Santa Cruz de la Sierra
12 Abril 2018

Qué hace distinto el cerebro humano al de cualquier otra especie?

Para él a menudo llamado “padre de la neurociencia moderna”, Santiago Ramón y Cajal, al menos parte de la respuesta radicaba en una clase específica de neuronas.

Son -dijo- “células de formas delicadas y elegantes, las misteriosas mariposas del alma, cuyo batir de alas quién sabe si esclarecerá algún día el secreto de la vida mental”.

Esas mariposas del alma despliegan una deslumbrante variedad de formas y patrones de conectividad, y están presentes en mayores proporciones en el cerebro humano que en los cerebros de otras especies.

Ramón y Cajal lo sabía pues dedicó su vida al estudio de la anatomía del cerebro y del sistema nervioso creó miles de dibujos, tan hermosos como precisos, de neuronas y circuitos neuronales que desafiaron el conocimiento de la época y transformaron radicalmente la manera en la que los científicos entendían el funcionamiento del cerebro humano.

Más tarde, a esas células se les dio un nombre más científico -aunque ni los científicos olvidaron el poético y lo siguen citando-: interneuronas.

Conectan a las neuronas sensoriales -que van de tu cuerpo hasta tu cerebro (también llamadas neuronas aferentes)- con las neuronas motoras -que van de tu cerebro hasta tu cuerpo (también llamadas neuronas eferentes)-.

Su rol como transmisoras de información es crítico, de manera que cualquier defecto se expresa en enfermedades como la esquizofrenia, el autismo y discapacidad intelectual.

Así que conocerlas, como bien dijo Ramón y Cajal, posiblemente revelaría al menos parte del “secreto de la vida mental” así como de su salud.

Pero ha sido difícil: a pesar de estudiarlas durante más de un siglo, aún no sabemos por qué las interneuronas son tan diversas ni cuáles son las funciones específicas que desempeñan los diferentes subtipos.

Con las mariposas en la mente

Las mariposas del alma volvieron a revolotear recientemente gracias al descubrimiento de cómo emergen y se diversifican en el cerebro que publicó en la revista Natureun equipo de investigadores del Harvard Medical School (HMS), el New York Genome Centre, la Universidad de Nueva York y el Broad Institute del MIT.

“Sabemos desde hace más de 100 años que en el cerebro existe una gran diversidad de células morfológicamente interesantes, pero sus roles individuales específicos en la función cerebral aún no están del todo claros”, señaló el coautor principal Gordon Fishell, profesor de neurobiología de HMS y miembro del Stanley Centre for Psychiatric Research at the Broad.

“Nuestro estudio proporciona una hoja de ruta para comprender cómo y cuándo se desarrollan subtipos interneuronales distintos, brindándonos una visión sin precedentes de la biología de estas células”, explica.

“Ahora podemos investigar las propiedades de las interneuronas a medida que surgen, descubrir cómo funcionan estas importantes células y quizás incluso intervenir cuando no se desarrollan correctamente en la enfermedad neuropsiquiátrica”.

El destino está escrito desde el origen

Los expertos analizaron células precursoras de interneuronas de diferentes regiones del cerebro de ratones. Sabían que esas células precursoras se desarrollarían en 14 o más subtipos de interneuronas.

Sin embargo, encontraron que al principio de su vida los patrones de expresión genética son muy parecidos.

Eso no deja de ser sorprendente pues las interneuronas son “increíblemente diversas, pero nuestros resultados muestran que los primeros pasos en su maduración son notablemente similares”, señaló Rahul Satija, coautor del estudio y miembro del New York Genome Center.

Aunque “comparten una trayectoria de desarrollo común en las etapas más tempranas, la semilla de la diferencia está en ellas desde el principio“, dijo Satija.

Un puñado de genes determina desde su origen cuál será su destino.

La asociación de algunos de esos genes con enfermedades neuropsiquiátricas podría contribuir al desarrollo de estrategias terapéuticas para tratarlas, una noción particularmente importante dada la escasez de nuevos tratamientos, dijeron los autores.

En los últimos 50 años, no ha habido clases fundamentalmente nuevas de fármacos neuropsiquiátricos, solo versiones renovadas de medicamentos viejos, señalaron los investigadores.

“Nuestro estudio presenta una imagen clara de qué células observar para entender los mecanismos que subyacen a estos trastornos”, dijo Fishell.

“Queda por verse qué encontraremos, pero tenemos una nueva y sólida hipótesis que ahora podemos probar”.

Redacción: Leo.com                                          

Fuente: BBCMundo

 

 

18 Marzo 2018

Un nuevo estudio afirma que hablar con tu perro como lo harías con un bebé es la mejor manera de construir una buena relación con tu cachorro.

La Dra. Katie Slocombe, del Departamento de Psicología de la Universidad de York, quería descubrir si había algún beneficio en la manera en que muchos propietarios hablan con sus perros.

“Se sabe que esta forma de hablar comparte algunas similitudes con la forma en que los humanos hablan con sus perros, conocido como discurso dirigido por perros”, dijo, según informa el sitio web de la Universidad de York.

“Este discurso rítmico agudo es común en las interacciones humanas con perros en las culturas occidentales, pero no se sabe mucho acerca de si beneficia a un perro de la misma manera que a un bebé”.

Investigadores de la Universidad de York reunieron a 37 perros y los colocaron en habitaciones con personas que decían diferentes tipos de frases y usaban dos tipos diferentes de habla.

Primero, los perros escucharon a una persona que les hablaba en “canto de perro”, la clásica voz aguda, junto con frases dirigidas a perros como “¿quién es un buen chico?“.

En una habitación separada, las personas hablaban con los perros en tonos más planos, junto con el discurso dirigido a adultos, como “Fui al cine anoche“.

Los científicos monitorearon a los perros por su atención y descubrieron que optaban por pasar más tiempo con aquellos que hablaban en “lenguaje canino”.

Luego hicieron el experimento al revés, cambiando el tono y contenido del mensaje. La gente hablaba con los perros con voz regular sobre temas relacionados con perros y luego con la voz de “hablar como un perro” sobre temas no relacionados con los perros.

“Cuando mezclamos los dos tipos de discurso y contenido, los perros no mostraron preferencia por un tema sobre el otro”, dijo el estudiante de doctorado de la Universidad de York, Alex Benjamin.

“Esto sugiere que los perros adultos necesitan escuchar palabras relevantes para el perro en una voz emocional aguda para que sea relevante. Esperamos que esta investigación sea útil para los dueños de mascotas que interactúan con sus perros, y también para los profesionales veterinarios

Redacción: Leo.com

Fuente: Tvnws

05 Marzo 2018

La creencia popular asegura que el lunes es el peor día de la semana. Incluso, existe una jornada conocida como «Blue Monday» (Lunes Triste): el tercer lunes de enero, considerado el día más deprimente del año. No obstante, hay estudios que desmontan está extendida teoría y que tratan de quitarle la mala fama al denostado lunes, reseña abc.es.

El martes es el peor día de la semana o, al menos, esa es la conclusión a la que llegaron los investigadores de la Escuela de Economía de Londres. George MacKerron y Susana Mourato, dos miembros de la organización, estudiaron el comportamiento de 22.000 personas –sus cambios de humor y de estado de ánimo– durante dos meses a través de una aplicación de iPhone a la que bautizaron como Mappiness.

Lanzaba dos alertas diarias a los teléfonos móviles de los voluntarios y les preguntaba cómo se sentían, quién los acompañaba, dónde se encontraban y qué estaban haciendo. Como explica The Daily Mail, usando un satélite de sistemas de navegación, la aplicación averiguaba la localización exacta, desvelando a los científicos la relación que había entre el bienestar de los usuarios y en lugar en que pasaban su tiempo.

Según expuso MacKerron al diario británico, «el lunes los efectos del fin de semana no han pasado del todo, pero el martes ya se está metido de lleno en la rutina laboral y el siguiente fin de semana aún se ve muy lejano». De ahí que el martes, en base a este estudio, sea el día más deprimente de la semana. Por el contrario, el sábado se erigió como el mejor, el que más se disfruta.

En cuanto a la hora, los expertos aseguran que depende de la persona y de su biorritmo, aunque coinciden en que después de almorzar es más difícil concentrarse, al igual que a media mañana o a media tarde.

Remedios para repeler el estrés

Pero no todo está perdido, aunque hoy sea martes. Chade-Meng Tan, un antiguo ingeniero de Google que ahora se dedica a dar charlas de autoayuda, da tres claves para acabar con el estrés del día a día.

El primero y más básico, en palabras de Tan, es «calmar la mente». Para ello, el experto aboga por encontrar momentos de relajación durante el día en los que consigamos olvidarnos de todo y podamos ser conscientes de nuestra respiración.

En segundo lugar, el experto considera que hay que fijarse en los pequeños momentos de felicidad que nos da el día y aprovecharlos; hay que evitar también que las cosas negativas que nos suceden durante el día eclipsen a las positivas, que suelen ser más fugaces y efímeras.

Finalmente, el último ingrediente de esta fórmula mágica es desear que las personas que se encuentran a tu alrededor sean felices. Según Tan, las personas más alegres son las que tratan de ayudar al resto. Para ello, el ingeniero explica que hay que entrenar la compasión para que sea una parte indispensable en nuestra vida.

Redacción: Leo.com

Fuente: lapatilla              

20 Febrero 2018

Un alto porcentaje de pacientes con Chagas también está infectado por el parásito intestinal ‘Strongyloides stercoralis’, según un estudio del español Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGLobal).

El estudio que publica la revista Plos Neglected Tropical Diseases establece además que el riesgo de padecer una infección por el helminto intestinal ‘S. stercoralis’ aumenta hasta dos veces en enfermos de Chagas.

La investigación subraya los potenciales beneficios de realizar un cribado combinado para ambas infecciones en adultos latinoamericanos que viven en Europa.

Según el ISGlobal, la enfermedad de Chagas (causada por el parásito ‘Trypanosoma cruzi’) y la estrongiloidiasis (causada por el helminto ‘S. stercoralis’) son enfermedades tropicales desatendidas que comparten una carga epidemiológica similar en Latinoamérica y resultan en infecciones crónicas con alta morbilidad y mortalidad.

En este estudio, los autores buscaron evaluar la asociación entre ambas infecciones en una cohorte de migrantes latinoamericanos atendidos en el Hospital Clinic de Barcelona entre enero 2013 y abril 2015.

Los resultados obtenidos a partir de 361 pacientes muestran que el 14 % de ellos resultó positivo en estrongiloidiasis y el 49 % resultó positivo en ‘T. cruzi’.

Además, el estudio revela que ser de origen boliviano, proceder de una zona rural y haber vivido en una casa de adobe son factores asociados a la infección por ‘T. cruzi’ y que un mayor porcentaje de pacientes con estrongiloidiasis estaba infectado por ‘T. cruzi’, y viceversa.

El análisis estadístico realizado muestra que la infección por ‘T. cruzi’ se asocia con un riesgo dos veces mayor de padecer estrongiloidiasis en migrantes latinoamericanos que consultan en un servicio de enfermedades tropicales, incluso tras ajustar por otras variables epidemiológicas.

“Ambas infecciones están fuertemente influenciadas por factores socioeconómicos y por la deficiencia de sistemas sanitarios”, explicó el investigador del ISGlobal José Muñoz, coordinador del estudio.

“Hemos demostrado ya el beneficio de hacer un cribado sistemático para Chagas en adultos latinoamericanos que viven en Europa, aunque no tengan síntomas”, añadió Joaquim Gascón, director de la Iniciativa de Chagas en ISGlobal y coautor del estudio.

Por ello, los autores concluyen que, dada la alta prevalencia de estrongiloidiasis en pacientes infectados por Chagas, debe considerarse la posibilidad de hacer un cribado combinado para los adultos latinoamericanos que viven en Europa.

Redacción: Leo.com                   

Fuente: EFE

03 Enero 2018

Este trastorno mental grave afecta a entre un 1 y un 2% de la población, pero sus síntomas leves, en cambio, son muchos más frecuentes. Así lo revelaron un equipo de científicos de Cataluña, España.

Un estudio realizado por el Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge (IDIBELL) y el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), centro impulsado por la Fundación Bancaria”la Caixa”, asocia por primera vez síntomas obsesivo-compulsivos leves, presentes en un porcentaje mucho mayor de casos que los que requieren atención médica y psicológica especializada, a alteraciones concretas de la anatomía cerebral.

El trabajo, publicado recientemente en el Journal of the American Academy of Child and Adolescent Psychiatry, aporta una nueva perspectiva en la planificación de estrategias de prevención para los trastornos de salud mental a largo plazo.

El trastorno obsesivo-compulsivo es un trastorno mental grave que afecta a entre un 1 y un 2% de la población. Los síntomas leves, en cambio, son muchos más frecuentes, pudiendo estar presentes en hasta cerca de un 30% de la población. Estos síntomas incluyen, por ejemplo, pensamientos recurrentes acerca de la posibilidad de contagiarse de alguna enfermedad al entrar en contacto con objetos situados en espacios públicos, miedo a haber realizado inadvertidamente alguna conducta potencialmente peligrosa (como dejarse la puerta abierta al salir de casa) o la necesidad de tener los objetos de casa o el espacio de trabajo en perfecto orden y simetría.

Igualmente, estos síntomas van frecuentemente acompañados de conductas repetitivas e innecesarias de limpieza, comprobación u organización, que si bien son generalmente percibidas como excesivas, son difícilmente controlables. En la mayoría de ocasiones estos síntomas leves no interfieren con la vida del sujeto y no requieren de una atención especial. En algunos casos, por ejemplo, tras una situación de estrés prolongado, pueden desembocar en la aparición de un cuadro más severo que precise tratamiento especializado.

La infancia es un período especialmente sensible a la presencia de estos síntomas obsesivo-compulsivos. Así, es relativamente normal que los niños y niñas ‘necesiten’ tocar todas y cada una de las barras de una verja, quieran guardar sus zapatos de una manera determinada o no puedan evitar sumar o repetir en voz alta los números de las matrículas de los coches.

Tal como pasa en los adultos, en la mayoría de ocasiones estos síntomas nunca llegarán a interferir de manera significativa con el normal funcionamiento de la persona. “En un pequeño porcentaje de casos, sin embargo, estos pueden ser indicadores de un mayor riesgo de desarrollar un trastorno obsesivo-compulsivo que requiera tratamiento durante la propia infancia o en la edad adulta”, comenta Carles Soriano-Mas, autor principal del estudio.

Prevención de trastornos de salud mental

En el trabajo se estudiaron 255 niños y niñas de entre 8 y 12 años de edad, todos ellos sanos, sin diagnóstico de ningún trastorno de salud mental, a los que se pidió responder un cuestionario sobre la presencia de síntomas obsesivo-compulsivos de carácter leve. Los niños y niñas mostraron una presencia variable de este tipo de factores, siendo los más frecuentemente observados los relativos a conductas de comprobación, orden y simetría, o acumulación innecesaria de objetos, así como la presencia reiterada de pensamientos negativos y perturbadores.

A los niños y niñas, con el consentimiento de sus padres o tutores legales, se les realizó también una resonancia magnética estructural, una técnica totalmente innocua que permite explorar con gran detalle la anatomía cerebral. “Al relacionar los resultados del cuestionario con la anatomía cerebral, descubrimos que los diferentes síntomas presentes, a pesar de su carácter leve, se asociaban con características anatómicas concretas. Curiosamente, estas mismas características anatómicas han sido también observadas en pacientes con síntomas más graves, con un trastorno obsesivo-compulsivo diagnosticado”, explica Soriano-Mas.

Estos resultados sugieren que algunos trastornos mentales pueden ser considerados como una manifestación llevada al extremo de determinadas características presentes de forma relativamente frecuente entre la población sana. “Habrá que considerar posiblemente otros factores, de carácter diverso y entre los que se pueden incluir no únicamente factores biológicos, sino también otros de tipo social, educativo y de bienestar general, para determinar por qué en algunos casos estos síntomas permanecen leves y bajo control, y en otros evolucionan a formas más severas que requieren atención especializada”, añade el investigador de IDIBELL.

Las conclusiones obtenidas también permiten empezar a plantear estrategias de prevención para los trastornos de salud mental. Por ejemplo, en aquellas personas en las que se sospeche que hay un riesgo incrementado de desarrollar un trastorno mental (los hijos de padres con problemas de salud mental, por ejemplo), se podría hacer un seguimiento de su anatomía cerebral para cuantificar de manera más precisa la probabilidad de desarrollar una patología que interfiera con su desarrollo normal.

Redacción: Leo.com.bo                                              

Fuente: isalud.com

03 Enero 2018

Investigadores de Estados Unidos analizaron el historial clínico de 40 asesinos y violadores. Todos habían sufrido una lesión cerebral antes de cometer esos crímenes. Sus golpes les habrían afectado la red neuronal encargada de tomar las decisiones morales.

Charles J. Withman marcó la historia de los Estados Unidos el 1 de agosto de 1966. Ese día, este exmarino asesinó a su madre, a su esposa y a otras 13 personas más, tras disparar desde la torre del reloj de la Universidad de Texas, en Austin. El hombre fue abatido y un mes después, al hacerle la autopsia, el patólogo descubrió que en su cerebro había un tumor. Una lesión que podría explicar sus pensamientos destructivos, consignados en cartas, y su conducta.

Existen más casos como el de Withman. Personas que llevaban una vida normal hasta que un día sufren una lesión cerebral, desde ahí sus comportamientos cambian y llegan a cometer crímenes. La mayoría de ellos se explican con un trastorno mental, aunque, hay otros en los que se puede establecer una conexión entre, primero, un daño en el cerebro y luego, un crimen.

Para desentrañar el misterio, un grupo de investigadores recopiló 40 de esos casos. Analizaron en cada uno los historiales clínicos de los autores y el escaneo de sus cerebros lesionados. Archivos que fueron obtenidos en los anaqueles de las cárceles y de los centros psiquiátricos. Lo extraño es que todos compartían una vida limpia de delitos hasta que se produjo la lesión, originada por un tumor o una operación.

Después de revisarlos, los investigadores notaron que los golpes cerebrales no coincidían. Que, en ninguno de los casos, la lesión tenía una localización exacta. Así que “nuestra hipótesis es que las lesiones se produjeron en distintas partes de una misma red cerebral conectada", explicó Ryan Darby, principal autor del estudio y profesor de neurología de la Universidad Vanderbilt (EE. UU.) en el diario El País de España.

Un escáner cerebral ayudó a los expertos a determinar la ubicación de esa red, que es la encargada de tomar decisiones morales. Esto explicaría el comportamiento excéntrico de las personas, explicaron los expertos en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences donde fue publicada la investigación.

El resultado sembró algunas dudas en otros expertos, como en el caso de Mario Méndez, un profesor de neurología de la Universidad de California que lleva años estudiando la relación entre lesiones y crímenes, y que considera que es una generalidad decir que el cerebro determina todo el comportamiento.

"La toma de decisiones morales incluye muchas cosas y también puede ser afectada por cambios en diferentes áreas del cerebro. Esto implica muchos procesos, como reconocer que algo está bien o mal, temer la implicación del castigo, recordar las reglas sociales de comportamiento, reconocer que otras personas tienen pensamientos y sentimientos, control emocional entre otros", sostuvo Méndez para el mismo diario.

Redacción: Leo.com.bo                                              

Fuente: isalud.com

03 Enero 2018

Por tres años los laboratorios tuvieron prohibido hacer investigaciones con virus. Ahora que vuelve a permitirse, la noticia genera preocupación porque podría originarse una epidemia de un virus mortal, dicen los críticos.

Hace tres años, 75 trabajadores de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos enfermaron por un experimento. Se habían expuesto a la bacteria del ántrax, un microbio de la tierra, para investigar sus posibles efectos y terminaron por infectarse. Después del tratamiento el gobierno de Barack Obama tomó la decisión de prohibir este tipo de prácticas. No se podían financiar investigaciones en las que se utilizaran virus letales. La restricción acaba de vencer y los Institutos Nacionales de Salud de EE.UU. (NIH, por sus siglas en inglés) dieron la buena nueva. Muchos científicos aprobaron el hecho, pero otros, más críticos, advierten de su peligro.

La razón es que probar con virus letales podría traer más riesgos que beneficios para la salud pública. Porque existe la posibilidad de que estos patógenos se vuelvan más mortales o transmisibles y terminen por salirse de las manos de los expertos y de sus laboratorios. Un panorama nada favorable si se tiene en cuenta que cualquier descuido podría acabar en una epidemia de un virus mortal.

Pero el debate no acaba ahí. Hay otros científicos que defienden con esmero estas investigaciones. Dicen que “son necesarios para comprender los riesgos potenciales que plantean los virus que aún no se pueden asociar con enfermedades, así como la forma en que se propagan y causan enfermedades", le explicó Ian Lipkin, director del Centro de Infecciones e Inmunidad de la Escuela de Salud Pública Mailman de la Universidad de Columbia, al diario BBC Mundo.

Esta vez hay dos condiciones para utilizar virus letales en laboratorios. La primera es que no haya una manera más segura de experimentar y la segunda cuando sus beneficios justifiquen el riesgo de que se realice la investigación. Ambos casos tendrían luz verde para cruzar patógenos y de esa manera comprender los riesgos potenciales de esos virus que aún no se pueden asociar con enfermedades, lo que los vuelve más desconocidos para los científicos. Tanto en su propagación como en su causa.

La idea es que las investigaciones estén sujetas a evaluaciones y análisis más críticos que en el pasado. Sumando el hecho de que deben estar bajo el título de “éticamente justificable”, para que se puedan llevar a cabo.

Aunque esas medidas no dejan satisfechos a los críticos, como es el caso de Marc Lipsitch, un epidemiólogo de la Escuela de Salud Pública Harvard TH Chan, de Boston, en declaraciones para el mismo medio. Según el experto, "esos experimentos responderán a dudas muy puntuales sobre un virus específico, pero que no necesariamente se podrán generalizar a otras cepas de virus por muy similares que sean". Su solución, por ejemplo, son métodos completamente seguros con cepas menos peligrosas y formas más seguras de manipularlas.

Redacción: Leo.com.bo                                              

Fuente: isalud.com

26 Noviembre 2017

Proteínas que reducen el crecimiento de determinadas células cancerosas en más del 50 % podrían ser utilizadas como posible tratamiento alternativo para cuatro tipos de tumores malignos: próstata, seno, cérvix y colon.

 “Hemos logrado determinar cuál es la composición protéica que tiene el veneno del escorpión Tityus macrochirus. Este es el primer trabajo de carácter bioquímico de este tipo que se realiza en el país”, destaca Clara Andrea Rincón Cortés, cuya investigación tuvo como resultado la primera tesis del Programa de Doctorado en Ciencias-Bioquímica de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.).

Aunque en Colombia existen múltiples variedades de escorpiones, se seleccionó el Tityus macrochirus debido a la facilidad para ser recolectado y a la cercanía de su ubicación geográfica con respecto a Bogotá —municipios de Choachí y Fosca (Cundinamarca)—, lo que  permitió su traslado a los laboratorios de la U.N.

“Si hubiéramos trabajado con otros escorpiones quizá los resultados podrían llegar a ser diferentes; un posible candidato es un escorpión que habita en la región de Casanare, cuyo veneno es más tóxico”, añade la tesista.

Gracias al trabajo desarrollado se logró evaluar el desempeño de componentes específicos del veneno sobre cuatro líneas celulares derivadas de tumores, para luego determinar que efectivamente se producía una disminución de su crecimiento, a partir de comparaciones realizadas con controles tanto negativos como positivos.

“Aunque no se puede decir que se trata de una cura para estos tipos de cáncer, sí se puede hablar de un posible candidato para tratar estas  enfermedades de manera alternativa”, comenta Clara Rincón, quien explica que las proteínas que se encuentran en el veneno son responsables de este efecto, en la medida en que logran inhibir el normal desempeño de las células cancerosas.

“Las proteínas que consumimos en los alimentos están formadas por unas moléculas (aminoácidos) que poseen funciones específicas en el organismo. Así mismo, cada organismo produce sus propias proteínas de acuerdo con sus necesidades especiales, por lo que el escorpión produce ciertas proteínas que emplea como mecanismo de defensa y biológicamente pueden tener otras funciones, como el expuesto en la tesis”, precisa la investigadora.

Bloquea crecimiento de células

Luego de disponer de un cultivo de células cancerosas fuera de su ambiente normal, pero con todos los nutrientes y condiciones para su mantenimiento, en un recipiente diseñado para tal fin conocido como caja de cultivo, se adicionan los péptidos con el fin de evaluar su comportamiento.

“Hemos podido observar que al adicionar el veneno a estas células, al igual que algunos de sus componentes aislados, éstas ya no crecen con la misma velocidad y eficiencia”, subraya el profesor Édgar Antonio Reyes Montaño, quien hace parte del Departamento de Química de la U.N. y director de la tesis.

De acuerdo con el docente, los estudios realizados demuestran que se requieren entre 5 y 20 microgramos de algunos péptidos del veneno por mililitro de cultivo para lograr un retroceso en el avance del desarrollo de la células, que incluso supera el 50 %, de tal manera que con una mayor cantidad, este porcentaje incluso podría ser mayor.

El trabajo desarrollado a lo largo de la investigación contempló la separación de péptidos y proteínas mediante diversos procedimientos bioquímicos, de esta forma,  se logró estandarizar una técnica que permitió obtenerlos aislados y determinar cuáles de ellos exhibían la actividad deseada sobre los cultivos de las células evaluadas.

A partir de una técnica conocida como cromatografía se efectúa una separación de varios componentes de una mezcla con base en las características de éstas —peso molecular y polaridad—.

“En el caso del veneno de escorpión, se aprovechó que los peptidos suelen tener una polaridad similar a la del agua, para separarlos de otros componentes al introducir soluciones de polaridad similar a la de este líquido”, explica el profesor Reyes.

Redacción: Leo.com.bo                                                              

Fuente: Agencias

 

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