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El mensaje de Íngrid
Editado por: Editorial El Tiempo de Colombia
Sección: Opinion
 
 
 
   
Es hora no solo de liberar a los demás rehenes -los 42 militares, pero también los cientos de secuestrados extorsivos que mantienen en su poder-, sino de entrar en un proceso definitivo de negociación de buena fe para poner fin al conflicto armado. ¿Tendrá el nuevo Secretariado los elementos de juicio para avanzar hacia tales decisiones, o, como ha hecho antes, se empeñará en sostener una lucha que hasta Hugo Chávez le está pidiendo que abandone?
Otro elemento importante es el momento en que sobreviene esta liberación. El país está en medio de una delicada crisis institucional, con el enfrentamiento entre la Corte Suprema de Justicia y el presidente Uribe. Difícilmente podría aspirar el mandatario a contar con una carta triunfal de la magnitud que le ofrece haber logrado el retorno a la libertad, sanos y salvos, de Íngrid Betancourt, los estadounidenses y los once militares y policías. Con el indudable apoyo y el refuerzo a su altísima popularidad, es la oportunidad de oro para un gesto magnánimo de parte del Presidente, que el país entero saludaría con entusiasmo, para desactivar el enfrentamiento con la Corte, que sin duda también entenderá el momento histórico que vive Colombia. Nadie cuestiona la legitimidad de su mandato -mucho menos después de los hechos de hoy-, lo cual vuelve innecesario pensar en un referendo que lo avale.
Tras tantos años de privaciones y sufrimientos, de rabia y dolor, bien habría podido Íngrid Betancourt estrenar su libertad con un discurso pugnaz y descalificador de la posición del Gobierno frente al secuestro. Más aún cuando todas las organizaciones que clamaban por su libertad exigían que no hubiera intervención militar. Pero Íngrid demostró un talante superior al enviar a los colombianos, y al mundo, un mensaje de reconciliación, en el que agradece al presidente Uribe y exalta la labor del Ejército, que “¡puede llevarnos a la paz!”. Mensaje que traduce el espíritu de concordia y unidad que necesita el país.
‘Last but not least’, como dicen en inglés, es la suerte de los secuestrados que siguen en manos de las Farc (y del Eln, no hay que olvidarlo). Marleny Orjuela, de Asfamipaz, la asociación de familiares de varios de ellos, lo dijo con toda claridad, cuando pidió al presidente francés, Nicolás Sarkozy, que Francia no los abandone. Colombia tampoco debe abandonarlos. Su liberación sigue pendiente. Ojalá Íngrid, como ella misma lo dijo, se abandere de su causa en Francia. La felicidad que experimentaron todos los colombianos con su rescate y el de sus 14 compañeros tiene una contrapartida dolorosa en la pena que continúan sobrellevando las familias de quienes aún no han recuperado a sus seres queridos.
 
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