectivos con escudos para impedir choques entre los bandos.

"Dijimos al Ecuador y al mundo que íbamos a hacer una marcha pacífica y así lo cumplimos. ¡Cómo queda (demostrada) la mentira del gobierno que le dijo al mundo que íbamos a sabotear, que íbamos a botar al presidente!", declaró el líder sindical Mesías Tatamuez.

El miércoles, Correa alertó que el gobierno tenía "claros indicios" de que "golpistas" intentarían tomar el palacio presidencial y convocó a sus seguidores a "repletar" la Plaza de la Independencia, frente a la casa de gobierno.

Las autoridades, que no informaron sobre detenidos, divulgaron imágenes de policías agredidos, mientras por las redes sociales circularon fotos de supuestos manifestantes golpeados. Ningún organismo oficial suministró un balance de heridos.

Además de Quito, también se produjo una protesta en la provincia costera de Manabí (suroeste), aunque menos concurrida.

Redacción: Leo.bo

Fuente: AFP

02 Julio 2015

El papa Francisco, arropado con un halo de solidaridad y tolerancia, llegará este domingo a Ecuador, un país donde ocho de cada diez ciudadanos se confiesa católico, aunque otras religiones y sectas bregan por abrirse paso en el campo de la fe.

Jorge Mario Bergoglio, el papa argentino, llega a Ecuador como a su tierra y los ecuatorianos lo recibirán "con los brazos abiertos", como ha dicho su máximo representante político, el presidente Rafael Correa, un católico practicante que se identifica con la Teología de la Liberación.

Después de visitar Ecuador, Francisco irá a Bolivia y luego a Paraguay, en su segunda visita a Suramérica luego de estar en 2014 en Brasil, durante el Encuentro Mundial de la Juventud.

Con más de 16 millones de habitantes, Ecuador, como la mayor parte de América Latina, profesa en primer lugar el catolicismo, religión que intenta mantenerse en ese sitial de privilegio como en los cinco siglos anteriores.

Las estadísticas revelan que la tendencia actual sobre la filiación religiosa en el país mantienen al catolicismo en la cúspide, pues ocho de cada diez ecuatorianos confiesa serlo, aunque también se nota el auge de nuevas corrientes como el protestantismo y hasta de seguidores de Mahoma.

Una encuesta sobre filiación religiosa realizada en 2012 por el estatal Instituto de Estadísticas y Censos (INEC) reveló que el 91,95 por ciento de ecuatorianos consultados aceptó tener una religión, mientras que el 7,94 por ciento se declara ateo y un 0,11 por ciento agnóstico.

El estudio expresó que el 80,44 por ciento de los ecuatorianos afirmaron ser católicos, 11,3 por ciento evangélicos y 1,29 por ciento Testigos de Jehová.

El 0,37 por ciento quienes dicen ser mormones, 0,29 por ciento budistas, 0,26 por ciento judíos, 0,12 espiritistas y 5,92 por ciento de otras religiones.

En cuanto a la práctica religiosa, sólo el 30 por ciento de los ecuatorianos acepta que asiste a algún culto una vez a la semana, un 20 por ciento lo hace una vez al mes, el 15,9 por ciento dice que asiste a los oficios "sólo en ocasiones especiales" y el 7,1 por ciento "nunca".

El INEC sostiene que ese estudio realizado en 2012 puede considerarse como actual, ya que las tendencias no deberían haber variado sustancialmente.

Sin embargo, un estudio del Barómetro de las Américas, del Proyecto de Opinión Pública para América Latina, que congrega a instituciones académicas de la región, señala que el 74 por ciento de la población ecuatoriana es católica, un 8,6 por ciento evangélica y 1,4 por ciento de "religiones tradicionales" andinas.

El informe del Barómetro de las Américas, difundido recientemente por la revista Vistazo, señaló que el 1,2 por ciento de ecuatorianos consultados afirmó que se inclina por religiones orientales no cristianas y el 9,1 por ciento dijo que no profesa ninguna religión.

Analistas han considerado que el auge de nuevas religiones, como la evangélica, se debe a la audacia de sus fieles para convocar a nuevos integrantes, como la visita "puerta a puerta", sobre todo en sectores rurales, indígenas y campesinos.

Justamente la exclusión de la que han sido víctimas amplios sectores sociales ha abierto las puertas para que otras expresiones religiosas disputen la fe al catolicismo.

Por ello, la visita del papa Francisco a Ecuador se presenta como un "aire fresco" para la Iglesia católica, que aún siendo la mayor congregación religiosa del país, enfrenta desafíos para llevar la Palabra más allá de sus tradicionales terruños.  

Redacción: Leo.bo

Fuente: EFE

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