Santa Cruz de la Sierra
Allart Hoekzema

Allart Hoekzema

Write on Martes, 17 Diciembre 2019

Al final de la tarde yazgo boca abajo en el césped del fabuloso jardín de mi suegra Josefina. Es un juego. Mi sobrino Sergito y mi hijito Sebastián están conmigo y se encuentran en la misma posición. Fue una idea de Sebastián. Somos tres exploradores en busca de bichos fantásticos. Sergito comenta: “El suelo huele raro”. Mi hijito dice: “Huele a verano”. Mi sobrino coincide: “Tenés razón, Sebas. Ya no huele a primavera”. No sin arrogancia, Sebastián le dice: “Sé que tengo razón y no me llamo Sebas sino Sebastián”. Yo les pregunto: “¿Cómo saben que este olor es veraniego? ¿Cómo se distinguen los olores de las diferentes estaciones? Yo jamás he asociado las estaciones con distintos olores. De niño, en Holanda, me fijaba siempre en la luz. Me gustaba mucho el verano por las largas jornadas. En pleno verano holandés el sol se pone a las once de la noche. Solíamos acostarnos tardísimo”. Sergito explica: “El suelo aquí huele raro, muy pesado. En verano es siempre así. Mi primo tiene razón”. Sebastián le dice: “Ay, Sergito, mi papá no sabe mucho de la naturaleza y tampoco del clima. Mi papá es periodista. Yo de grande no quiero ser periodista. Quiero ser director del zoológico y del museo de historia natural”. Mi sobrino exclama: “¡Mirá, Sebas! ¡Un gusano gigante! ¡Yo lo vi primero!” Mi hijito rebate, otra vez no sin arrogancia: “Yo ya lo había visto a ese gusano. No es tan gigante y yo no me llamo Sebas sino Sebastián”. Observo: “No puede ser un gusano tan gigante, porque yo no lo veo”. Sebastián se ríe y dice: “Tengo un papá raro. Mi papá es un periodista que no ve nada”. Sergito exclama de nuevo: “¡Mirá, Sebas! ¡Veo una hormiga gigante!”. Ya me perdí el gusano gigante y tampoco logro ubicar a la hormiga. Mi hijito le dice a mi sobrino: “Si volvés a llamarme Sebas, no voy a jugar nunca más con vos”. Mi sobrino insiste: “¿La ves a la hormiga gigante o no? Yo la vi primero”. Sebastián dice: “Yo veo un montón de hormigas gigantes, no sólo una. Hay un súper hormiguero. Mirá allí, al lado de la jaula de la paraba Mandarín”. Sergito me pregunta: “Tío, ¿lo ves? Sebas tiene razón. Hay un súper hormiguero al lado de la casa de Mandarín”. Respondo: “Ya está oscureciendo. Ahora, realmente, no veo nada”. Mi hijito me dice: “Papá, nosotros vamos a seguir jugando. Vamos a imaginarnos que estamos en el verano holandés. Todavía hay mucha luz. Podemos descubrir más bichos raros. Sergio ya no puede jugar, tiene que acostarse ya. Él sigue llamándome Sebas”.

Allart Hoekzema Nieboer   MIGAJAS

Write on Lunes, 16 Diciembre 2019

“Papá, ¿hoy vas a escribir?”, me pregunta mi hijito Sebastián. “Sí, hoy me siento mejor. Ya no me duelen las manos”, contesto. “Entonces, ¿ya no estás con chikungunya?”, quiere saber Sebastián. “Sigo enfermo. Tengo fiebre y ahora siento dolor en mi rodilla izquierda. Pero mis manos están bien. Entonces, voy a escribir hoy. Y vos también hijo”, digo. Mi hijito dice: “No puedo escribir, papá. Me duelen las manos. Estoy con chikungunya también”. Le toco la frente y constato que no tiene fiebre. Sebastián explica: “Lo que pasa es que estoy de vacaciones y no quiero escribir. Este año escribí demasiado en el colegio. Ya no puedo más”. Insisto: “Vos vas a escribir también hoy. Tenés que escribir una carta a papá Noel. Si no lo hacés, no vas a recibir regalos de Navidad”. Mi hijito pregunta: “¿Dónde vamos a festejar la Navidad, aquí en Santa Cruz o en Holanda?”. Le digo: “Aquí en la casa de la abuela Josefina. Y al día siguiente vamos a viajar a Holanda”. Sebastián suspira hondo y dice: “Menos mal, si vamos a festejar la Navidad aquí, quiere decir que voy a tener que escribir la carta a papá Noel en español y no en holandés. Escribir en holandés es demasiado difícil”. Agarro una hoja de papel y se la paso a mi hijito junto con un lápiz. Sebastián dice: “Papá, tenés que ayudarme. No me gusta escribir solito durante las vacaciones”. Digo: “Bueno, ¿cómo vas a empezar? Tal vez sea una buena idea empezar así: ‘Querido papá Noel, ¿cómo está? Espero que esté bien’.”. Mi hijito niega con la cabeza y dice: “No me gusta. Voy a empezar así: ‘Querido papá Noel, ¿cómo están tus renos? Espero que estén bien, porque a mí me gustan mucho los animales. Y las plantas también’.” Reconozco: “Sí, así es mucho mejor. ¿Y luego? ¿Vas a escribir que te portaste bien durante todo el año?”. Otra vez, Sebastián niega con la cabeza y comenta: “Ay, papá no me estás ayudando para nada. No voy a escribir que me porté bien durante todo el año. No hace falta, porque papá Noel ya sabe todo eso. Papá Noel tiene espías aquí, sobre todo en la casa y en el colegio. Ellos le dicen cómo me estoy portando”. Pregunto: “Entonces, ¿qué más le vas a escribir al papá Noel?”. Mi hijito dice no sin aplomo: “Le voy a escribir: ‘Quiero una caja de Lego con una cueva, un murciélago, un minero y un zombi’. Y también voy a escribir: ‘Quiero un libro sobre los animales y las plantas’. Nada más. A papá Noel no le gusta leer. Así es, papá. ¿Lo sabías? A mí no me gusta escribir y a él no le gusta leer”.

Allart Hoekzema Nieboer   MIGAJAS

Write on Viernes, 13 Diciembre 2019

“Ya se fue el año”, le digo a mi amigo Teo, el viejo vendedor de periódicos del mercadito El Trompillo. “Pero vuelve”, dice Teo con resignación. Luego le dice a mi hijito Sebastián: “Ha sido un año muy cansador, ¿no es cierto, Gringuito?”. Sebastián coincide: “Ay, sí, súper cansador. El nuevo colegio me cansó demasiado. Menos mal que estoy de vacaciones”. Teo indaga: “¿Vas a viajar?”. Mi hijito contesta: “Sí, voy a viajar a Holanda”. El viejo vendedor de periódicos me mira y comenta: “Usted en sus columnas nunca escribe sobre Holanda. Sería lógico que un periodista holandés en Bolivia escribiera de vez en cuando sobre su país. Pero usted, nunca. Usted no es normal, Gringo”. Explico: “Vivo fuera de mi país desde el año 1992. Lo que sé de Holanda ya es obsoleto”. Teo dice: “Ahora que lo pienso, nadie escribe sobre Holanda. No leo jamás noticias de allí. ¿Por qué será? ¿Acaso es un país aburrido?”. Respondo: “Digamos que se trata de un país tranquilo con una población moderada y equilibrada. Yo dejé Holanda porque estaba bastante aburrido en aquella época. Pero esa fue una sensación personal”. Sebastián dice: “Holanda no es para nada aburrida. Es mi país favorito”. Y le pregunta a Teo: “¿Cuál es tu país favorito?”. El viejo vendedor de periódicos suspira: “Bolivia, supongo. La verdad es que no conozco ningún otro país. No he viajado. Sólo he leído”. Observo: “Leer se parece mucho a viajar”. Teo dice: “Los países que siempre me han atraído en la literatura son Francia y Rusia. Holanda no. Parece que ese país no existe en los libros, ni en los periódicos”. Mi hijito le dice: “Holanda existe, en serio. Allí viven mis abuelos. Ellos existen también. Y al lado de la casa de mis abuelos hay una casa con cuatro niños. Son mis amigos, de verdad”. Teo le dice: “Contame un poco sobre Holanda. A lo mejor me va a gustar”. Sebastián cuenta: “Holanda me gusta mucho, porque tiene mar. Los abuelos viven cerca de las lomas y la playa. Y en la playa hay un restaurante con las mejores papas fritas del mundo. También hay una piscina grande cerca de la casa de los abuelos. Tiene un tobogán verde y largo. Y esta vez vamos al zoológico de Amsterdam. Se llama ‘Artis’ y mi papá dice que allí viven todos los animales del planeta. Es cuatro veces más grande que el zoológico de Santa Cruz de la Sierra. Después vamos a volver a la ciudad de los abuelos. Vamos a visitar el faro más alto de Holanda. Es rojo y hermoso, y tiene una luz que alumbra todo el mar”. Teo suspira: “Ya me gusta Holanda”.

Allart Hoekzema Nieboer   MIGAJAS

Write on Jueves, 12 Diciembre 2019

El cineasta Tony Peredo, mi hijito Sebastián y yo estamos sentados en el patio trasero de mi casa. Sebastián dice: “Mi primo Sergito viajó con su madre a La Paz. ¿Te acordás, papá, que nosotros también viajamos una vez a La Paz?? Fue hace muchísimo tiempo”. Yo digo: “Fue hace casi cuatro años. Vos tenías tres años. Fue tu primer viaje en avión y te mostraste muy valiente. Me acuerdo de la terrible turbulencia. Había muchos pasajeros que gritaban y lloraban, pero vos estabas feliz. Me decías riéndote: ‘Mucho viento, papá, mucho viento’. Y al aterrizar dijiste: ‘Otra vez, otra vez’. Te divertiste un montón”. Mi hijito propone: “Vamos a La Paz. Quiero volver a La Paz”. Mi amigo Tony le dice: “Si querés, mi niño mágico, podés acompañarme. Probablemente, voy a tener que ir a La Paz este viernes, por trabajo”. Le pregunto al cineasta: “¿Vas a rodar una nueva película?”. Tony explica: “No, es algo que tiene que ver con la política. Uno de los candidatos en las próximas elecciones vio unos videos míos y quiere hablar. Ya hablé aquí con su entorno. Les hice una presentación poética de lo que pienso acerca de la política boliviana. Uno de esos tipos me dijo que con poetas no se ganan guerras. Le contesté: ‘Pero con poetas no mueren personas’.”. Le digo a mi mejor amigo: “Excelente respuesta”. Tony dice: “Te juro, Allart, escuchaba lo que decían y te imaginaba a vos riendo”. Comento: “Los políticos son diferentes. Es otro mundo”. El cineasta cuenta: “Me escucharon durante una hora. Y al final me dieron parte de la razón. Fue una sorpresa para mí. Ahora su líder quiere hablar conmigo en La Paz”. Sebastián dice: “Tío Tony, voy a ir con vos a La Paz. Conozco muy bien a La Paz. Estuve allí un día con mi mamá y mi papá, cuando tenía tres años. Ellos estaban con dolor de cabeza, pero yo no. A ellos no les gustan las montañas altas, pero a mí sí”. Tony le pregunta: “¿Qué te gustó más en La Paz?”. Mi hijito responde: “El teleférico, tío. Es como un helicóptero. ¡Genial! Vi los techos de todas las casas en La Paz. Y en los techos vi a mis amigas, las palomas”. Tony medita: “Me gustaría grabar un video desde el teleférico de La Paz”. Sebastián dice: “Yo te voy a ayudar. Yo conozco todas las líneas del teleférico. Y todas las casas y sus techos. ¿Y sabés, tío, que conozco todas las palomas? Nadie conoce a La Paz como yo. Mi papá no la conoce. No prestaba atención. Mi papá estaba con dolor de cabeza”. El cineasta concluye: “Te voy a necesitar en La Paz, niño mágico. Sos un poeta”.

Allart Hoekema Nieboer   MIGAJAS

Write on Miércoles, 11 Diciembre 2019

Tapo a mi hijito Sebastián. Seguimos con fiebre los dos. Sebastián me dice: “Estoy mareado”. Yo digo: “Yo también. Estoy con náuseas. Es por la fiebre”. Mi hijito niega con la cabeza, diciendo: “No estoy con náuseas. Estoy mareado y no es por la fiebre. Es por la pared”. Repito: “¿La pared? No te entiendo”. Sebastián ordena: “Tocá mis manos, papá”. Lo hago y constato que las manos de mi hijito están mojadas. “La fiebre te hace sudar hasta en las palmas de las manos”, digo. Sebastián dice: “No es sudor, papá. Y no tiene nada que ver con la fiebre. ¿Sabés que mis manos y mis pies pican tanto? Tocá mis pies también”. Lo hago y constato que los pies de mi hijito están tan mojados como sus manos. Sebastián comenta: “Mojé mis manos y mis pies antes de trepar por la pared”. Repito: “¿La pared? Sigo sin entenderte”. Mi hijito suspira y cuenta: “Hoy en la tarde jugué con mi primo Sergito. Él me dijo que quería entrar a otro mundo. Entonces, me propuso armar un portal que nos llevara a un universo paralelo”. Lo interrumpo, preguntando: “¿Qué saben ustedes de portales y universos paralelos? Sergito tiene seis años y vos siete”. Mi hijito suspira de nuevo. Explica: “Nosotros sabemos mucho más que vos sobre portales y universos paralelos, porque es nuestro juego favorito. Vos no jugás nunca”. Protesto: “A mí me gusta todo tipo de juego. Sé que es muy importante seguir jugando en la vida. No importa la edad, hay que jugar hasta la tumba”. Sebastián prosigue: “Bueno, Sergito formó un círculo con Jerry, mi serpiente de goma. Y adentro puso piezas de Lego. Pero el portal no funcionó. No nos llevó a ningún lugar nuevo. Entonces, probamos otro truco. Nos bañamos hasta que la piel de nuestras manos y pies se puso arrugada y luego fuimos a la pared afuera, la pared del jardín de la abuela Josefina”. Vuelvo a interrumpirlo, preguntando: “¿Ustedes fueron al jardín de la abuela Josefina desnudos?”. Mi hijito dice no sin aplomo: “Claro. Hay que estar desnudo, con las manos y pies mojados. Sólo así funciona el truco”. Indago: ¿Acaso ustedes caminaban en la pared, como dos lagartijas?”. Sebastián exulta: “¡Sííí, papá! ¡Es muy divertido! Caminamos durante más de una hora en la pared y nadie nos vio. Te vimos a vos en el jardín. Estabas leyendo. Gritamos todo el tiempo, pero no nos notaste. ¿Sabés por qué? Porque nosotros estábamos en otro mundo. Caminamos en la pared, desnudos. Pero ahora estoy mareado. Y mis manos y mis pies pican tanto. ¿Ahora me entendés?”.

Allart Hoekzema Nieboer   MIGAJAS

Write on Martes, 10 Diciembre 2019

“Papá, tengo una idea. Ya sé lo que vamos a hacer hoy”, dice mi hijito Sebastián. Yo digo: “Hoy no podemos hacer mucho, me temo. Los dos estamos enfermos”. Mi hijito explica: “Tengo una idea especial para personas enfermas que están con tos y fiebre, como nosotros. Vamos a imaginar una súper jornada”. Pregunto: “O sea, ¿querés pasar el día haciendo planes sin realizarlos?”. Sebastián exulta: “¡Sííí! ¡Es una idea genial!”. Quiero saber cuál es su primer plan para la súper jornada. Mi hijito contesta: “Primero vamos a ir al zoológico. Vamos a pasar por el taller de la mama. Ella nos va a llevar al zoológico. Y tenemos que llevar los binoculares para ver a los animales de cerca”. Digo: “Es un buen plan. ¿Y qué vamos a hacer después del zoológico?”. Sebastián dice: “Ay, papá, esperá, vamos a estar en el zoológico por lo menos dos horas porque voy a inventar un recorrido larguísimo”. Comento: “No lo vamos a aguantar, hijo. Estamos enfermos”. Mi hijito dice: “No te preocupes, papá. No vamos a correr. Va a ser un recorrido larguísimo pero tranquilo. Y después vamos a ir al supermercado IC Norte. Allí hay muchos juguetes. Quiero comprar una gran caja de Lego”. Pregunto: “¿En esta súper jornada imaginaria vamos a tener dinero real o imaginario?”. A su vez, Sebastián pregunta: “¿Cómo voy a comprar una gran caja de Lego sin dinero real?”. Reconozco: “Buena pregunta”. Mi hijito prosigue: “Y después del supermercado IC Norte vamos a ir a la librería Ateneo. Me gustaría comprar un libro sobre los dinosaurios”. Verifico: “Ese libro también lo vamos a comprar con dinero real, ¿no es cierto?”. Sebastián dice: “Obvio. A ver, luego vamos al Multicenter y al supermercado Hípermaxi del tercer anillo de la Santos Dumont. Es la cosa más práctica porque la librería Ateneo también se encuentra en el tercer anillo, ¿verdad?”. Indago no sin preocupación: “¿Y qué vamos a hacer en el Multicenter  y en el supermercado Hípermaxi? ¿Acaso vamos a comprar más cosas?”. Mi hijito responde: “En el Multicenter quiero comprar un libro de trucos de magia. Lo vi el otro día, ¿te acordás? No quisiste comprármelo. Ahora en la súper jornada vamos a comprarlo por fin. Y en el supermercado Hípermaxi tenemos que comprar gelatina de pata con sabor a canela, la única que me gusta”. Observo: “Esta súper jornada es un día lleno de supermercados”. Sebastián dice: “Sí, y luego vamos a ir al súper Fidalga, para comprar pan francés. ¿Vamos, papá? Ya no me siento enfermo. ¿Vamos?”.

Allart Hoekzema Nieboer   MIGAJAS

Write on Viernes, 06 Diciembre 2019

Estoy con mi hijito Sebastián y mi sobrino Sergito en el zoológico municipal. Sergito dice: “Quiero ver a los cocodrilos”. Su primo le explica: “Aquí no hay cocodrilos. En Bolivia sólo existen lagartos y yacarés”. Sergito rebate: “Lo sé, pero yo los llamo cocodrilos. Me gusta más el nombre cocodrilo”. Sebastián dice: “Yo quiero ver al jaguar. ¿Sabés cuál es el nombre científico del jaguar?”. Sergito contesta: “Tigre americano. Es fácil”. Mi hijito comenta: “No es fácil y no es tigre americano. El nombre científico del jaguar es panthera onca. Mi papá y yo lo aprendimos en el museo de historia natural. ¿Sabés que de grande voy a ser el director del  museo de historia natural? Y también voy a ser el director del zoológico”. Ahora Sergito le pregunta: “¿Cuál es tu animal favorito aquí en el zoológico?”. Mi hijito responde: “La ovejita. Vamos a la granja, hay dos corderitos nuevos, son lindos y tiernos”. Su primo dice: “No me gustan las ovejas. A mí me gustan los cocodrilos. Quiero ver a los cocodrilos”. Propongo a los dos niños: “Vamos a visitar a los lagartos y después vamos a ir a la granja”. Ambos, sorpresivamente, aceptan mi sugerencia. Yendo hacia la zona de los lagartos, caimanes y yacarés pasamos por la jaula del monito león. Sebastián lo mira al monito y le dice: “Hola, amigo, si querés jugar conmigo y con mi primo Sergio podés visitarnos en la casa de nuestra abuela. Estamos allí durante las vacaciones”. Luego pasamos por la jaula de la ardilla boliviana y Sergito le dice a la ardilla: “Hola, amiga. Vos también podés jugar esta noche con nosotros en la casa de la abuela Josefina, si querés”. Hacemos todo el recorrido del zoológico y a la vuelta pasamos nuevamente por las jaulas del monito y la ardilla. No están, ni la ardilla boliviana ni el monito león. Sergito dice: “Tenemos que apurarnos, Sebastián. Ya están en la casa de la abuela”. En la casona cruceña de antaño de mis suegros cenamos, miramos tele y jugamos un ratito con los legos. Luego nos acostamos. Estoy con fiebre y tengo sueños extraños. Escucho sonidos de animales. Parece que hay un monito león y una ardilla boliviana en la habitación de al lado, donde duermen Sergito y Sebastián. El monito grita: “¡Iiii-iiii!”. Y la ardilla chilla: “¡Pii-pii-pii!”. Al día siguiente, tempranito, entran mi hijito y su primo a mi habitación. Les pregunto: “¿Cómo durmieron? Yo dormí mal. Tuve sueños inquietos y escuché ruidos de animales”. Sergito dice: “Nosotros dormimos súper bien, tío. Pero en el cuarto huele a popó de monito y ardilla”.

Allart Hoekzema Nieboer   MIGAJAS

Write on Jueves, 05 Diciembre 2019

Mi gran amigo Tony Peredo, al igual que yo, es una persona bastante huraña. Pese a que trabaje en los mundanos ambientes del cine y la publicidad, no le gustan los eventos sociales. Su casa es un bastión y los que mandan allí son sus mascotas. Actualmente, tiene siete gatos. Dos de ellos le encantan particularmente a mi hijito Sebastián. Son inmensos, pesan unos diez kilos cada uno. El cineasta apenas los puede alzar. Ahora Tony me muestra una foto de una pequeñísima gata negra. Me dice: “Mirá, es una gatita que rescaté en el paro. Parece un ser humano, está loca y no hace caso. O sea, sé que los gatos son independientes, pero este bicho lo hace a propósito. La saco de un lugar y vuelve deliberadamente como para desafiarme”. Le pregunto al cineasta: “¿Y sigue tu chancho Porky?”. Tony dice: “Ay, no, murió. Se descaderó, porque la perra de mi ex lo molestó cuando no había nadie en mi casa. Lo hice dormir”. Quiero saber si Tony estaba presente cuando su fantástico chancho cerró sus ojos definitivamente. Me explica: “Sí, estuve a su lado todo el tiempo y lo enterramos en mi jardín. Me dolió mucho. Porky era mi compañero y confidente. Porque él me recibía todas las noches. Y se quejaba conmigo, porque mi hijo Marcelo le pegaba cuando se ponía rebelde. Naturalmente, yo ya sabía que Marcelo le había pegado, porque llegaba este mini elefante a quejarse. Lloraba quejándose. Era increíble. Yo lo largaba y llamaba a mi hijo preguntándole por qué le había pegado. Bueno, Porky se ponía a mi lado y mientras yo le llamaba la atención a mi hijo él hacía ruidos y hacía el ademán de querer morderlo como diciendo: ‘A ver, ahora pégame, cobarde’. Una vez vi cómo Porky le cerraba la puerta en la cara a mi hijo. Él dormía en el cuarto de servicio y se encerraba a dormir. Y esperaba a que yo le abra la puerta para salir y ensuciar. Porky llegó a pesar dos cientos cincuenta kilos. Era un niño más”. Pregunto: “¿Por qué Marcelo no se llevaba bien con él? Sebastián adora a cualquier tipo de animal”. Tony contesta: “Mi hijo y Porky se tenían bronca porque jamás le hice cortar los colmillos y una vez lo mordió a Marcelo en la pierna. Allí nació la discordia. Pero conmigo era un pan de Dios. Y cuando no estaba tranquilo, lo podía siempre sobornar con tomates. Sólo una vez se me escapó a la calle, imagínate un elefante suelto. ¿Cómo hacés para agarrarlo? Pero Porky se dio una vuelta por la cuadra y se volvió a su lugar. Fue increíble. Lo extraño mucho, ¿sabés, amigo?”.

Allart Hoekzema Nieboer   MIGAJAS

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