Santa Cruz de la Sierra
20 Septiembre 2018

La forense Ángela Terán, que realizó una necropsia al cuerpo del bebé Alexander, confirmó este jueves que el menor no sufrió ninguna agresión sexual y en el juicio sobre este caso defendió su estudio, pero no fue considerado por las autoridades judiciales para dictar la sentencia.

“Cuando hay alguna duda sobre una muerte se realiza la necropsia, entonces yo hice mis actuados y dentro de lo que se ha podido hacer y observar pericialmente es que no había una lesión compatible con agresión sexual”, dijo Terán.

Sin embargo, la Fiscalía, para sostener su acusación, aseguró que el bebé Alexander fue violado y en base a esta postura consiguió que el médico Jhiery Fernández sea condenado a 20 años de prisión.

“Pero yo hice mi informe (sobre la necropsia) y también fui a defender al juicio, (donde) básicamente me he ratificado en mi informe, expliqué de forma muy detallada y todos de la audiencia lo saben, (yo dije) que no encontraba dentro de mi ciencia, dentro de mi experiencia y pericia una lesión compatible de esas características, (es decir) la violación”, insistió Terán, en declaraciones a Unitel.

Redacción: Leo.com                      

Fuente: Radiofides

 

30 Agosto 2018

“violaciones y agresiones sexuales” son las acusaciones que recaen hoy en los hombros del actor francés Gérard Depardieu. Ante la denuncia presentada la fiscalía de París ha empezado un proceso de investigación, preliminar, alrededor del reconocido intérprete.

Según información de Le Parisien, las acusaciones presentadas han sido por parte de una joven actriz y bailarina también de origen francés, quien además tiene 22 años de edad, y ha señalado que Gérard Depardieu abuso de ella en dos ocasiones, y según informó el portal Infobae, estas fueron el 7 y el 13 de agosto respectivamente.

Agencias internacionales informan que el actor “niega absolutamente toda agresión, toda violación”, según declaraciones de su representante legal Hervé Temime.

Estas acusaciones en contra del reconocido astro francés, se suman a una larga lista de actores que han empezado a caer después del escándalo protagonizado por el productor Harvey Weinstein.

Redacción: Leo.com                      

Fuente: Teleshow

 

03 Mayo 2018

La polémica con Bill Cosby continúa acentuándose en la prensa rosa de los Estados Unidos, incluso luego de que los tribunales lo declararán culpable por agresión sexual.

“En el caso de Bill Cosby, acusaciones sin probar evolucionaron en linchamientos”, denunció Camille Cosby en un comunicado de tres páginas donde evoca la condena de otros dos hombres negros que eran inocentes y denuncia el racismo contra su marido.

“Una vez más, una persona inocente ha sido declarada culpable con base a una histeria sin cuestionamiento, impensada, inconstitucional propagada por los medios”, dijo. “Esto es un linchamiento, no es justicia real. Esta tragedia debe resolverse no solo por Bill Cosby, sino por el país”.

Hace una semana, tras 14 horas de discusiones, un jurado de Pensilvania declaró al actor estadounidense Bill Cosby, de 80 años, culpable de drogar y agredir sexualmente a Andrea Constand, de 45, en enero de 2004.

El comediante corre el riesgo de ser sentenciado a un máximo de 30 años de cárcel. Un primer juicio celebrado el año pasado, pocos meses antes del surgimiento del movimiento #MeToo contra el abuso sexual, fue anulado luego de que el jurado fracasó en alcanzar un veredicto unánime tras 52 horas de deliberaciones.

El ícono de la televisión estadounidense, adorado por millones por su rol de afable padre de familia en el exitoso ‘The Cosby Show’ (1984-1992), anunció que apelará la condena. Está en arresto domiciliario tras pagar una fianza de un millón de dólares.

Unas 60 mujeres que en el pasado fueron aspirantes a actrices o modelos, acusaron a Cosby públicamente de abuso o agresión sexual, pero el actor solo fue juzgado por la agresión denunciada por Constand, ya que las demás habrían ocurrido hace demasiado tiempo y los supuestos delitos han prescrito.

La condena de Cosby enterró la carrera de un gigante de la cultura popular estadounidense del siglo XX, un hijo de una empleada doméstica que se convirtió en el primer actor negro en ocupar un rol protagónico en horario estelar en la pantalla chica en Estados Unidos, y el primer afroestadounidense en ganar un Emmy en 1966.

Redacción: Leo.com                                          

Fuente: AFP

24 Abril 2018

Una masajista demandó a Stan Lee, creativo de la famosa editorial Marvel Comics, por agresión sexual, acusándolo de tocarla inapropiadamente y de mala conducta durante sesiones en el marco de un conocido evento el año pasado en Chicago.  

María Carballo presentó una demanda de cinco cargos el lunes, alegando que Lee, de 95 años, la agredió acariciándose y tocándola con sus genitales.

La demanda exige una compensación de al menos 50.000 dólares por daños y perjuicios y los honorarios de abogados por cada uno de los cinco cargos, según representantes legales.

En la demanda se afirma que los incidentes tuvieron lugar en abril de 2017, cuando el cocreador de muchos personajes de superhéroes, incluidos Pantera Negra y el Hombre Araña, se encontraba en la ciudad participando de la feria Chicago Comic & Entertainment Expo.

El abogado de Lee, Jonathan Freund, negó las acusaciones al periódico Chicago Tribune: "Es una figura pública de alto perfil y creo que es un chantaje", dijo.

"Tiene 95 años, no creo que haya hecho eso eso", resaltó.

La demanda de Carballo afirma que fue enviada en dos ocasiones a la suite de hotel de Lee en el McCormick Place Hyatt Regency.

Durante la primera sesión, Lee supuestamente se acarició el área genital, provocando que Carballo se detuviera y se fuera antes de finalizar el masaje.

Carballo sostiene que Lee se disculpó a través de su empresa y regresó para una segunda cita de masaje al día siguiente, durante la cual empleó una técnica de masaje usando los pies en lugar de las manos.

Ella acusa a Lee de acercar su pie a sus genitales, lo que la obligó a irse una vez más.

Los presuntos incidentes son anteriores a la repercusión mundial de las campañas feministas #MeToo y #TimesUp.

Al principio, Carballo temía que quejarse de las acciones de Lee la afectara negativamente en su trabajo, según la firma de abogados que la representa, pero luego cambió "después de haber visto a otras mujeres pelear para ser tratadas con dignidad y respeto".

Redacción: Leo.com                                          

Fuente: AFP

01 Enero 2018

Eran las 5 a.m. del lunes 16 de octubre. Había alimentado a mis gemelos recién nacidos y los había vuelto a dormir. Lo que debería haber hecho era dormirme yo. En cambio, estaba usando mis dedos para escribir, borrar, volver a escribir, borrar. Cuando mi hija de 3 años y mi hijo de 4 años se despertaron casi dos horas después, todavía estaba tratando de determinar cómo unirme al hashtag #MeToo que domina mi feed de Twitter.

Yo también fui violada por un hombre cuyo poder y riqueza empequeñecían la mía. Yo era su pasante, al comienzo de mi carrera. Tenía una lista de contactos llena de gente que aspiraba a trabajar con él, el respaldo de una institución formidable, decenas de millones de dólares a su disposición. Tecleé en mi teléfono las amenazas que había hecho para destruirme. Escribí sobre lo impotente que me sentí al descubrir que había contratado a un investigador privado para revisar mi vida en lugares tan lejanos como mi casa en Australia y sobre el miedo que me había llevado a mudarme de apartamento. Pero para el martes por la tarde, todo lo que pude reunir fue "#metoo", una contribución desprovista de cualquier información que pudiera conectarme con el hombre cuya sombra se ha asomado durante gran parte de mi vida adulta o con aquellos que deberían haberme protegido de él.

En las semanas que siguieron, me tambaleé entre los flashbacks y las responsabilidades actuales a medida que llegaban más revelaciones de acoso sexual y abuso por parte de hombres poderosos. Las mujeres se arriesgaban mucho para hablar públicamente sobre los hombres que las habían perjudicado y los resultados fueron impresionantes. Con tantas mujeres poniéndose en la línea, ¿qué pasaba conmigo?

Los medios han enfatizado ejemplos de asalto sexual y hostigamiento relacionados con carreras, donde este nombramiento y la averiguación pública han sido las únicas acciones disponible para eliminar el poder que permitió depredadores como Harvey Weinstein. Pero hay otros escenarios, el más común es el de los que involucran perpetradores sin perfil público.

En mi caso, identificar a este hombre públicamente sería una forma de venganza, contra él y contra aquellos cuya llamada política de prevención había sido "estar atentos" a las jóvenes que contrató. Pero la venganza es solo una parte de la justicia. Para mí, la disuasión es lo más importante. Y en esa métrica, nombrarlo lograría poco más allá de lo que ya se había asegurado, mientras incurría en costos debilitantes.

Más de una década atrás me había alegrado cuando me ofreció un puesto como interna. El trabajo era en el campo que me apasionaba y el salario era el doble del actual para una pasantía. No tenía idea de que ya había en marcha un plan para evitar que contratara mujeres jóvenes internas. Me sentí increíblemente afortunada de que me pagaran por el trabajo que quería hacer.

No tengo ningún interés en contar para consumo público los detalles de la noche, nueve meses después de que comenzara mi pasantía, cuando me violó. No sirve de nada ni a mí ni a nadie describir cómo me sentí al recobrar el conocimiento desnuda en su bañera o intentar salir de su apartamento. Más tarde, en el hospital, solo di los detalles más insignificantes para obtener las pruebas y el tratamiento que necesitaba. Traté de seguir adelante.

Tenía todos los motivos para creer que él podría cumplir su amenaza de destruirme si le contaba a alguien. Así que me senté, mes tras mes, en un espacio imposible. Intenté evitar estar en su presencia mientras hacía lo que podía para aplacarlo. Me liberé de su nómina, pero su nombre se cruzó con todo en lo que trabajé. La energía mental que gasté cada día para levantarme e interactuar con el mundo como si estuviera bien constituía un trabajo a tiempo completo.

Dos largos años después, presenté una queja interna. Fue la decisión más irracional que haya tomado: era una víctima imperfecta con un historial que sabía que él usaría en mi contra. Tenía todo que perder y nada que ganar, salvo el conocimiento de que ya no sería cómplice del sistema que lo había habilitado. El proceso de hacer mi reclamo exigió un costo inaceptable del que todavía no me he recuperado. Pero al final, su fácil acceso a las mujeres jóvenes como yo había sido desmantelado, trayéndome una sensación de paz muy necesaria.

Fui la primera en mi familia en ir a la universidad; la oportunidad de una carrera de mi elección, fuera de la fuerza de trabajo de salario mínimo, fue ganada con esfuerzo y no como algo a lo que estuve dispuesta a renunciar. Seguí trabajando en los temas que me interesan como abogada y periodista, en lugares de trabajo que van desde la Corte Penal Internacional hasta Reuters. Ahora soy profesora de derecho en la American University. Pero el legado de lo sucedido persiste.

El mapa mental de mi mundo profesional está definido por el hombre que me violó y quienes en nuestro campo lo protegieron; navego en consecuencia. En forma rutinaria, evalúo, antes de cada nueva interacción, cuántos grados de separación hay entre él y la persona con la que hablaré. Inicialmente, cuando se producían contratiempos, era difícil evitar cuestionar qué papel podrían haber jugado él o sus aliados. Con el tiempo, me entrené para dejar de pensar en esas posibilidades; hazlo mejor, trabaja más duro.

Nombrarlo ahora lo devolvería a la vanguardia de mi existencia. Me obligaría a revivir, una vez más, todos los detalles de una experiencia que desearía que nunca hubiera sucedido. Significaría entregar otro gran pedazo de mi vida a algo que nunca quise en mi vida, en primer lugar. Y esta vez, sería no solo yo, sino también mi familia, colegas y estudiantes quienes compartirían los costos de esa retraumatización.

Estudio movimientos de defensa a gran escala. Los dirigí, los observé, escribí sobre ellos. Cada uno es producto de su tiempo y lugar, por lo que hacer generalizaciones es complicado. Pero un hilo común es que replican la dinámica de las sociedades donde surgen. Por lo tanto, no debería sorprender a nadie que las personas que encabezan este momento de escrutinio cultural sean las personas que tienen el privilegio de hablar en nuestra sociedad en general.

Las campañas en las redes sociales como #MeToo tienden a ver "crear conciencia" como un fin en sí mismo, en lugar de un medio para un fin. En este caso, la difusión del hashtag ha sido valiosa: ha ampliado la participación más allá de las víctimas de personas a las que los medios de noticias tienen interés en informar. Ha revelado la verdadera escala del problema y ha demostrado que no se limita a sectores de alto perfil como el entretenimiento, el periodismo y la política.

Pero campañas como esta a menudo pierden fuerza antes de lograr algo concreto. E incluso aquellos que evitan esta trampa pueden encontrarse con otro problema: utilizan el poder que acumulan al crear conciencia principalmente para impulsar soluciones visibles que se pueden implementar rápidamente, como los recientes despidos de hombres famosos. Estos pasos inmediatos crean un circuito de retroalimentación para sentirse bien.

No hay nada necesariamente incorrecto con algunas victorias rápidas para aumentar la moral de todos los involucrados. Pero tales respuestas tienen sus límites: son soluciones superficiales. Con el tiempo, desplazan el trabajo de bajo perfil que finalmente podría crear los cambios estructurales necesarios para resolver realmente el problema.

Mi temor es que el inmenso poder de #MeToo esté a punto de derrocharse. Nos arriesgamos a felicitarnos por una serie de despidos de alto perfil que abordan los daños particulares sufridos por un subconjunto privilegiado de víctimas, sin siquiera lidiar con los daños que se producen en todos los ámbitos.

Para muchos observadores, los últimos meses han sido gratificantes; acciones previamente inimaginables se han tomado en nombre de las mujeres. Esa no ha sido mi experiencia. Durante semanas, la noche en que fui violada, mi informe de ello y las desigualdades de poder, indignidades y degradaciones de la situación han corrido en un ciclo de reproducción mental del que no he tenido control. Me he sentido presionada para participar en el acto de presentación pública: este hombre, en este momento, con estos detalles. Un momento de empoderamiento masivo de las mujeres ha sido una gran pérdida de poder para mí.

Lo que he necesitado es el tiempo para desentrañar mis sentimientos y cuestionar cuidadosamente lo que podría perder o ganar en este momento. He llegado a la conclusión de que, después de haber pasado la última década tratando de alcanzar un statu quo vagamente habitable, no estoy dispuesta a ponerlo todo solo por venganza. Otros pueden haber decidido de manera diferente. Pero si el empoderamiento significa algo, debe implicar la capacidad de las personas para tomar sus propias decisiones en función de sus propias circunstancias tal como las ven. Para mí, hablar de esta manera limitada todavía me libera del peso muerto del silencio y me permite contribuir a lo que finalmente es una conversación seria sobre asalto sexual y acoso.

Si el poder de #MeToo ha sido revelar la omnipresencia del asalto sexual y el acoso relacionado con el trabajo, entonces el cambio significativo exige soluciones que aborden la profundidad y amplitud de estos problemas. Esto significa reconocer el conflicto de intereses inherente que surge cuando los departamentos de recursos humanos tienen la tarea de abordar las acusaciones contra los empleados de sus propias empresas, al tiempo que recuerdan que muchas personas que trabajan no tienen un departamento de recursos humanos al que informar. Significa desafiar la enorme disparidad en el acceso a los servicios legales en este país, al tiempo que reconoce que no todos los daños se abordan mejor a través del sistema legal. Significa hacer que más mujeres ocupen puestos de liderazgo, pero no asumiendo que las mujeres siempre sean mejores para enfrentar el abuso y el hostigamiento de sus empleados que los hombres.

Al tiempo que #MeToo se convierte en un movimiento, debemos ser meticulosos para distinguir el comportamiento criminal y no criminal, sin minimizar el efecto de enfriamiento que incluso el comportamiento no criminal puede tener. Necesitamos escuchar a las muchas mujeres (y hombres) cuyas historias no involucran a perpetradores de interés periodístico, y no exigir que la acción de "nombre y vergüenza" de este momento sea el precio de la entrada a la conversación sobre cómo lidiar con todo esto.

También necesitamos superar el fracaso de la imaginación que nos impide ver que podemos tener colegas que nos tratan bien pero que tratan mal a los demás, y que las personas pueden hacer un trabajo admirable, incluso heroico, mientras se comportan de manera que violan los mismos valores que pretenden defender. Es natural querer creer que las personas que nuestra sociedad considera "buenas" no cometerían agresiones sexuales ni acoso, ni protegerían a quienes sí lo hacen. Pero, como demuestra la filantropía de gente como Weinstein y Bill Cosby, eso no siempre es cierto. Y creyendo que esto solo fortalece a los perpetradores que ya tienen capital social para protegerse.

Sobre todo, debemos evitar engañarnos a nosotros mismos de que los comportamientos que nuestra sociedad ha normalizado durante décadas serán desterrados en el transcurso de unos meses dolorosos. El cambio social siempre es un proceso iterativo. La reacción contra el momento actual es inevitable. El desafío será superar la reacción y seguir trabajando, incluso cuando la atención del país se dirija a la próxima crisis. Vale la pena celebrar la caída de hombres predadores con nombres familiares. Pero no es suficiente.

Redacción: Leo.com.bo                                              

Fuente: The Washington Post.

13 Agosto 2015

El fundador de WikiLeaks, Julian Assange, no deberá responder de las acusaciones de agresión sexual de una demandante sueca, puesto que prescribieron este jueves, pero la denuncia de violación presentada por una mujer sigue vigente.

Como no se presentaron acusaciones formales contra Assange, los hechos de agresión sexual prescribieron, ya que tuvieron lugar hace cinco años. "Ahora que prescriben algunas de las infracciones, me veo obligada a clasificar una parte de la investigación", afirmó la fiscal Marianne Ny.

A pesar de ello, nada cambiará en la vida de este australiano de 44 años, quien vive refugiado en la embajada de Ecuador en Londres para escapar de una orden europea de detención emitida por Suecia. Las denuncias de violación interpuestas por otra demandante sueca no prescribirán hasta agosto de 2020, lo cual deja otros cinco años a la policía británica para detener a Assange.

Desde sus inicios, este hipermediatizado caso topó con un embrollo jurídico y diplomático, que no ha permitido por el momento conocer la verdad. Assange, quien no está imputado formalmente de ningún delito, defiende su inocencia, al afirmar que las relaciones sexuales fueron consentidas. Sin embargo, siempre eludió las citaciones de la fiscal encargada del caso, Marianne Ny.

En junio de 2012, tras perder todos sus recursos en Reino Unido donde había fijado su residencia, entró en la embajada del pequeño país sudamericano sin saber que permanecería allí durante cinco años. Ecuador le concedió el asilo político dos meses más tarde y, desde entonces, ha intentado en vano obtener un salvo conducto para trasladarlo a Quito.

Mientras la Fiscalía se obstinaba en pedir la comparecencia de Assange en Suecia, este proponía a los magistrados una audición por videoconferencia o en Londres. Ny aceptó finalmente esta solución en marzo de 2015.

Esta audición todavía no se pudo celebrar a causa de problemas administrativos. Y, sin ella, el caso parecía demasiado débil para presentar cargos, por lo que una de las demandantes suecas vio esfumarse su denuncia. La joven intentaba aceptar este final, según su abogado Claes Borgström.

"Es un sentimiento dividido. Siempre ha estado dispuesta a defender sus acusaciones y a llevar el caso ante los tribunales. Pero, al mismo tiempo, se libera de un peso. Hace cinco años que esto dura y quiere retomar su vida normal", confió el letrado al diario Dagens Nyheter.

La continuidad del procedimiento de aquí a 2020 es incierta. Tras un diálogo de sordos sobre las condiciones jurídicas de la eventual audición en los locales de la embajada ecuatoriana, Suecia y Ecuador acordaron finalmente la redacción de una convención de cooperación judicial entre ambos países.

Pero las negociaciones de los términos de este texto, válidas para futuros casos, debería llevar su tiempo. Julian Assange, responsable de la filtración de miles de documentos secretos estadounidenses que lo convirtieron en un referente, cree que si viaja a Suecia, podría acabar extraditado en Estados Unidos, donde teme ser condenado a muerte por las revelaciones de WikiLeaks.

Según su abogado, la intención del informático australiano nunca fue la de dejar pasar el tiempo, sino la de cooperar con los investigadores desde Londres. "Es inocente, por lo que quiere ser interrogado lo antes posible", aseguró a la AFP su abogado sueco Per Samuelsson a finales de julio.

Redacción: Leo.bo

Fuente: AFP

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