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“El destino de Bolivia está escrito”
Editado por: Centa Reck
Sección: Editorial
 
 
 
   
“El destino de Bolivia está escrito”, dice Paul Antonio Coca, mientras nos habla en su obra de “Los planes A y B de Evo Morales”. Un Presidente que se representa a sí mismo como la encarnación viva del cambio, “del cambio” en términos genéricos al punto que esta idea pasa a ser un intangible dentro de los vocablos con los que se abona el discurso masista, el cambio que hasta el momento y en el sentido de profundización de acciones sociales no ha pasado de ser una entelequia, una búsqueda que no parece tener fin, mientras que en la praxis se muestra con acciones de reiteradas violaciones de derechos, sin un límite en cuanto a la separación de poderes, con abusos flagrantes y una espiral de violencia que parece no tener fin.
Lo cierto es que Evo Morales ha participado activamente como motor e impulsor de la crisis que se viene replicando en el país y que ha ido tomando un carácter terminal desde el año 2000, haciendo un pico en 2003 y volviendo a hacer olas y temblores en 2006, 20007 y 2008, durante la actual gestión presidencial.
Paul Coca plantea con acierto que el “destino de Bolivia está escrito”. Esto es cierto desde el momento en el que las teorías del caos-cambio, confluyen en la retórica de Evo Morales, quien esboza la idea de que “no le basta tener el Gobierno, sino que exige para sí la hegemonía del poder”, lo cual se constituyó en el anuncio de la instauración de un régimen totalitario, y marcó en el termómetro político un nuevo punto de inflexión dentro de la caótica y convulsionada historia boliviana.
¿Hasta dónde quiere llegar Evo Morales y su Gobierno? Es la pregunta obligada que debemos hacernos y la que se ha planteado Paul Coca, un joven y promisorio investigador, que en su libro nos permite una lectura del proyecto de país que está barajando el Movimiento Al Socialismo, bajo el mando de su máximo líder, quien todavía preside seis sindicatos cocaleros, lo que se constituye en un dato de la condición dual con la que se mueve entre el pasado y el futuro de Bolivia, ahora a punto de sufrir una transformación profunda y radical, planteando al país un futuro que muchos prefieren no ver y al que otros le han puesto una máscara cubierta por el velo de negociaciones pactadas, hechas en el formato de la negación, la miopía y las acciones entreguistas que ha adoptado la actual oposición y algunos sectores dirigenciales.
El trabajo de investigación que nos presenta Paul, tiene la enorme virtud de quitarle la máscara a esa realidad que pretenden velar quienes rompieron el único contrapeso que tenía el proyecto del MAS, cual es la oposición de los departamentos autonomistas. Ellos se han puesto la máscara que ahora intenta ocultar su fracaso como políticos de oposición, sus debilidades y su poca inteligencia, razón por la que intentan convencernos que desde la turbulencia de ilegalidades y violaciones flagrantes han logrado remozar un proyecto aceptable y ante el que pretenden apaciguar nuestros temores, alertados como nos encontramos del riesgo y los peligros que se ciernen sobre nuestra patria.
En un momento de tanto desconcierto, de desorientación, de mentiras que quieren pasar por verdades es enormemente valorable el trabajo que nos presenta Paul Coca, quien con un lenguaje accesible incluso didáctico, nos lleva de la mano a entender el berenjenal del Estado plurinacional y comunitario, de los suprapoderes indígenas, de la negación de 500 años de historia y 183 años de vida republicana en la que intentamos conformar una Nación y no sólo un Estado, Nación que ahora pretende ser negada, a pesar del maquillaje con el que Jorge Quiroga, Borth, Villamor, Samuel Doria Medina y Richter entre otros, han pretendido ocultar el verdadero rostro del proyecto de constitución masista que nos plantea entre otras cosas, que dejemos de ser Bolivia para convertirnos en plurinasionales, lo que permitirá mayores marginamientos y ultrajes a nombre y título de la raza.
Quienes más pierden en este entuerto, como diría Don Quijote a su fiel escudero Sancho, somos los pueblos del oriente de Bolivia y el gran caudal de población mestiza que pretende ser invisibilizada, negada, destruida, omitida e incluso desaparecida.
Nada más cierto que esto, y para muestra basta ver que no es casual que el Gobierno liderado por Morales haya tramado la caída de Pando y la esté intentando maquillar con el informe de sus aliados del Foro de San Paulo que se han dado la tarea de instaurar gobiernos dictatoriales a lo largo y ancho del continente Sud y Centro Americano.
Sobre la agresión a Pando, se armó la avanzada invasora hacia el oriente, la destrucción del Conalde y de la Media Luna, proceso que se inició con ese tan mal dado paso del Referéndum Revocatorio, que a nombre de las autonomías se comió los brotes nacidos del sentimiento autonómico, pero que no ha logrado destruir las raíces que hibernan en la tierra húmeda y agreste de nuestra cultura y que estarán listas para renacer, para volver a ejercer su poder de convocatoria y de propuesta en cuanto encuentren los causes de liderazgos capaces de volverlas a hacer renacer como el ave Fénix.
No nos distraigamos, no nos confundamos, entendamos que el proyecto del MAS entraña una negación absoluta de lo cruceño, de lo camba, ya que pretende refundar el país comiéndose las entrañas que le dieron progreso a este país. Pretende comerse el vientre gestor, renegar de las venas abiertas de esta tierra que ha traído bienestar, progreso, buenas nuevas, corazón abierta, alegría, risas, afecto, mujeres valientes, hombres visionarios y emprendedores como nuestros padres y como debemos cuidar que sigan siendo nuestros hijos, hombres que sembraron para cosechar, que abrieron surcos, que no adaptaron sus órganos para vivir mamando del Estado.
Paul Coca, abre las entrañas del proyecto de Constitución masista para mostrarnos que el oráculo nos advierte que el destino de Bolivia está escrito, que hemos caído en la trampa del incesto del poder con el poder dispuesto a clavarnos su puñal señero, situación que nos plantea el reto de mostrarnos decididos a luchar por el derecho a existir, que implica la lucha indeclinable por no dejar que nos desaparezcan, que nos borren del mapa y de los libros de la historia oficial, para que no nos aniquilen bajo amenaza de cárcel y destinándonos a la oscuridad de los calabozos y la persecución.
El trabajo de Paul Coca es un buen alimento, porque es parte del Maná del que debemos alimentarnos en medio del éxodo obligado, que tiene que transformarse en una resistencia en pro de los derechos, la libertad y las buenas nuevas que tenemos para este país y para Santa Cruz, nuestra tierra a la que tanto amamos.
 
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