Santa Cruz de la Sierra
28 Junio 2016

Hace más de 10 años que la tecnología del ADN fue utilizada por primera vez como método de identificación genética en el campo de la investigación de especies animales. En la actualidad y tras un largo periodo de investigación, dicha tecnología se ha convertido en una herramienta imprescindible en el análisis de indicios biológicos. La posibilidad de extraer material genético de animales, ha permitido obtener, una información muy precisa acerca de la identidad genética del individuo del cual procede.

Bajo este marco de estudio e investigaciones, se realizó la extracción de muestras de sangre a 5 parabas Barba Azul que se alojan en las instalaciones del Zoológico Municipal con el propósito de conservar la especie, ya que se encuentran en peligro de extinción. Las muestras de estos 5 ejemplares, serán enviadas a un laboratorio en Norte América, donde se hará un estudio para cerciorar las compatibilidades genética para reproducción o emparejamiento con parabas del Centro en el Beni o cualquier parte del mundo ya que se les está realizando la misma toma a parabas que están en conservación o exposición en centros de custodia.

“Este trabajo interinstitucional forma parte de la política que desarrolla nuestra institución, a favor de la investigación y conservación de las especies de animales que se encuentran en peligro de extinción en el país. Estamos muy orgullosos de contar con 5 parabas Barba Azul, en nuestro zoo y de esta forma participar en este proyecto. Incluso nuestro logo del zoo son dos parabas en peligro de extinción por eso nos encontramos muy comprometidos”, informó, el Lic. Mario Daniel Zambrana, Jefe del Departamento de Conservación del Zoológico Municipal.

Cabe destacar que la Paraba Barba Azul (Ara Glaucogularis), es endémica de los llanos de Moxos, en el departamento del Beni, al norte de Bolivia. Donde aún viven en libertad un reducido y alarmante número, de este número derivan los esfuerzos de diferentes instituciones a nivel nacional y mundial por la reproducción de pichones que luego serán puestos en libertad en su habitad natural.

“Sabemos que la cría en cautiverio es una de las actividades más importantes para salvar la especie, seguido de la liberación de aves a su hábitat natural, y para ello necesitamos conocer la variabilidad genética de las aves con las que contamos para realizar el programa de cría en cautiverio. Contamos con el Centro de Custodia Paraba Barba Azul de Sachojere en el Beni, donde estudiamos y brindamos readaptación a estas aves, nuestro objetivo es repoblar la especie”, declaró, José Antonio Díaz, director del Proyecto Paraba Barba Azul.  

Después de enviadas las tomas, se esperará un promedio de 4 meses para recibir los resultados del estudio y a nivel nacional se gestionará el intercambio de especímenes para la gestación de los pichones. Este programa de cría funcionará en el Centro de Custodia Paraba Barba Azul de Sachojere y en el Zoológico Municipal de Santa Cruz de la Sierra. Culminó Zambrana.

Redacción: Leo.com.bo
Fuente: GAM

 

26 Octubre 2015

Las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial fueron duras en la Holanda ocupada por los nazis. A instancias del Gobierno holandés en el exilio, los ferrocarriles se pusieron en huelga en septiembre de 1944, y los ocupantes alemanes embargaron en represalia todos los transportes de comida al oeste del país. A partir de noviembre, cuando el frío colaboró congelando los canales, se desató el Hongerwinter, el invierno del hambre, que mató a 20.000 personas y mandó a otros cuatro millones a la sopaboba. Audrey Hepburn fue una de las niñas afectadas.

El hambre –y la ocupación—se acabaron en mayo de 1945, pero sus efectos, de forma sorprendente, perduran hasta hoy. Las mujeres que estaban embarazadas durante el Hongerwinter tuvieron hijos y nietos afectados de obesidad, intolerancia a la glucosa, diabetes y enfermedad coronaria. En algunos de los nietos, se ha podido demostrar en 2008 que esas características estaban asociadas a cierta modificación singular (metilación del ADN) en los genes clave del metabolismo del azúcar. Son las marcas de fábrica del cambio epigenético.

Esos cambios no afectan a la secuencia de ADN (gatacca...), sino a otras cosas que se le pegan encima (de ahí epi-) y afectan de manera crítica a su actividad. Los principales son los radicales más simples de la química orgánica (metilos, –CH3) y unas proteínas llamadas histonas, que a su vez también pueden modificarse por metilación y de otras formas. Estas modificaciones ocurren en respuesta al entorno, pero pueden ser muy estables y transmitirse hasta tres o cuatro generaciones después. No más allá, aparentemente.

El Hongerwinter es un raro experimento –uno de esos experimentos que normalmente no se pueden hacer en humanos—, y la mayor parte de lo que se sabe sobre la herencia de los caracteres adquiridos se ha aprendido en ratones en los últimos años. Johannes Bohacek e Isabelle Mansuy, del Laboratorio de Neuroepigenética de la Universidad de Zurich, compilaron los datos el mes pasado en Nature Review Genetics, centrándose sobre todo en el ángulo más chocante de este fenómeno: la herencia de los comportamientos adquiridos.

“Las experiencias con el entorno”, escribe Mansuy, pueden modificar el comportamiento social, emocional y cognitivo durante la vida del individuo, y resultar en rasgos de comportamiento que se pueden transmitir a las generaciones subsiguientes”. La condición para ello, desde luego, es que las modificaciones afecten a la línea germinal: óvulos, espermatozoides y las células que los producen en las gónadas. Sin pasar por ahí no se puede trasmitir nada, ni genética ni epigenéticamente.

La mera frase “herencia de los caracteres adquiridos” sonaría como una herejía a oídos de cualquier biólogo del siglo XX. Es la definición común del lamarckismo. ¿Cómo evolucionó el cuello de la jirafa? Lamarck, el mayor evolucionista anterior a Darwin, propuso que los esfuerzos de cada jirafa por alcanzar las hojas más altas de los árboles estirarían su cuello, y que ese alargamiento se transmitiría a la descendencia.

La selección natural propuesta por Darwin ofrece una explicación radicalmente distinta: la longitud del cuello varía un poco al azar en cada generación; las pre-jirafas que no alcanzan las hojas mueren sin descendencia, y las únicas que sobreviven son las que nacieron con el cuello un poquito más largo; si ocurre lo mismo una generación tras otra, acabamos generando el cuello de la jirafa por selección natural.

Pese a que la mayoría de los datos provengan de modelos animales, Mansuy está convencida de que este tipo de herencia –epigenética, o lamarckiana si se quiere, aunque ella no utiliza esa palabra tóxica— es crucial para la genética médica. “Ayuda a explicar el origen y la heredabilidad de enfermedades psiquiátricas tan comunes como la depresión, las alteraciones de la personalidad, la ansiedad y el autismo”, dice.

Aclarar sus mecanismos, por tanto, puede tener importancia para su diagnóstico, y tal vez para su prevención. El sueño de poder aliviar esas enfermedades borrando las modificaciones epigenéticas pertinentes es, de momento eso, un sueño. Pero no hay ningún impedimento de principio para que algún día lejano sea posible.

Ya lo ven. Aunque no explique el cuello de las jirafas, la herencia de los caracteres adquiridos existe, y tiene importancia médica. ¿Vuelve Lamarck? En cierto modo nunca se fue: el propio Darwin consideró mecanismos lamarckistas para acelerar la selección natural. Esa es la situación a la que parecemos volver después de un siglo XX lleno de dogmatismos poco científicos. Permanezcan con la mente abierta.

Redacción: Leo.bo

Fuente: EFE

13 Agosto 2015

Un grupo de 26 destacados genetistas pidió tomar medidas para controlar una nueva técnica de ingeniería genética conocida como crispr / cas.

Entre las aplicaciones de la revolucionaria técnica de edición genómica (crispr/cas, cuyas inventoras recibieron el último Príncipe de Asturias) hay una que ha puesto los pelos de punta a los propios genetistas que la usan.

Se llama “reacción en cadena genética”, o “impulso genético” (gene drive), y causa la propagación de modificaciones genéticas no ya entre las células de un individuo, sino por todos los individuos de una población. Se acaba de demostrar en moscas, el organismo modelo de la genética por excelencia. Pero la gran virtud de crispr/cas es precisamente que sirve para cualquier especie, incluida la nuestra.

Los científicos, entre ellos muchos líderes del campo, recomiendan que estos experimentos se sometan a una batería de medidas de confinamiento que impida su escape accidental y propagación por la naturaleza. Estos 26 investigadores hacen públicas sus recomendaciones en Science. Las posibles aplicaciones en humanos son por el momento ciencia ficción, aunque puede ser un buen ejercicio para novelistas imaginar alguna de ellas. Por ejemplo, en manos de un psicópata rabioso o de un político canalla.

El impulso genético es en realidad un fenómeno que existe en la naturaleza, y hay científicos que piensan que es importante para la especiación, o generación de nuevas especies en la evolución. Nuestras células tienen dos copias de cada gen y cada una tiene 50% de probabilidad de pasar a la descendencia. Pero hay genes que manipulan ese juego justo y aumentan sus probabilidades. A lo largo de las generaciones, incluso una pequeña ventaja puede bastar para que ese gen se imponga en la población.

El gen artificial introducido por el investigador en el organismo sigue activo y es capaz de convertir el gen natural que tiene en frente en una copia de sí mismo. El proceso no para nunca, y es tan eficaz que propaga el gen artificial por toda la población en pocas generaciones. De ahí su apodo de “reacción en cadena”.

El experimento en la mosca es obra de Valentino Gantz y Ethan Bier, de la Universidad de California en San Diego, y se publicó en marzo. Cabe mencionar que Gantz y Bier son dos de los 26 científicos que ahora firman la nota de alerta.

El objetivo de los científicos interesados en la reacción en cadena es sensato. Quieren diseñar métodos eficaces para alterar la genética de las poblaciones naturales de, por ejemplo, los mosquitos que transmiten la malaria y otras enfermedades que son un grave problema de salud pública en los países en desarrollo.

También se proponen erradicar las especies invasivas que se han introducido —por error, descuido o un interés económico mal evaluado— en ecosistemas que pueden sucumbir a ellas. Y controlar las plagas más dañinas para la agricultura, como una alternativa al uso extensivo de pesticidas que dañan al medio y a los polinizadores naturales como abejas y abejorros.

Son fines nobles, pero mientras se desarrollan estos métodos existe el riesgo obvio de que los insectos manipulados se escapen al campo y armen una catástrofe ecológica.

“Uno de los grandes éxitos de la ingeniería es el desarrollo de sistemas de seguridad”, dice George Church, jefe de biología sintética del Instituto Wyss de Ingeniería Inspirada en la Biología de la Universidad de Harvard, “como, por ejemplo, redondear las esquinas de los objetos o la invención de los airbags para el coche. En la ingeniería biológica queremos emular ese proceso de seguridad”. Church, que es un genetista famoso por su audacia, ha intervenido en el desarrollo de sistemas de bioseguridad para los sistemas de edición genómica, incluida la reacción en cadena.

El grupo de los 26 ha sido coordinado por Church, su colega Kevin Esvelt y el biólogo del desarrollo Ethan Bier, de la Universidad de California en San Diego. Además de llamar la atención de otros científicos interesados en la reacción en cadena genética, proponen ya una serie de medidas concretas que constituyen una batería de barreras de confinamiento para los organismos manipulados. También hacen una llamada a la transparencia informativa y la discusión pública.

Redacción: Leo.bo

Fuente: EFE

22 Julio 2015

El continente americano fue poblado por una gran ola migratoria hace menos de 23.000 años y algunos indios de la Amazonia tienen ascendencia común con los aborígenes australianos, según 2 estudios.

Antropólogos y arqueólogos debaten desde hace tiempo sobre los orígenes de los primeros pobladores de las Américas. La tesis más aceptada es la de inmigrantes llegados de Asia que atravesaron la franja de tierra que unía Alaska con Siberia, hoy sumergida en el estrecho de Bering. Sin embargo, la pregunta de cuántas corrientes migratorias sucesivas hubo y en qué momento ocurrieron sigue abierta. Basándose en estadísticas genéticas de individuos antiguos y modernos de las Américas, Siberia, Oceanía, Europa y África, Maanasa Raghavan de la Universidad de Copenhague y sus colegas aseguran que los primeros amerindios llegaron de Siberia en una sola ola migratoria, hace menos de 23.000 años.

Los migrantes permanecieron inicialmente entre Alaska y Siberia oriental durante 8.000 años, antes de seguir su camino y repartirse a lo largo de las Américas. Según el estudio, publicado el martes por la revista norteamericana Science, las diferencias genéticas entre las poblaciones amerindias actuales provendrían no solo de distintas corrientes migratorias sino de encuentros que se produjeron después de la gran migración inicial. David Reich y Pontus Skoglund de la Escuela de Medicina Harvard de Massachusetts compararon el genoma de 309 poblaciones amerindias de América Central y del Sur con el de 197 personas a través del mundo.

Redacción Leo.bo

Fuente: AFP

10 Marzo 2015

Los otros tres hijos de la pareja tienen una mezcla de rasgos de su padre y su madre, pero en el insólito caso de Lucy y Maria ellas son completamente diferentes a pesar de ser hermanas mellizas.

"Cuando hablamos con otras personas nadie nos cree que somos mellizas, porque Maria es negra y yo soy blanca", asegura Lucy, según publica el sitio World Wide Features. Y agrega: "Incluso cuando nos vestimos igual seguimos sin parecer hermanas, y mucho menos mellizas". Una gran verdad, aunque observando las fotografías no hace falta que lo diga...

Las hermanas, que nacieron en el Reino Unido en enero de 1997, cuentan que cuando hacen nuevos amigos ellos nunca les creen que son mellizas, e incluso algunos les han pedido que les muestren sus certificados de nacimiento para comprobar que ambas son lo que dicen ser.

Su padre es Vince Aylmer, de tez blanca, mientras que su madre se llama Donna Douglas, cuyo color de piel es negro y es mitad jamaiquina.

Este caso es tan poco común dentro de una pareja birracial que espera mellizos que la probabilidad de que su color de piel sea distinto es de 1 en 500, según los datos que maneja la cadena BBC.

Sin embargo, las hermanas Aylmer aseguran que están orgullosas de su peculiaridad. "Estamos orgullosas de ser mellizas: a Maria le encanta decirle a la gente en la universidad que tiene una melliza blanca. Y yo estoy muy orgullosa de tener una melliza negra", afirmó Lucy.

Redacción: Leo.bo      

Fuente: Tvnws

03 Septiembre 2014

Los estudios genéticos a restos fósiles modificará la interpretación de la evolución humana, afirma Robert Sala, responsable científico del XVII Congreso mundial de Prehistoria y Protohistoria, que comenzó el lunes en Burgos (norte de España) con la participación de más de 1.500 científicos.

Sala recordó que la aplicación de la genética a la Paleontología es algo muy reciente y aporta información que no se conocía hasta ahora, ya que sólo se estudiaban los restos desde el punto de vista morfológico y anatómico.

Un ejemplo de la “revolución” que puede suponer el estudio genético aplicado al estudio de los fósiles es el artículo científico realizado por un equipo liderado por Juan Luis Arsuaga, uno de los codirectores del complejo arqueológico de Atapuerca, en Burgos y donde se encontró la que se considera la especie europea más antigua, con más de 800.000 años.

Dicho texto concluyó que los restos hallados en la Sima de los huesos de Atapuerca, que anatómicamente son muy parecidos a los neandertales, tienen relación genética con fósiles del llamado hombre de Denisova, en Siberia.

Aunque consideró que faltan elementos para definir mejor esta relación, dado que hay pocos restos del hombre de Denisova, recordó que la comunidad científica no cuestionó ese artículo porque la prueba genética “es determinante”.

Otra evidencia de la importancia de los estudios genéticos es el establecimiento de una relación entre los neandertales y el Homo sapiens, que hasta hace poco se creía inexistente.

Las pruebas de ADN mitocondrial, que se transmite por vía materna, establecían que no había relación, pero cuando se pudo extraer ADN nuclear se vio que el Homo sapiens, la población actual, en Europa y Asia tiene algunos restos de ADN neandertal, por lo que en algún momento compartieron un padre común.

Sin embargo, esto es algo que no ocurre en la población de Homo sapiens africana.

De hecho, el estudio de ADN puede ayudar a revisar el árbol genealógico del género homo que los científicos manejan en las últimas décadas.

Para el profesor José Luis Lanata, de la Universidad de Río Negro (Argentina), todos los hallazgos provocan debates y puede darse el caso de que se elaboren varias teorías de árboles genealógicos que convivan durante un tiempo y sean objeto de debate, porque “es así como avanzan la ciencia y el conocimiento”.

Consideró lógico que este tipo de cambios se produzcan cada vez más rápido, porque un debate científico de este nivel era muy difícil hace unos años, por la dificultad de movilidad de los expertos y, sobre todo, de las comunicaciones entre ellos, que ahora se pueden hacer casi en tiempo real.

El profesor Tim Denham, de la Universidad Nacional de Australia en Camberra, aseguró por su parte que la revolución que supuso el inicio de los cultivos en el Neolítico tuvo efectos “muy diferentes” en Europa frente a territorios alejados como Papúa-Nueva Guinea.

En ambos casos, el inicio de los cultivos se sitúa hace unos 7.000 años, explicó Denham en una rueda de prensa antes de ofrecer su conferencia en el Congreso.

Redacción: Leo.bo               

Fuente: EFE

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